A veces pensamos que un logro se parece a una meta: algo que se alcanza, se celebra y luego se guarda en la historia personal. Pero hay otra forma de entender los sueños, una más íntima, más real y, sobre todo, más transformadora. Una beca puede ser el empujón necesario para comenzar a construir ese sueño. Eso es lo que nos muestran las historias de Iara, Wesley y Cristianyeli, tres jóvenes becados por el Banco Popular a través del programa Excelencia Popular 2026.
Cada uno llega con una ruta distinta, con edades, carreras y aspiraciones propias. Iara tiene 16 años y su entusiasmo nace del gusto por los números y del placer de resolver problemas. Contabilidad no parece una obligación, sino como una vocación que encontró forma.
Wesley, de 20 años, mira hacia la tecnología como una herramienta para mejorar vidas. Estudiará Mecatrónica en la PUCMM, y su motivación no se reduce a hacer máquinas por hacerlas, sino a crear productos que hagan la vida más cómoda y contribuyan al desarrollo de la República Dominicana.
Su historia tiene, además, un componente emocional que no se puede pasar por alto. Su abuelo falleció antes de verlo iniciar este camino, pero le dejó una confianza que ahora lo acompaña como una brújula. Lo inspirador no es solo que sueñe, sino que lo haga con sentido y con memoria afectiva.
Cristianyeli, por su parte, descubrió su vocación durante el bachillerato técnico de Comercio y Mercadeo: el gusto por recopilar y analizar datos, trabajar con estadísticas y organizar información. Por eso eligió estudiar Analítica y Ciencia de Datos en el ITLA.
Lo valioso es que su mirada va más allá del aspecto económico. Cuando habla de la beca, habla de acompañamiento, de crecimiento personal y profesional. Porque el apoyo real no siempre se reduce al dinero: muchas veces es la certeza de que alguien cree en ti, te guía y te impulsa mientras aprendes.
Estos tres jóvenes representan a muchos otros que han sido beneficiados por un programa tan importante como necesario si queremos apostar por una sociedad más desarrollada e inclusiva. Lo importante es que tengan claro que la beca no es el punto final. Es el comienzo de nuevos retos.
En ese sentido, el programa Excelencia Popular 2026 adquiere un significado especial. No se trata únicamente de beneficiar a jóvenes, sino de crear condiciones para que el potencial se convierta en un proyecto de vida. El programa cuenta con una red de 23 instituciones académicas aliadas y, en esta entrega, beneficiará a 61 jóvenes de escasos recursos con cobertura completa de sus estudios de grado. Además, contempla equipos informáticos para fortalecer su formación y la oportunidad de realizar pasantías, una vía concreta para conectar el aprendizaje con el mundo laboral.
Es importante que los jóvenes sepan que la excelencia no cae del cielo: se entrena. Que la vocación no es solo una emoción, sino una decisión que se sostiene en el tiempo. Y que la educación, cuando se conecta con el esfuerzo y cuenta con el respaldo adecuado, puede cambiar el destino de una persona y, con ello, contribuir a transformar el rumbo de una sociedad.
Porque, al final, los sueños de estos jóvenes no son únicamente suyos. Son también una inversión en el talento que el país necesita.
Mientras ellos comienzan esta nueva etapa con preparación, disciplina y esperanza, nosotros también deberíamos recordar algo: cada oportunidad bien diseñada es un puente. Y cruzarlo depende de todos: de quienes abren puertas, de quienes acompañan y de quienes, como ellos, deciden avanzar.
¡Enhorabuena a los beneficiarios! Una nueva etapa comienza.





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