El debate político dominicano ha sumado un nuevo capítulo tras las declaraciones del polémico pastor Ezequiel Molina, quien descalificó públicamente al expresidente Leonel Fernández, afirmando que elegirlo representaría un retroceso para el país. Sus palabras, lejos de pasar desapercibidas, han encendido una discusión que mezcla política, religión y estrategia electoral.
Desde una perspectiva analítica, resulta pertinente observar este enfrentamiento más allá de lo emocional. Un análisis FODA aplicado a la figura de Fernández revela que su principal fortaleza sigue siendo su vasta experiencia de Estado, acumulada en tres períodos presidenciales. En contextos de incertidumbre económica o institucional, este factor suele pesar considerablemente en el electorado.
La historia política dominicana ofrece precedentes que invitan a la prudencia. En 1978, amplios sectores consideraban que Joaquín Balaguer había agotado su ciclo político. Sin embargo, regresó al poder en 1986, ya con limitaciones físicas evidentes, y gobernó durante una década más. Este episodio ilustra cómo figuras aparentemente desplazadas pueden reconfigurar su liderazgo y reconectar con el electorado.
En cuanto al llamado «voto cristiano», frecuentemente presentado como un bloque homogéneo, la evidencia sugiere lo contrario. Se trata de un segmento diverso, con múltiples denominaciones, intereses y visiones políticas. La postura de un líder religioso, por influyente que sea, no necesariamente define el comportamiento electoral de millones de creyentes. En ese sentido, la opinión de Molina debe entenderse como una voz más dentro de un espectro amplio, no como una directriz determinante.
Por otro lado, dentro de la Fuerza del Pueblo surgen proyecciones optimistas. El economista Haivanjoe Ng Cortiñas visualiza dos escenarios favorables para la organización: uno en el que Omar Fernández lograría una victoria en primera vuelta, y otro en el que Leonel Fernández podría imponerse sin necesidad de ir a una segunda ronda. Aunque estos cálculos aún están lejos de ser concluyentes, reflejan un clima interno de confianza en la organización.
Mientras tanto, Leonel Fernández ha optado por una estrategia de bajo conflicto. Su principio de no agresión —especialmente hacia la prensa y los líderes religiosos— busca proyectar una imagen de estadista moderado, evitando confrontaciones que puedan erosionar su base de apoyo. «No peleo con periodistas ni con curas o pastores», ha reiterado en múltiples ocasiones, marcando distancia del tono confrontativo de otros actores.
A dos años de las elecciones de 2028, el escenario político sigue abierto y en constante evolución. Las declaraciones del pastor Molina, aunque ruidosas, podrían tener un impacto limitado en el largo plazo. La política dominicana ha demostrado ser dinámica, impredecible y resistente a simplificaciones.
La pregunta inicial sigue en el aire: ¿se equivocó el pastor? Más que una respuesta definitiva, lo que queda claro es que, en política, las afirmaciones categóricas rara vez resisten el paso del tiempo.





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