¿Está preparada la mujer –esa que ejerce la política con la aspiración de alcanzar la posición más alta de la administración pública– para gobernar el país? La pregunta viene a cuento para responder, con toda la mala leche, otra cuestión recurrente cuando atiza la campaña que tiene personería de cliché: ¿Está el país preparado para que gobierne una mujer?
El debate tuvo en la era vicepresidencial de Margarita Cedeño y del Partido de la Liberación Dominicana, indudablemente el momento en que el segmento femenino acarició, con asomo a posibilidad realizable, que una política del género se le tomara muy en serio, no por los de su clase y de su partido, sino por la ciudadanía que es la que bendice a la hora de la hora de las votaciones. Ese impulso se ve reduciendo con el tiempo.
El aura de doña Margó se fue desvaneciendo. Vino la inolvidable campaña interna en el PLD de octubre 2019, y lo ocurrido en esa ocasión truncó sueños, femeninos y masculinos. La imagen de la exvicepresidenta de la República empezó a sufrir un descenso natural como consecuencia del triunfo de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno, que va por su segundo período presidencial.
El desgatse del peledeísmo también fue la pérdida de la conexión entre el electorado y Cedeño. Su elección como compañera de boleta de Danilo Medina en dos ocasiones consecutivas le impregnó un posicionamiento envidiable –y hasta admirable para aquellas que la visualizaban en el futuro a mediano plazo– como una opción idónea para asumir un proyecto con posibilidades de triunfo.
Ya fuera del Poder, el PLD y toda su dirigencia de perfil dirigencial, cayó en franco declive político. Proceso inevitable para cualquier organización que gobernó cuatro períodos consecutivos –desde el 2004 al 2012 y del 2012 al 2020– y el PRM emergió como el cambio electoral que validó la ciudadanía para un segundo Gobierno en el 2024. Desde el litoral perremeísta también surgieron liderazgos puntuales de mujeres con aplomo, peso intelectual y gallardía militante.
Primero citar que Raquel Peña aparece en el tablero electoral en el 2020 como una desconocida e inexperta en las lides de la política, quien jugó un rol estratégico en la campaña en el campo empresarial del Cibao. Es la teoría que matiza la conversación sobre la vicepresidente de la República, que en el 2028 cumplirá ocho años en el cargo.
Peña amagó bien temprano con un proyecto presidencial que, al parecer, se desarticuló totalmente. De lo contrario, estaría obrando a discrecionalidad, sin generar preocupación ni siquiera en las estructuras medias y altas del PRM. Pudiera ubicarse en una apreciable posición a la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, que batalla sin descanso por abrirse campo en el terreno minado masculino, para convertirse en la primera opción femenina del partido en la ruta hacia el 2028.
Carolina Mejía va próximo a salir de la Secretaría General –que le permitía caminar con holgura política a razón de sus propias aspiraciones– para ceder a su hijo Juan Garrigó Mejía el puesto, si se cumplen los acuerdos entre las partes, Abinader e Hipólito, en la próxima elección interna del PRM. Gloria Reyes viene pisando fuerte y se alzaría con una posición dirigencial importante. Es decir, que desde ese partido o cualquier otro, es la mujer en competencia que debe prepararse, primero para ganar la candidatura, y segundo, vencer en las elecciones.





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