16/05/2026
Crónicas de Poder

Crisis de confianza en Pedro Brand

La controversia que hoy vive Pedro Brand alrededor de la posible instalación de una planta de clasificación y valorización de residuos sólidos revela una verdad incómoda que el país ha querido evitar durante años. Aquí se produce basura moderna, pero todavía arrastra una cultura institucional vieja para manejarla. Y eso explica gran parte de la tensión que hoy se siente en comunidades como La Cuaba y El Aguacate.

De un lado están quienes defienden el proyecto argumentando que el país necesita avanzar hacia modelos más modernos de tratamiento de residuos, reciclaje y aprovechamiento ambiental. Del otro lado están ciudadanos preocupados, desconfiados y temerosos de que detrás de un discurso técnico termine escondiéndose otro gran vertedero con consecuencias irreversibles para su territorio. Ambas posiciones tienen argumentos válidos.

Negar la necesidad urgente de transformar el manejo de residuos sólidos sería irresponsable. El modelo actual ha colapsado hace tiempo. Muchos vertederos a cielo abierto continúan operando bajo condiciones inaceptables, afectando ríos, cañadas, acuíferos y comunidades completas. La expansión urbana y el crecimiento poblacional ya no permiten seguir improvisando. Pero también sería injusto descalificar las preocupaciones comunitarias como si fueran simples actos de oposición irracional.

La historia ambiental dominicana ha dejado demasiadas heridas abiertas. La población ha visto cómo proyectos inicialmente presentados como soluciones técnicas terminan degenerando por falta de supervisión, incumplimiento de normas o debilidad institucional. Esa memoria colectiva pesa. Y pesa mucho.

Por eso este debate no debe reducirse a una lucha entre “ambientalistas” y “desarrollistas”. El verdadero centro de la discusión debe ser otro. La confianza pública.

Hoy la gente quiere saber quiénes son los responsables reales del proyecto, cuáles son los estudios ambientales realizados, qué mecanismos de supervisión existirán, quién fiscalizará permanentemente la operación y cuáles garantías jurídicas tendrá la comunidad frente a posibles daños futuros. Y francamente, esas preguntas son legítimas.

Los proyectos vinculados al manejo de residuos sólidos tienen impactos territoriales profundos. Cambian dinámicas urbanas, afectan movilidad, generan presión ambiental y modifican la percepción de valor sobre grandes zonas geográficas. No son simples inversiones privadas aisladas. Son intervenciones de interés público. Precisamente por eso requieren algo más que permisos administrativos; necesitan licencia social. Y la licencia social no se impone. Se construye con transparencia, información abierta, participación comunitaria y supervisión permanente.

En este punto las autoridades ambientales, municipales y gubernamentales tienen una enorme responsabilidad. No basta con aprobar técnicamente un proyecto. Hay que garantizar que la ciudadanía tenga acceso real a los estudios, a las evaluaciones de impacto y a mecanismos de vigilancia independientes.

El país necesita infraestructura moderna para residuos sólidos. Eso es indiscutible. Pero también necesita instituciones capaces de hacer cumplir las reglas incluso después de inaugurados los proyectos. Porque ahí ha estado históricamente nuestro mayor fracaso.Muchos proyectos comienzan bien diseñados y terminan degradándose con el paso del tiempo por abandono institucional, intereses económicos o falta de fiscalización.

Pedro Brand hoy representa mucho más que una discusión local. Se ha convertido en una prueba nacional sobre cómo, en esta media isla, se manejará los grandes conflictos ambientales y territoriales del futuro. Y quizás la lección más importante de todo esto sea entender que el desarrollo y la protección ambiental no tienen que caminar enfrentados. Lo verdaderamente moderno es lograr que ambos puedan coexistir bajo reglas claras, vigilancia seria y respeto absoluto hacia las comunidades.

Debemos tener bien claro que cuando la ciudadanía pierde la confianza, ningún proyecto, por más técnico que parezca, logra sostenerse en paz.

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