22/06/2026
Espectaculos

Cinthya Montero: «Escribo desde el corazón de la mujer dominicana»

Cinthya Montero inicia el año consolidando su lugar como una de las autoras más versátiles y respetadas de la música dominicana. Tras el Premio Soberano que marcó un antes y un después en su carrera, sus composiciones ya suenan en las voces de Alexandra, Ryan Milo y Didí Hernández. Del amargue íntimo de la bachata al ritmo explosivo del merengue, Montero combina talento, sensibilidad y estrategia, demostrando que una pluma femenina puede dominar géneros históricamente masculinizados, sin perder autenticidad ni profundidad emocional. Este 2026 promete ser testigo de su creatividad y proyección internacional.

Cinthya, felicidades por este arranque de año tan espectacular. Si miramos el mapa de tu carrera, el Premio Soberano marcó un antes y un después. ¿Sientes que el galardón cambió la forma en que los artistas establecidos ven tus composiciones, o estas tres canciones ya venían cocinándose desde antes? 
Gracias por la oportunidad de conversar sobre este momento tan bonito de mi carrera. Definitivamente el Premio Soberano marcó un antes y un después. Fue la validación de un trabajo que ya venía construyendo desde hace años junto a grandes artistas de nuestro país. Sí siento que, de alguna manera, el premio generó una mirada distinta y una mayor confianza hacia mi trabajo como autora.

En el caso de Alexandra y Didí, el proceso de colocación se dio desde 2024. Con Ryan fue distinto, porque comenzamos a trabajar “Dos y seis” desde 2021, así que son canciones que, de una u otra forma, ya venían caminando. 

Lograr que tres artistas de la talla de Alexandra, Ryan Milo y la intérprete local te graben en lo que va del 2026 es un punto muy positivo. ¿Cómo manejas el vértigo de pasar de la intimidad de tu libreta a dominar simultáneamente las listas de bachata y merengue?
Lo vivo con muchísima satisfacción, alegría y también con mucho agradecimiento. Al final, una canción nace en un espacio muy íntimo, muchas veces desde emociones, historias o conversaciones muy personales, así que verla conectar con tanta gente siempre emociona. Poco a poco estoy logrando algo que me apasiona profundamente: aportar, a través de mis letras, a nuestros ritmos autóctonos, principalmente al merengue y la bachata. Y definitivamente es un camino al que sigo apostando con mucho amor y compromiso.


Hablemos de «Ahora resulta (tequila y limón)». Entregarle una canción a la «Reina de la Bachata», Alexandra, es una gran responsabilidad. ¿Cómo fue el proceso de moldear este tema para una voz que es parte del ADN de la bachata romántica mundial? 
Fue una canción que nació con su sello desde la primera estrofa. Mientras la escribía, la sentía muy Alexandra, porque tiene esa mezcla de fuerza, despecho y sensibilidad que conecta mucho con su esencia artística. Yo lo sentí al escribirla y afortunadamente ella también conectó desde el primer momento al escucharla.

El proceso fluyó de manera muy bonita. Tanto ella como su equipo recibieron la canción con muchísimo entusiasmo, y eso para mí ha sido muy especial y una gran bendición.

Con Ryan Milo en «Dos y seis», rompes fronteras y conectas con el merengue de Puerto Rico. El merengue boricua tiene un swing y una cadencia muy particular. ¿Pensaste específicamente en el mercado de la Isla del Encanto al estructurar la métrica y el ritmo de esta composición?
Con Ryan el proceso fue muy distinto, porque “Dos y seis” nació como una balada pop. Él me invitó a sumarme creativamente a una idea que ya tenía cierta estructura. Conecté muy rápido con la esencia del tema, aportando desde mi visión como autora.

Aunque no fue pensada específicamente para el mercado del merengue puertorriqueño, sí es una canción muy versátil, con una estructura que podría convivir perfectamente en otros géneros como el merengue o la bachata. Y eso es algo que no descartamos en un futuro.


El merengue de calle y el merengue bailable hecho por mujeres está viviendo un momento de reinterpretación en el país. Con «La Santa», interpretado por Didí Hernández, traes una propuesta picante y bailable. ¿Qué querías rescatar o proponer de la identidad de la mujer dominicana a través de esta letra?
La Santa nace desde una dualidad muy interesante de la mujer dominicana. Muchas veces somos amorosas, entregadas, protectoras e incondicionales, pero también somos mujeres con carácter, intuición y una gran capacidad de reinventarnos cuando sentimos que algo deja de hacernos bien.  

De alguna manera, la canción muestra que ese momento de querer dejar de ser “la buena” le puede llegar a cualquier mujer. Más que una propuesta picante, quería contar la historia de una mujer que decide mirarse distinto, priorizarse y hasta cambiar las reglas del juego cuando entiende que merece algo mejor. Creo que ahí también hay una parte muy real de la identidad de la mujer dominicana: amamos profundamente, pero también sabemos ser muy decididas.

Un compositor suele tener un «género zona de confort». Sin embargo, aquí saltas del amargue de la bachata al pulso del merengue de orquesta y de calle. ¿Cómo logras «limpiar el paladar musical» para escribir bachata en la mañana y un merengue rítmico en la tarde?
Vengo de un hogar muy musical. Crecí escuchando merengue y bachata desde que tengo uso de razón, así que ambos ritmos viven en mí de una forma muy natural. Navego entre los dos con muchísima pasión y para mí ha sido bastante orgánico aprender a diferenciar cómo se escriben y qué emociones despiertan.

El merengue me conecta con la energía, el movimiento, la alegría, la celebración y hasta el romance. La bachata, en cambio, me lleva a un lugar mucho más íntimo: el amor, el desamor, la nostalgia, la vulnerabilidad… ese “amargue” tan nuestro que también forma parte de nuestra identidad musical.


Dicen que el compositor es un poco psicólogo. Cuando te sientas a escribir para otros, ¿escribes pensando estrictamente en el rango vocal y la personalidad del artista, o buscas que ellos se adapten a la historia que tú quieres contar? 
Muchas veces sucede de manera muy natural. Mientras escribo, voy sintiendo y hasta escuchando al artista en mi mente. Sin proponérmelo, empiezo a conectar con su forma de interpretar y hasta con la emoción que siento que mejor le pertenece.

Tengo muy presente todo lo que escuché desde niña, y eso me ha permitido conocer muy bien la línea artística de muchas de nuestras glorias musicales. Eso me facilita mucho escribir pensando en ellos, pero sin perder mi esencia ni la historia que quiero contar. Al final, lo más bonito ocurre cuando ambas cosas logran convivir.


De estas tres canciones, ¿cuál fue la que te tomó más tiempo «parir» o la que sufrió más transformaciones desde su primera maqueta (demo) hasta la versión final que hoy escuchamos en la radio?
Definitivamente La Santa. Fue una canción con una narrativa que me costó construir y que me sacó completamente de mi zona de confort. Mi pluma suele irse más hacia lo romántico, lo vulnerable o lo que aquí llamamos “cortavenas”, así que entrar en ese universo fue un reto creativo muy interesante.

En ese momento quería explorar otros matices emocionales, otra conversación, otra manera de contar la historia de una mujer. Era el reto de ponerme, aunque fuera por un momento, en la piel de esa mujer que decide dejar de ser “buena y santa” y empieza a cambiar las reglas del juego dentro de una relación.


Históricamente, el mundo de la composición y los arreglos en la música tropical caribeña ha estado muy masculinizado, aunque las mujeres siempre han estado presentes. Desde tu posición actual, ¿sientes que las compositoras de hoy finalmente están recibiendo el crédito —y las regalías— que merecen en la industria?
Creo que hemos avanzado, aunque todavía somos minoría. Cada vez hay más mujeres atreviéndose a escribir, a producir y a ocupar espacios que históricamente estuvieron más dominados por hombres, y eso me parece muy valioso.

Aun así, el reto sigue siendo demostrar, a través del trabajo y de buenas canciones, que nuestra pluma también tiene muchísimo que aportar a la industria. Cuando hay consistencia, preparación y resultados, el reconocimiento llega: tanto en los créditos como en las regalías. Yo, desde mi experiencia, he podido vivirlo y me siento muy agradecida por eso.


Cinthya Montero junto a su madre Flor Marie Hernández.

Con estas canciones sonando en este 2026, imagino que tu teléfono no para de sonar. ¿Se puede adelantar algo? ¿Hay algún artista de la salsa o del género urbano que ya te haya tocado la puerta para buscar «el toque Montero»?
Sí puedo adelantar que hay un veterano de la bachata que ya tiene una canción de mi autoría grabada, y eso me tiene muy ilusionada. En los próximos meses podrá salir a la luz y estoy muy emocionada de que la gente pueda escucharla.

Y claro, sigo abierta a explorar distintos géneros y a llevar un poquito de esa esencia ‘Mujer Bonita’ a nuevas historias. Me encanta retarme como autora, así que si llega una buena historia, una buena conexión y un artista con el que pueda construir algo bonito, bienvenida sea la oportunidad.


Mirando hacia el resto del año, ¿cuál es el próximo techo que quiere romper Cinthya Montero? ¿Te visualizas interpretando tus canciones, o tu realización plena está detrás del éxito de las otras voces? 
Hay un proyecto del que ya formo parte y que me llena de muchísima emoción: el relanzamiento de una gran institución del merengue, a la que llego a aportar con mi voz y mis letras. Es una sorpresa muy especial que también siento como una forma muy bonita de agradecer la confianza de tantas personas que han creído en mí.

Y sí, definitivamente me visualizo interpretando mis canciones. Creo que hay espacio para ambas cosas: para seguir viviendo la satisfacción de escuchar mis letras en otras voces, pero también para conectar desde mi propia interpretación. Son dos facetas que me llenan muchísimo y que quiero seguir desarrollando.


Para cerrar, si pudieras resumir el motor detrás de tu inspiración en este momento de tu vida con el título de una canción (ya sea tuya o de alguien más), ¿cuál sería y por qué?
Me lo merezco de Elena Rose. Porque siento que resume mucho el momento de mi vida en el que estoy. Es una canción que me recuerda algo muy importante: aprender a agradecer, vivir el presente y entender que las cosas bonitas también llegan cuando uno trabaja, persevera y mantiene la fe. 
He trabajado muchísimo por cada sueño y cada bendición, pero también he aprendido a disfrutar más el camino y a creer que lo bueno llega cuando tiene que llegar. Me identifico mucho con ese mensaje de merecimiento sano, de confiar en los tiempos de Dios y de seguir reinventándome sin dejar de creer en mí y dando lo mejor de mí, porque también merezco convertirme cada día en mi mejor versión. 

  

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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