¿Y si el mejor momento para transformar la gestión cultural dominicana es ahora?
Inspirados en el pensamiento existencialista de Jean-Paul Sartre, podemos reflexionar sobre una verdad fundamental: el futuro no se construye únicamente con deseos, sino con las decisiones y acciones que somos capaces de asumir en el presente.
Y esa reflexión tiene una aplicación directa en las artes y la cultura dominicana.
El próximo sábado 24, con el inicio de la maestría en Gestión Colectiva de Producciones Artísticas y Culturales en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), se abre una oportunidad para pensar seriamente en el papel que deben desempeñar la formación, el conocimiento jurídico y la profesionalización de la gestión cultural en nuestro país.
Pero Don Oráculo plantea una pregunta: ¿Ha llegado el momento de que la gestión cultural dominicana se ponga los pantalones largos y comience a caminar al ritmo de las exigencias de este tiempo?
No se trata solamente de organizar actividades, promover espectáculos o celebrar nuestras manifestaciones artísticas. Se trata de comprender que la cultura también necesita planificación, institucionalidad, sostenibilidad económica, protección del derecho de autor y mecanismos eficaces para que los creadores reciban el reconocimiento y la remuneración que les corresponden.

Nuestros artistas producen riqueza espiritual, identidad y valores que nos representan ante el mundo. Sin embargo, ese aporte necesita una gestión a la altura de su importancia.
La formación especializada, como la que propone esta maestría, puede contribuir a cerrar esa brecha, siempre que el conocimiento adquirido se traduzca en iniciativas concretas, mejores prácticas y resultados para los artistas y las instituciones culturales.
Y aquí vuelve la pregunta de Don Oráculo: si el tiempo de actuar es ahora, ¿qué estamos esperando para convertir la gestión cultural en una verdadera profesión, con preparación, responsabilidad y capacidad para responder a los desafíos del presente?
El pasado nos aporta identidad; el futuro nos inspira, pero es en el presente donde tenemos la oportunidad de transformar nuestras ideas en hechos.
La cultura dominicana no necesita esperar indefinidamente a que lleguen tiempos mejores. Necesita que quienes creemos en ella asumamos, desde hoy, la responsabilidad de construirlos.
Porque, al fin y al cabo, el mejor momento para comenzar a cambiar nuestra realidad cultural es este: el tiempo de ahora.




