10/09/2026
Distopía

La integridad del criterio

Conocí primero a José Mármol antes de leer y entrar en contacto con su obra. Una calurosa mañana, mi padre en el oficio del periodismo, el veterano Luis Beiro, me invitó a acompañarle a una entrevista muy especial. Así crucé por primera vez el umbral de la residencia de este ilustre intelectual dominicano, un espacio donde me tocó realizar mi bautizo periodístico para el suplemento cultural del periódico La Nación. Nos recibió con esa misma calidez humana que desborda en cada uno de sus versos. Lo recuerdo con la nitidez de ayer: fue el instante fundacional que marcó mis primeros pasos en este apasionante camino en el periodismo.

Aquella vivencia condensó lo que ha sido su trayectoria, una carrera intelectual ligada de forma intrínseca a la nobleza humana. En tiempos donde abunda un afán constante por acumular títulos académicos que certifiquen competencias técnicas, vale la pena preguntarse si nos hemos detenido a valorar los galardones invisibles que nos califican como grandes ciudadanos y mejores seres humanos. Ese título honorífico, esculpido con empatía y sencillez, lo ostenta José Mármol a plenitud, al igual que los de poeta, ensayista y filósofo. A él, a quien sus círculos más íntimos llaman cariñosamente «Jochy», como solía evocarlo el exministro de Cultura José Rafael Lantigua, la erudición jamás le ha nublado la humildad. Este ser humano excepcional ha demostrado con creces que la verdadera grandeza se aleja por completo de la arrogancia intelectual que a menudo carcome a quienes transitan los pasillos de la alta literatura.

Años más tarde, con una trayectoria propia consolidada en el ejercicio periodístico, he vuelto a cruzarme con él en diversos escenarios y proyectos culturales. En cada reencuentro he hallado intacta esa misma receptividad generosa que experimenté en mi adolescencia periodística. Pensar que me estrené contando su historia me confirma que mi padre espiritual, Luis Beiro, no padecía de confusión alguna cuando me enumeraba sus múltiples virtudes.

Poseedor de una sólida hoja de ruta jalonada por distinciones nacionales e internacionales, sin soslayar su máxima cumbre gremial cuando fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2013, su rigor profesional continúa sirviendo de faro e inspiración para quienes aspiramos a transformar nuestra sociedad desde el ejercicio de la palabra escrita.

El próximo 28 de septiembre, la Universidad APEC (UNAPEC) le conferirá la más alta distinción académica que otorga una casa de altos estudios: el título de Doctor Honoris Causa. Quienes hemos tenido el privilegio de cruzar caminos con él compartimos el orgullo profundo por esta más que merecida exaltación a su magisterio intelectual.

¡Enhorabuena! para el insigne poeta, ensayista y filósofo que engalana el pentagrama cultural dominicano, pero, por sobre todas las cosas, para el ciudadano ejemplar que ha sabido honrar, en cada estación de su vida, la más pura integridad del criterio.

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