Siempre ha sucedido a lo largo de la historia. En otros países suceden con cierta frecuencia casos perturbadores y muy sonados. La violencia ejercida ya sea por parte del padre o la madre a los hijos no es nada nuevo. Horroriza. Conmueve, hasta pensar ¿qué puede pasar por la mente de unos padres para cometer semejante atrocidad? Cuando son criaturas sagradas para cualquier padre o madre mentalmente estable, pero sucede más de lo que uno pueda llegar a imaginar.
La violencia intrafamiliar no solo se limita a los crímenes contra mujeres, que tiñen de rojo a diario las páginas de los periódicos del país y del mundo, en mayor cantidad que casos de mujeres a hombres. En estos últimos meses se repiten casos terribles de padres que aniquilan la vida de sus hijos. Situación en la que no estamos acostumbrados, en comparación con los miles de casos de violencia contra la mujer.
La violencia ejercida de padres a hijos es violencia vicaria. Esa violencia sin explicación ni justificación que cercena vidas jóvenes que no tienen la culpa de los trastornos mentales o no de los progenitores se está convirtiendo en un fenómeno altamente. Ejercida mayormente por los hombres, me refiero a padres, en comparación con las madres, como una forma de infligir el mayor daño y dolor posible a la pareja o ex pareja. ¡Una locura descomunal!
Así como aumentan las cifras de la violencia ejercida contra las mujeres alrededor del mundo, la violencia vicaria también aumenta. No solo es asunto de dejar huérfanos a niños con el asesinato de sus madres y en pocos casos, de sus padres, si no, que estamos hablando del dolor indescriptible que es dejar a una madre, o a un padre, sin sus hijos. No hay palabras.
Es importante señalar que la violencia vicaria no es solo muerte, este tipo de violencia tiene distintas manifestaciones como nos cuenta Amnistía Internacional: amenazas de llevarse a hijos, quitar custodia e incluso el asesinato. Aprovechar la presencia de los hijos para proferir insultos a la madre o al padre en su presencia, humillar y amenazar. También, interrumpir algún tratamiento médico farmacológico en niños cuando deberían estar bajo tratamiento en los casos que lo ameriten y, además, utilizar el régimen de visitas para inventarse información dolorosa acerca de los hijos o la ausencia de información durante esos días.
En ese sentido, es importantísimo observar y estar atento como familia, padres o relacionados de posibles señales de alteración en el comportamiento de uno de los padres. La salud mental en estos casos juega un papel fundamental, aunque no siempre determinante a la hora de acometer semejantes actos deleznables contra tus propios hijos.
En España, por citar un ejemplo, donde suceden casos atroces de violencia vicaria, en el año 2021 se aprobó la Ley Orgánica de Protección Integral de la infancia y adolescencia frente a la violencia, que establece, entre otras medidas, que cuando haya indicios de fundados que hijos e hijas menores de edad conviven en situaciones de violencia, la autoridad judicial, de oficio o a instancia de parte, suspenderá el régimen de visitas del autor de la violencia respecto a los menores. Aún con esto las actuaciones judiciales son débiles.
Imagínese amigo lector, ¿cuándo se hablará en nuestro país de lo anteriormente mencionado, en cuanto a crear una ley que proteja de alguna forma a los menores? Que los niños no estén a salvo de la persona que se supone son quienes más los aman y confían, son situaciones que laceran el alma y la sociedad debe revisarse y actuar.
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