En un encuentro que combinó la cercanía de una conversación íntima con la expectativa de un gran estreno, La Crónica participó en una rueda de prensa —presencial y virtual— con la actriz estadounidense Kate Hudson, quien regresa como protagonista y productora ejecutiva de la serie Running Point. La segunda temporada, que se estrenó en Netflix el pasado 23 de abril, amplía el universo de Isla Gordon, un personaje que navega entre el poder, la familia y las tensiones del mundo deportivo profesional.
Hudson apareció relajada, sonriente, instalada en la ciudad y con la energía de quien disfruta el momento previo al lanzamiento de un proyecto que la entusiasma. «Estoy muy emocionada de que la serie salga», comentó al inicio de la conversación que se llevó a cabo previo al estreno de la producción, en la que dejó ver no solo su compromiso con el personaje, sino también una mirada crítica sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en posiciones de liderazgo.
Uno de los puntos de partida de esta nueva temporada es un giro que sacude a su personaje: el regreso de su hermano Cam, quien ocupa nuevamente un lugar de poder dentro del equipo. «Iba a decir ‘mi asiento’, porque ahora él está sentado en mi asiento», dijo entre risas, subrayando el conflicto que atraviesa Isla al ver cuestionado el espacio que tanto le costó conquistar.

Para Hudson, esta segunda entrega marca un hito personal. Acostumbrada a proyectos cinematográficos o de una sola temporada, esta es la primera vez que tiene la oportunidad de desarrollar un personaje a lo largo del tiempo. «Es muy bonito, porque puedes ir más lejos sin tener que construir desde cero. Simplemente arrancas», explicó. Esa continuidad le permite explorar nuevas capas emocionales, especialmente en la dinámica familiar, donde la protagonista enfrenta constantemente la tensión entre cómo la ven los demás y cómo se percibe a sí misma.
La actriz confesó que, antes de retomar el rodaje, volvió a ver la primera temporada. Lo hizo no solo para reconectar con el personaje, sino también para entender el ritmo de la serie. «Me di cuenta de lo rápido que se mueve. Eso es maravilloso para la comedia, porque todo fluye, se siente ligero», señaló. Ese dinamismo también se refleja en el set, donde las jornadas son intensas y el rodaje avanza a gran velocidad.
Hudson describe el proceso como exigente: «A veces grabamos entre 10 y 11 páginas al día. Esperas hacerlo todo bien». Sin embargo, asegura que el equipo creativo —encabezado por Mindy Kaling, Ike Barinholtz y David Stassen— genera un ambiente de confianza que facilita el trabajo. «Todo el mundo está muy enfocado, y eso hace que el ritmo del rodaje coincida con el ritmo de la serie», apuntó.

Uno de los aspectos que más destaca en esta nueva temporada es la relación entre Isla y Ali, interpretada por Brenda Song. La amistad entre ambas atraviesa momentos de tensión, pero se sostiene en un vínculo profundo. «La serie trata sobre el amor, sin importar lo disfuncionales que sean las relaciones», afirmó Hudson. Para ella, explorar qué significa trabajar con tu mejor amiga, y al mismo tiempo defender tu propio valor, es uno de los ejes más interesantes de la historia.
La actriz también reflexionó sobre la importancia de mostrar este tipo de relaciones en pantalla, aunque evitó abordarlo desde un discurso excesivamente teórico. Prefiere verlo como parte de la evolución del personaje. «Isla es alguien que nunca tuvo muchas amigas y ahora, en sus cuarenta, está aprendiendo lo que significa ser una buena amiga», explicó. Esa búsqueda, dice, conecta con la esencia de la serie, en la que participan personajes privilegiados que, sin embargo, enfrentan retos emocionales básicos.
En paralelo, el entorno deportivo aporta una energía particular. La serie se desarrolla en el mundo del baloncesto profesional, donde la competencia es directa y ganar es el objetivo claro. «En el deporte solo hay un lugar: la cima», afirmó Hudson. Esa lógica, según explica, eleva las apuestas y añade presión a cada decisión.

Es en ese entorno donde surge una de las reflexiones más contundentes de la actriz. Al ser consultada sobre lo que implica mantenerse en la cima, Hudson no dudó en señalar las desigualdades de género. «Para las mujeres es la parte más difícil. Requiere ambición, enfoque… y, honestamente, duplicar el esfuerzo», sostuvo. La actriz habló de un «sexismo sistémico» que muchas veces opera de forma invisible, incluso entre las propias mujeres.
A su juicio, el margen de error también es distinto. «Las mujeres tienen una o dos oportunidades para mantenerse arriba. Si cometen un error, el impacto es mayor», explicó. Esta presión constante, sumada a las expectativas externas, configura un escenario complejo que la serie aborda desde la comedia, pero sin perder de vista su trasfondo.
Hudson también compartió su teoría sobre la equidad: considera que la igualdad real llegará cuando exista una paridad en la riqueza generacional femenina. «Todo se mueve con dinero. No queremos que sea así, pero es la realidad», afirmó. Para ella, el acceso de más mujeres a posiciones de poder económico será clave para transformar las estructuras.
Más allá de los temas de fondo, la actriz resaltó el carácter familiar del proyecto, tanto dentro como fuera de la pantalla. «Lo mejor es la gente», dijo al referirse a la experiencia de trabajar en una serie. A diferencia del cine, donde los equipos se disuelven al terminar el rodaje, aquí se construye una comunidad que se reencuentra temporada tras temporada.
Ese ambiente, asegura, fue cuidadosamente diseñado por el equipo creativo. «Mindy eligió personas que saben reírse de sí mismas», comentó. La presencia de actores con formación en comedia improvisada aporta frescura y agilidad a las escenas, generando un entorno donde la creatividad fluye constantemente.

Hudson también reivindicó la inteligencia detrás de la comedia, un género que a menudo se subestima. «Los comediantes son de las personas más inteligentes que conozco», afirmó. Para ella, la capacidad de reaccionar en el momento y construir humor espontáneo es una habilidad compleja que requiere agudeza mental.
En cuanto a su proceso actoral, confesó que se define como una intérprete muy física. Esto se traduce en su gusto por la comedia física, uno de los elementos distintivos de su personaje. «Es como una coreografía, como bailar», explicó. Aunque reconoce el riesgo —«solo espero no lastimarme»—, disfruta plenamente de ese tipo de escenas.
La conversación también dejó espacio para momentos más ligeros, como cuando relató una de las anécdotas más caóticas del rodaje, una puerta de vidrio que terminó hecha añicos tras una improvisación de un compañero de elenco. Entre risas, recordó la reacción del equipo y el inesperado desenlace de la escena, que obligó a detener la grabación.
Al hablar de lo que hace única a Running Point, Hudson destacó su carácter inclasificable. «Cuando empezamos, no sabíamos para qué público era», admitió. Sin embargo, esa falta de etiquetas terminó convirtiéndose en una fortaleza: la serie conecta con audiencias diversas, desde adolescentes hasta adultos mayores.
La actriz volvió al punto de partida, que no puede ser otro al amor que siente por su oficio. «Me encanta este proceso porque es completamente colaborativo», dijo. Para ella, cada miembro del equipo es esencial, y esa interdependencia es lo que da sentido al trabajo.
Con la segunda temporada lista para estrenarse, Hudson confía en que el público volverá a conectar con la historia. Y, si la respuesta es positiva, espera poder continuar el viaje. «Ojalá podamos hacer una tercera temporada», expresó.
Mientras tanto, Running Point regresa con una propuesta que combina humor, crítica social y emociones, consolidándose como una de las apuestas más versátiles de la plataforma. Una serie que, como su protagonista, no teme moverse entre distintos mundos para encontrar su lugar.





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