Durante años, el poder municipal en la República Dominicana fue visto como el eslabón más débil de la institucionalidad pública: limitado en recursos, rezagado en capacidades técnicas y, en no pocos casos, atrapado en prácticas administrativas poco transparentes. Por eso resulta pertinente detenerse a observar lo que ocurre cuando una entidad como la Liga Municipal Dominicana (LMD) decide asumir su rol no como simple órgano de enlace, sino como motor real de transformación territorial.
El balance del primer año de la segunda gestión de Víctor D’Aza al frente de la LMD, iniciado en enero de 2025 tras su elección unánime en la Asamblea de Municipios, ofrece elementos que merecen una lectura más allá del listado de cifras. Lo que se aprecia es una estrategia clara: fortalecer los gobiernos locales desde adentro, dotarlos de herramientas y exigirles estándares, bajo tres ejes que no son retóricos, sino medibles: transparencia, capacitación y calidad de los servicios municipales.
En un país donde la desconfianza ciudadana hacia lo público sigue siendo alta, el énfasis en la transparencia no es un detalle menor. El trabajo conjunto con la Dirección de Ética e Integridad Gubernamental para fortalecer 269 Oficinas Municipales de Libre Acceso a la Información, así como la modernización de los controles internos en 75 ayuntamientos junto a la Contraloría General, apunta a un cambio cultural necesario. Que la propia LMD haya alcanzado una puntuación perfecta en su portal de transparencia no es solo un logro institucional: es un mensaje político y administrativo hacia los gobiernos locales que representa.
La capacitación, segundo pilar de esta gestión, confirma una idea básica pero a menudo ignorada: no hay buena gestión sin funcionarios preparados. Más de 7,300 servidores municipales formados, la continuidad de programas académicos especializados y, sobre todo, la graduación por primera vez de alcaldes pedáneos, evidencian una apuesta por profesionalizar todos los niveles de la administración local. No menos relevante fue la celebración del primer congreso sobre políticas municipales de seguridad vial, un tema que impacta directamente la vida cotidiana de las comunidades y suele quedar fuera del debate local.

En cuanto a los servicios municipales, los números hablan de una Liga que no se limita a diseñar políticas, sino que acompaña su ejecución. Las asistencias técnicas en gestión de residuos, servicios jurídicos y presupuestos de obras reflejan una presencia activa en el territorio. A esto se suma la implementación de talleres vinculados al Plan Nacional de Mejoramiento de Infraestructura Peatonal, respaldado por una inversión significativa del Gobierno central, lo que demuestra coordinación interinstitucional y visión de largo plazo.
El cierre del plan de asfaltado de vías municipales, la entrega de infraestructuras básicas como funerarias y mataderos, y la ampliación sostenida de la flotilla de camiones compactadores completan un cuadro donde el fortalecimiento municipal deja de ser abstracto y se traduce en servicios concretos para la gente.
Hay también un componente político-institucional que no debe pasarse por alto. La participación de Víctor D’Aza en la aprobación de leyes clave para la gestión municipal y su respaldo a iniciativas como “Déjala ir”, orientada a la promoción de los derechos de las mujeres en el ámbito local, revelan una visión del municipalismo como espacio de derechos, no solo de administración.
En definitiva, lo que muestra este primer año de gestión es que cuando los municipios cuentan con apoyo técnico, reglas claras y liderazgo coherente, pueden convertirse en verdaderos motores de desarrollo. La Liga Municipal Dominicana parece haber entendido que fortalecer el poder local no es un favor a los ayuntamientos, sino una inversión directa en la calidad de vida de los ciudadanos. Y en un país que aspira a una democracia más cercana y efectiva, ese no es un logro menor.



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