16/06/2026
Cine

El arte del sabotaje y la rebeldía colectiva de «I Love Boosters»

Con el estreno cinematográfico de I Love Boosters, la atmósfera de la industria del entretenimiento se ha visto sacudida por una propuesta que promete no dejar a nadie indiferente. En días recientes, La Crónica tuvo el privilegio de participar en una vibrante conferencia de prensa híbrida (presencial y virtual) coordinada por la moderadora Kara Warner. El encuentro conectó de forma directa a periodistas de diversas latitudes con el cerebro detrás del proyecto, el aclamado director Boots Riley, y su estelar elenco coral integrado por LaKeith Stanfield, Eiza González, Poppy Liu, Taylour Paige, Naomi Ackie y Keke Palmer.

Lejos de tratarse de la típica campaña promocional de Hollywood repleta de respuestas prefabricadas, la sesión derivó en una profunda tertulia sociopolítica y artística. Durante el intercambio, se desmenuzaron las complejidades del activismo contemporáneo, la representación de las minorías sin filtros de autocompasión, la herencia cultural y la sutil frontera que divide a la comedia de la tragedia en la vida cotidiana de las clases trabajadoras.

El encuentro arrancó con un momento de hilaridad general cuando la moderadora introdujo la película bajo el título de We Love Boosters (Amamos a las impulsoras/asaltantes). De inmediato, con el estilo directo y perspicaz que lo caracteriza, el director Boots Riley tomó el micrófono para hacer una precisión crucial: «Espera, primero, el título oficial es I Love Boosters (Amo a las impulsoras); sin embargo, les aseguro que hacia el final de la película se transformará, para el espectador, en We Love Boosters».

Al ser cuestionado sobre el origen de esta singular narrativa, Riley desveló un proceso creativo que apela a la libre asociación de ideas y a la memoria histórica de su propia faceta musical. «Hace veinte años escribí una canción titulada exactamente I Love Boosters», relató el cineasta. «Esta película no está realmente inspirada en la canción en sí, sino en las mismas vivencias y realidades del entorno que la inspiraron en aquel lejano 2006».

Sorprendentemente, el punto de inflexión visual para la construcción del guion no provino de una premisa escrita, sino de una inquietante imagen mental. «Quería hacer una película ambientada en este universo específico y, por alguna razón que todavía sigo procesando, comencé a obsesionarme con la imagen de una pila gigante de ropa. Empecé a buscar fotografías similares en internet y me fijé firmemente en eso. Al final del día, las cosas están hechas de objetos, pero también del tiempo sacrificado por la gente. A partir de esa premisa, el concepto se expandió radicalmente hasta que logré hacer foco en el personaje de Corvette y construir todo el relato desde su perspectiva», explicó Riley.

El largometraje ha tenido un recorrido previo sumamente orgánico a través de circuitos universitarios y proyecciones comunitarias, acumulando un entusiasmo desbordante desde su debut en el festival South by Southwest (SXSW). Riley confesó haber visto el metraje más de 35 veces junto a distintas audiencias sin experimentar pizca de aburrimiento: «La energía de la multitud rediseña la película cada vez que se proyecta».

La mirada de las actrices
Uno de los segmentos más enriquecedores de la conferencia giró en torno a la fisonomía de los personajes femeninos. La actriz mexicana Eiza González, encargada de dar vida a Violeta, fue categórica al elogiar la pluma de Riley por alejarse de los desgastados clichés del melodrama convencional.

«Fue un verdadero soplo de aire fresco habitar un set donde las mujeres fueron escritas con una asertividad implacable sobre quiénes son como individuas, incluso mientras buscan un propósito mayor en la vida y tratan de comprender su entorno», afirmó González. «A menudo, las actrices leemos guiones donde los arcos dramáticos de las mujeres están definidos por el arrepentimiento, la culpa o el lamento de ‘quizás no debí hacer esto’. Aquí, en cambio, muestran un conocimiento de sí mismas constante y una tremenda fuerza. Eso genera una energía colectiva en el plató».

González también aprovechó para conectar la psicología de su personaje con sus propias raíces latinoamericanas y la realidad de las minorías en los Estados Unidos. «Violeta es una mujer del pueblo, dispuesta a ponerse en la primera línea de fuego para defender a los suyos. Eso resuena con la comunidad latina, donde siempre se piensa en el bien común por encima del individualismo. Al crecer en la frontera, entre Sonora y Phoenix, experimenté esa fusión de culturas donde las minorías terminan entrelazando sus lazos para sobrevivir al borrado institucional. A lo largo del filme, Violeta grita constantemente: ‘¡Oye, mírame, escucha lo que tengo que decir!’. Es una representación muy digna de las mujeres que me criaron».

Por su parte, Poppy Liu ofreció un conmovedor testimonio sobre su personaje, Jianhu, cuyo trasfondo conecta directamente con la disidencia política y la historia asiática. «Mi personaje lleva el nombre de una revolucionaria china de la dinastía Qing que luchó ferozmente por los derechos de las mujeres y contra el vendado de pies, y que terminó siendo decapitada por su activismo», reveló Liu.

La actriz detalló cómo la película muestra el crudo proceso de radicalización de Jianhu en su natal China: «Al principio es una chica común que trabaja en una fábrica y bromea con su primo, pero luego empieza a encajar las piezas de la injusticia sistémica que golpea a su familia y nota la indiferencia de los poderosos. En ese instante se transforma en alguien completamente diferente. Yo me identifiqué muchísimo porque viví un proceso similar en mis veintes al involucrarme en movimientos sociales; una vez que ves cómo los opresores configuran los sistemas para mantenernos cautivos, es imposible desverlo».

Liu, visiblemente emocionada, destacó la trascendencia de este rol en su carrera: «He tenido la suerte de interpretar papeles que no son estrictamente el estereotipo asiático, sino seres con experiencias de vida complejas. Pero encarnar a alguien profundamente china, que pisa suelo estadounidense por primera vez en Oakland dentro de la trama, es muy especial. Soy la única de todo mi linaje familiar que creció en Estados Unidos y siempre experimento una profunda añoranza por China. Ahora que tengo un hijo, pienso constantemente en la herencia y la identidad. Que Jianhu luche por su gente desde el extranjero significa un mundo para mí».

La actriz Taylour Paige aportó la cuota de ligereza y complicidad al relatar su desesperado deseo de trabajar bajo las órdenes de Boots Riley tras culminar el rodaje de la serie de terror Welcome to Derry para HBO. «Venía de filmar horror ambientado en 1962, lo cual de por sí ya es terrorífico, así que buscaba algo más ligero. Cuando leí este guion me pareció tan singular, tan lleno de matices, que literalmente tiré las páginas y dije: ‘Por favor, fírmenme ya’», recordó entre risas, al tiempo que rememoraba el apoyo colectivo del equipo en una etapa tan crucial de su vida como lo fue su embarazo durante el rodaje. «Estas mujeres son las verdaderas agentes de cambio que deseamos ver en la industria».

Naomi Ackie, quien cautivó a los asistentes con su impecable acento británico en la vida real, reflexionó sobre el potente subtexto político de la cinta. «A veces pensamos en cambiar el mundo con ideas colosales como ‘derribar el sistema’ o ‘quemarlo todo desde los cimientos’. Eso es válido, pero la película nos recuerda que la verdadera revolución empieza en las acciones cotidianas de escala pequeña», analizó Ackie. «La hermandad (sisterhood) funciona aquí como un virus positivo: se propaga a la comunidad, luego a un vecindario contiguo, después a otro país, hasta que de pronto descubres una red global de personas que libran la misma batalla. Corvette comprende que no es nadie sin la comunidad a la que sirve».

Finalmente, Keke Palmer cerró la conferencia magistralmente al diseccionar la naturaleza del filme como una lograda «comedia trágica». Palmer admitió estar obsesionada con el metraje, al punto de solicitarle links de visionado al director una y otra vez.

«La vida es una comedia trágica. Debes poseer una serenidad trágica para superarla porque el mundo puede ser asombroso y, al mismo tiempo, jodidamente cruel», sentenció Palmer. Para la actriz, el valor supremo de I Love Boostersradica en que destruye la ilusión de los finales perfectos. «La película te da una bofetada de realidad: no existe la utopía. Nada va a ser completamente brillante ni correcto. Una vez que asimilas esa sobria realidad, ¿qué decides hacer? ¿Con quién pasas tu tiempo? ¿Cómo mejoras tu día?».

Palmer concluyó celebrando el contraste ideológico entre su personaje, Corvette, y el de Naomi Ackie, Sade: «Ambas son activistas bajo la misma opresión, pero eligen vías distintas para sobrevivir. Corvette está en la calle, lista para dinamitarlo todo; pero Sade demuestra que la alegría también es una forma de rebelión legítima. Puedes rebelarte relajándote con tus amigas, pasando un buen rato, amando a tus hijos y haciendo lo justo y necesario para subsistir. No todo el activismo implica salir a la calle a recibir un disparo; la resistencia también se ejerce preservando la felicidad humana».

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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