24/04/2026
Crónicas de Poder

A mitad de camino

El 24 de abril invita otra vez a mirar de frente la realidad municipal dominicana. Esta vez, sin embargo, conviene hacerlo con una mirada más serena, menos pasional y más útil. Ha transcurrido la mitad del período de las actuales autoridades locales y, siendo justos, hay que reconocer que en muchos territorios se perciben avances. Hay ayuntamientos que han mostrado mayor dinamismo, mejor presencia institucional, más cercanía con la gente y una comprensión más clara de que la gestión local no puede limitarse a recoger basura y apagar fuegos.

Se nota en algunos casos una mejor disposición para planificar, una narrativa más moderna sobre el rol del gobierno local y un interés creciente por conectar la gestión con temas de ciudad, convivencia, servicios e infraestructura. Eso hay que decirlo. Pero también hay que decir, con la misma honestidad, que el municipalismo dominicano todavía no logra dar el salto de calidad que el país necesita.

Uno de los grandes desafíos sigue siendo la dignificación del servidor municipal. No puede hablarse de fortalecimiento institucional mientras buena parte del personal de los ayuntamientos continúa laborando en condiciones precarias, con bajos niveles salariales, escasa estabilidad y pocas oportunidades reales de desarrollo. La municipalidad no podrá consolidarse como un verdadero espacio de gestión pública moderna mientras el capital humano siga siendo tratado como un recurso secundario y no como la columna vertebral del servicio local.

A esto se suma la participación social, que sigue siendo una deuda sensible. En muchos lugares todavía se consulta poco, se escucha menos de lo debido y se gobierna desde una lógica vertical que termina debilitando la confianza ciudadana. No basta con invitar a reuniones o tomarse fotos con dirigentes comunitarios. Participar es incidir, opinar, priorizar y también vigilar. Un ayuntamiento fuerte necesita una ciudadanía activa, organizada y tomada en cuenta.

En materia de infraestructura, aunque se han ejecutado obras importantes, siguen existiendo rezagos evidentes en asuntos esenciales. Aceras, contenes, drenaje pluvial, caminos vecinales, mercados, cementerios, alumbrado y manejo de residuos continúan siendo parte de una agenda inconclusa en numerosos municipios y distritos municipales. La infraestructura indispensable no puede seguir compitiendo con la improvisación ni con las prioridades de corto plazo.

Otro punto clave es la ejecución presupuestaria. No se trata solo de tener recursos, que de por sí siguen siendo insuficientes en muchos casos, sino de saber planificar, priorizar y ejecutar con mayor eficiencia, transparencia y sentido de resultados. Todavía hay debilidades en la calidad del gasto, en la estructuración de proyectos y en la capacidad de convertir el presupuesto en transformaciones tangibles para la gente.

Y en ese terreno adquiere especial relevancia la formación técnica y a niveles superiores de las autoridades y del personal municipal. Ahí la Liga Municipal Dominicana está desempeñando un papel decisivo. Su responsabilidad no se ha limitado sólo al acompañamiento administrativo o al apoyo puntual, sino que se convierte cada vez más en un verdadero motor de profesionalización, actualización y fortalecimiento del liderazgo local. La municipalidad del presente exige más conocimiento, más criterio técnico y más preparación para gestionar territorios complejos y eso anda bien.

A mitad de camino, hay razones para reconocer avances. Pero también sobran motivos para entender que el segundo tramo del período debe ser mucho más profundo, más técnico y más transformador. El municipalismo dominicano no necesita conformarse con mejorar. Necesita madurar.

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