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El gestor cultural: mucho más que un organizador de actividades
—Don Oráculo, ¿basta con tener sensibilidad artística y buenas relaciones para ser un verdadero gestor cultural?
—La sensibilidad y las relaciones humanas son valiosas —respondería—, pero ¿qué sucede cuando el proyecto necesita un presupuesto, una estructura jurídica, una estrategia de sostenibilidad, un sistema de evaluación, derechos de autor, alianzas institucionales y mecanismos transparentes de rendición de cuentas?
En ese momento comprendemos que gestionar cultura exige mucho más que entusiasmo.
El gestor cultural contemporáneo necesita conocimientos de planificación, administración, formulación de proyectos, legislación cultural, financiamiento, propiedad intelectual, comunicación, evaluación de resultados y trabajo comunitario. También necesita comprender las nuevas tecnologías, la transformación de las industrias creativas y las oportunidades que ofrece la cooperación nacional e internacional.
No se trata de menospreciar la experiencia de quienes han dedicado su vida a promover nuestras expresiones culturales. Esa experiencia constituye una riqueza que debe preservarse y reconocerse. Se trata de complementarla con formación profesional, investigación y herramientas que permitan obtener mejores resultados.
La República Dominicana necesita gestores capaces de dialogar con los artistas, pero también con las universidades, las empresas, las instituciones públicas, los patrocinadores y los organismos internacionales.
Necesita profesionales que comprendan que detrás de cada creación existe un autor cuyos derechos deben respetarse; que detrás de cada festival hay una planificación que debe sostenerse, y que detrás de cada proyecto comunitario existe una oportunidad para transformar vidas.
¿No merece, entonces, nuestra creatividad nacional una gestión que esté a la altura de sus posibilidades?
La UASD y el desafío de profesionalizar la cultura
Es en este contexto donde adquiere especial relevancia la formación universitaria.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), mediante su maestría en Gestión Colectiva de Producciones Artísticas y Culturales, representa una oportunidad para fortalecer las capacidades de quienes trabajan en el ámbito artístico y cultural.
A partir de este sábado 24, quienes iniciamos este camino académico asumimos un compromiso que va más allá de obtener un título: prepararnos para contribuir al desarrollo de un sector que necesita mayores niveles de especialización, institucionalidad y sostenibilidad.
La expectativa es que esta formación contribuya a fortalecer el conocimiento sobre los derechos de los creadores, la gestión de sus producciones, la organización del sector y las herramientas necesarias para impulsar proyectos culturales con visión de futuro.
No debemos confundir la formación profesional con la posesión de un diploma. Una maestría tiene sentido cuando transforma nuestra manera de pensar, nos enseña a investigar, nos ayuda a cuestionar las prácticas existentes y nos prepara para ofrecer soluciones.
Por eso, la llegada de nuevos profesionales debe entenderse como una oportunidad para trabajar junto a quienes acumulan años de experiencia, aprender de las comunidades y construir puentes entre el conocimiento académico y la realidad de nuestros artistas.
La cultura dominicana necesita experiencia, pero también necesita investigación; necesita pasión, pero también planificación; necesita creatividad, pero igualmente seguridad jurídica y sostenibilidad económica.
¿Ha llegado la hora de que la gestión cultural se ponga los pantalones largos?
Volvamos a Sócrates y a las preguntas de Don Oráculo.
¿Podemos aspirar a industrias culturales más competitivas sin gestores preparados para comprender sus desafíos?
¿Podemos hablar de desarrollo cultural sostenible si los proyectos dependen exclusivamente de la voluntad individual, de ayudas ocasionales o de esfuerzos que no siempre encuentran continuidad?


