06/02/2026
Entre Cultura y Nación

Talento, gestión y confianza en tiempos de desconfianza

No todos los músicos llegan al éxito. Esta afirmación, aunque dura, resulta necesaria en una industria cultural que suele mostrar solo los resultados finales y pocas veces los procesos. El talento, por sí solo, no garantiza una carrera sólida ni una vida digna dentro de la música. Existen muchos artistas con condiciones extraordinarias que nunca logran consolidarse, no por falta de capacidad, sino por ausencia de estructura, acompañamiento y oportunidades reales.

La reciente publicación de El Nacional sobre la firma de un contrato internacional por parte del productor DJ Alexis constituye una noticia positiva y alentadora. Sin embargo, más allá del titular, el caso invita a una reflexión cultural más profunda. El éxito que se celebra públicamente es solo la parte visible de un camino largo, complejo y, en la mayoría de los casos, incierto.

Cuando se forma una agrupación o se impulsa un proyecto musical, el papel del dueño, productor o manager resulta determinante. No se trata únicamente de administrar recursos, coordinar presentaciones o negociar contratos. Su verdadera función consiste en creer antes de que existan resultados, asumir riesgos cuando no hay garantías y acompañar procesos que requieren paciencia, visión y responsabilidad humana.

Muchos músicos quedan atrapados en la informalidad porque nunca contaron con una figura de gestión que los orientara, los protegiera y les ayudara a comprender que la música también es un oficio y una industria. Sin dirección ni acompañamiento, el talento suele desgastarse, frustrarse o desaparecer silenciosamente.

A este panorama se suma una realidad social cada vez más evidente: la desconfianza. Vivimos tiempos donde se duda del otro, de su palabra y de sus intenciones. En el ámbito cultural, esta desconfianza ha debilitado innumerables proyectos que necesitaban tiempo para madurar. Sin confianza, no es posible construir procesos creativos ni estructuras sostenibles.

El ejemplo que recoge este artículo demuestra que cuando existe confianza entre el artista y su equipo de trabajo, se generan condiciones reales de crecimiento. La confianza permite invertir esfuerzo, compartir responsabilidades y pensar a largo plazo. No asegura el éxito, pero sí dignifica el intento y fortalece el camino.

Es importante decirlo con honestidad: no todos firmarán contratos internacionales ni alcanzarán reconocimiento global. Pero todos los músicos merecen respeto, orientación y líderes culturales que comprendan que trabajar con artistas implica, ante todo, trabajar con personas.

Más que celebrar únicamente los casos de éxito, la reflexión cultural debe enfocarse en los procesos, en la gestión responsable y en la necesidad de recuperar la confianza como valor esencial. En tiempos de desconfianza generalizada, apostar por el talento humano sigue siendo un acto cultural y, también, un acto de fe.

Artículo escrito por Andrés Mejía Yépez

Abogado y gestor cultural.

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