22/10/2026
Distopía

Una oposición entre alianzas y contradicciones

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que hace semanas enviaba señales de humo, algunas malinterpretadas y otras quizás mal dirigidas, tuvo que despejar las dudas. Su presidente, Danilo Medina, aprovechó un encuentro con la dirigencia para dejar claro que cualquier alianza electoral tendrá como objetivo llevar al partido morado al poder.

Sin embargo, todo parece indicar que algunos dirigentes morados, con destellos de verde, consideran que este es el momento ideal para estrechar vínculos con la Fuerza del Pueblo (FP), que lidera el expresidente Leonel Fernández. Los números, esos que algunos invocan como argumento definitivo, parecen alimentar la idea de un acercamiento que iría más allá de una simple conversación política.

La posibilidad, no obstante, ha caído como un trago amargo en sectores del peledeísmo. Aunque el secretario general del PLD, Johnny Pujols, ha expresado públicamente la disposición de la organización a concertar alianzas, para sumarle números a su causa,  una cosa es construir acuerdos electorales y otra muy distinta es diluir la identidad partidaria en un proyecto ajeno.

Al parecer, algunos dirigentes todavía no terminan de comprender el mensaje: las alianzas pueden sumar fuerzas, pero no necesariamente implican renunciar a las estructuras propias ni subordinarse a otra organización. La diferencia no es menor cuando se trata de disputar el poder y definir quién encabezará un eventual proyecto presidencial.

Por eso, Medina tuvo que poner las cartas sobre la mesa al afirmar que las alianzas de 2028 deberán favorecer al PLD y que un eventual gobierno sería compartido con quienes contribuyan a conquistar la Presidencia.

La declaración devuelve el debate a una pregunta inevitable: ¿podrán las fuerzas opositoras superar sus diferencias y articular una estrategia común? En el proceso anterior intentaron hacerlo mediante Rescate RD, una alianza que no alcanzó los resultados esperados, organizada por Miguel Vargas líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Las razones fueron múltiples, pero también quedó en evidencia que compartir adversarios no equivale necesariamente a compartir objetivos.

De cara a 2028, el panorama todavía está abierto. Sin embargo, las señales de desencuentro y las disputas sobre el liderazgo anticipan dificultades para construir un discurso coherente y una propuesta capaz de conectar con el electorado.

La oposición tiene tiempo para aprender de sus errores, pero necesita algo más que reuniones, declaraciones y cálculos electorales. Requiere confianza, reglas claras y una visión compartida del poder.

De lo contrario, la historia podría repetirse; partidos que hablan de unidad mientras cada uno intenta imponer sus propias condiciones. Y en política, cuando las ambiciones pesan más que los acuerdos, la alianza termina convertida en una distopía.

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