02/10/2026
Moda

Gucci vuelve a mirarse al espejo: el archivo ya no es suficiente

Hay algo particularmente interesante en mirar una casa como Gucci cuando atraviesa un cambio de dirección creativa: no basta con preguntarse qué prendas aparecen sobre la pasarela. La verdadera pregunta es qué parte de su historia decide conservar, cuál está dispuesta a transformar y, sobre todo, qué quiere decir cuando vuelve a pronunciar su propio nombre.

Para Spring/Summer 2027, Demna parece haber llegado a ese punto. Después de distintos acercamientos a la identidad de Gucci desde su llegada a la maison, el diseñador presenta una colección que funciona casi como una visita guiada por la memoria de la casa. Pero no una visita ordenada. Más bien, una en la que las décadas se encuentran, se contradicen y terminan compartiendo el mismo guardarropa.

El escenario ya daba una pista. The Store Show convirtió el espacio del desfile en una representación de una tienda Gucci, con sofás, estanterías y objetos que evocaban el universo histórico de la firma. La decisión no es menor: Demna no quiso construir únicamente una pasarela, sino una especie de habitación dentro de la identidad de Gucci. Un lugar donde el pasado pudiera ser observado, manipulado y finalmente convertido en presente.

Guccio Gucci trabajó como botones en The Savoy de Londres antes de fundar su propia casa en Florencia. Allí observó durante años cómo vestía la aristocracia y cómo se comportaban quienes llegaban al hotel. Décadas después, aquellos códigos continúan formando parte del ADN de la firma. El bambú, el Horsebit, el bolso Jackie, la sastrería, el cuero y aquella particular relación entre lujo y sensualidad no son simples elementos decorativos: son fragmentos de una historia que Gucci lleva décadas reescribiendo. Demna entiende que no puede ignorarlos. Pero tampoco parece interesado en venerarlos, ese matiz es fundamental.

En lugar de presentar el archivo como una reliquia, lo desmonta y vuelve a ensamblarlo. El Horsebit aparece en mocasines de puntera más afilada, en cinturones y como detalle de distintas prendas. El monograma GG y las franjas verde y roja reaparecen en bolsos y accesorios. La sastrería recupera proporciones amplias que recuerdan al Gucci de los años ochenta, mientras algunas siluetas masculinas evocan aquel momento entre finales de los ochenta y principios de los noventa en el que la casa encontró una nueva dimensión de sofisticación.

Y después está Tom Ford. El cuero ceñido al cuerpo, la sastrería más sensual y cierta actitud deliberadamente provocadora recuperan el Gucci de los noventa. Pero esta vez no aparecen como una reconstrucción arqueológica. Demna los coloca junto a hoodies, denim lavado, prendas oversized, tartán y referencias punk. El resultado es menos una línea temporal que un armario construido por memoria.

Quizás esa sea una de las claves de esta colección: Gucci deja de comportarse como una historia con capítulos y empieza a funcionar como una conversación entre ellos.

Hay un Gucci aristocrático y ecuestre. Hay un Gucci burgués y milanés. Hay un Gucci sexual y nocturno. Hay un Gucci rebelde. Hay un Gucci de aeropuerto, de hotel, de fiesta y de ciudad. Todos parecen existir simultáneamente.

En la ropa masculina esta convivencia resulta particularmente evidente. Los mocasines y la sastrería conviven con jeans, chaquetas de cuero y prendas deportivas superpuestas. Un polo de rugby puede aparecer sobre un cuello alto; una camisa puede convivir con un jersey y una sudadera; encima de todo, una chaqueta ligera termina de construir una silueta deliberadamente compleja.

No se trata simplemente de ponerse más ropa. Se trata de entender la ropa como acumulación de identidades. Y aquí Demna introduce una de sus obsesiones más interesantes: la proporción.

Después de años en los que su nombre quedó asociado a siluetas enormes y a una redefinición radical del volumen, en Gucci parece interesado en algo más difícil: encontrar una forma propia para la casa. Hombros marcados, prendas más ajustadas al cuerpo, pantalones con diferentes caídas y una tensión constante entre lo entallado y lo oversized construyen un lenguaje que todavía está buscando su definición definitiva. Quizás por eso la colección no pretende ofrecer una respuesta cerrada.

Demna llegó a Gucci con una identidad creativa perfectamente reconocible. Ahora el desafío consiste en conseguir que esa identidad pueda convivir con una marca que ya tiene demasiadas identidades propias. Gucci no necesita convertirse en Demna; necesita encontrar qué parte de Demna puede convertirse en Gucci.

Porque dirigir una casa histórica no consiste únicamente en saber mirar hacia adelante. También exige saber qué hacer con todo aquello que ya existe detrás de uno. Y en una industria obsesionada con la novedad, volver al archivo puede parecer una decisión conservadora. En realidad, puede ser una de las operaciones más arriesgadas cuando se hace con suficiente libertad.

Spring/Summer 2027 no presenta un Gucci que haya olvidado su pasado. Tampoco uno que viva atrapado en él. Presenta una casa que parece estar intentando averiguar cuánto de su historia todavía puede sentirse contemporáneo.

Tal vez ese sea el verdadero lujo de esta colección: no tener que escoger entre pasado y futuro. Porque el Gucci que propone Demna no parece querer ser una versión actualizada de lo que alguna vez fue. Quiere ser el resultado de todo lo que ha sido.

Y quizá una maison no encuentra su futuro cuando deja de mirar al pasado, sino cuando consigue mirarlo sin miedo, tomar aquello que todavía tiene algo que decir y hacerlo hablar nuevamente.

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