21/09/2026
Cine

“Melodrama”, un tema latente y sutilmente ambientado

Si bien admitimos que no somos consumidores de mucho cine dominicano por prejuicio de las reiteradas formulas habituales, consideramos esta Melodrama de Andrés Faria como una apuesta diferente o poco común; que evita los patrones recurrentes, estridentes y facilones; concebidos en el país para una masa de espectadores que solo buscan simple evasión; con poco interés por algo que proponga un reto artístico y conceptual distinto en su temática y su puesta en escena. Por tal razón, el filme amerita de una audiencia diferente. El tema abordado por la película está cada vez mas presente en nuestro entorno.

Al margen de todo el discurrir histórico entre Republica Dominicana y Haití, hay que agregar la cantidad de relaciones formales e informales a nivel de matrimonios o uniones libres que subyacen bajo miradas francas y esquivas, pues el tema no resulta cómodo para muchos que deben convivir con tal realidad en sus entornos. El nivel de tolerancia y aceptación de muchas de esas relaciones depende de las cualidades socioculturales y económicas de los involucrados, lo que no es la mayor estadística de los casos. 

En la mayoría de los sectores de estratos bajos, donde convive la gran masa poblacional, suceden este tipo de relaciones, en que impera la marginalidad y la conveniencia para unos y otros. Según confiesan muchas mujeres dominicanas, una de las causas que las lleva a esas decisiones es el machismo del dominicano y su constante pavoneo al sostener vínculos con más de una dama, lo que también es causa de fuga económica. Y en cuanto a este tema, el cine local no va a mantenerse al margen. 

En el caso que nos ocupa, el filme Melodrama, de Andrés Farías, quien se combina para la escritura del guion con Rey Andújar y Julia Scrive-Loyer, el enfoque temático navega en una mezcla de matices que incluye drama, fantasía, realismo mágico y videoarte; adornado con una decoración vibrante y multicolor del trópico y una iluminación que cumple su rol estético, para enmarcar una trama lineal única, en gran parte melancólica, donde el personaje central buscará resurgir del agobio que la envuelve.

Tras la muerte de su esposo, Sonia (Mercedes Morales), bajo iniciativa de su hija Miriam (Sarah Jorge León) es reubicada en un apartamento de menor dimensión que su casa anterior, con su sirvienta Dilenia (Cyndie Lundy), donde sus días transcurren sumergidos en silencio y música evocativa de cierta nostalgia entre fumadas distantes; ambiente que será alterado por el ruido de una construcción cercana; elemento este que se convertirá en otro personaje más en muchos momentos y es allí donde surge la figura cautivante de un hombre que despierta el interés de Sonia por reencausar su vida en pareja.

El origen de este hombre, Aimé (Jimmy Jean-Louis), obrero (que por una eventualidad accede al apartamento), y su condición de haitiano, desequilibran el reducido entorno familiar y social que vemos de Sonia (compuesto por hija, nieta, sirvienta y dos amigas frecuentes), provocando más adelante, un rechazo casi natural hacia aquel propósito como algo inviable, mientras ella ya experimenta una transición en su estado de ánimo, sustentado en sucesivos encuentros furtivos, con los cuales la audiencia reacciona y empatiza. El desenvolvimiento de Mercedes Morales por sus silencios, corporeidad, respiración y miradas, nos genera grata sensación al evocar -a nuestro entender- peculiaridades y paralelismo con la actriz Sonia Braga (n. Maringá, Paraná, Brasil, 1950) 

Cuando hicimos esta aseveración en el cine-fórum sostenido tras la proyección en el Centro Cultural Banreservas el pasado jueves 17 de septiembre ante el director y parte de su elenco, este confirmó lo comentado, como ciertamente una inspiración a partir de la interprete brasileña, especialmente por su filme Aquarius (2016, de Kleber Mendonça Filho), y por tal razón el personaje de Morales se llama Sonia. 

La Sonia de Mercedes Morales transcurre en un tobogán emocional de varias capas; con elocuentes silencios, melancolía, soledad, diálogos breves y precisos, mientras sostiene sus roles de madre (de una hija con sus problemas matrimoniales propios), como abuela de una jovencita inquieta y en cierto modo transgresora (Adriana Zayas); y como amiga de dos mujeres cuyas vidas fluyen sin mayores inquietudes que las de disfrutar las copas de sus encuentros entre el cotilleo sobre otras amigas. Ese círculo se verá contrariado con las revelaciones de Sonia.  

Con escasas secuencias de exteriores y sin ninguna otra subtrama en el relato (que bien pudo generarse con el personaje de Miriam); para parte de los anhelos y pensamientos de Sonia y su interacción con Aimé, el director opta por fases fantásticas y de realismo mágico, que acentúa con música, elaborado vestuario de colores intensos, con escenarios e iluminación particulares que consideramos adecuada y diferente del apartamento que es el set principal de la historia y donde gran parte del metraje se expone ante el espectador como si este estuviera ante un teatro por el punto de vista de la cámara, algo en lo que Alfred Hitchcock imparte maestría en su filme La Soga, de 1948. 

La película de Farias, también responsable de Candela (de 2021), luce cuidada en detalles, elegante en sus tonalidades, y precisa en su metraje de 90 minutos; y talvez sin proponérselo, este le da un toque sensorial a la obra; por la paleta de colores de lo que está en pantalla; por los matices del mar tomado al natural y al también plantearlo en artificio; con una banda sonora que por momentos suena ominosa y sombría, para luego alternarla en varios instantes, mientras, en una labor de paracronismo, se manipulan discos de vinil con las canciones que prefiere la protagonista. 

Hay que señalar también las sutiles imágenes de intimidad de la pareja protagonista, en un ejercicio de videoarte en sobria tonalidad y geometría. Estamos ante una vena que el director podría desarrollar más a menudo como sello distintivo, tal como notamos en las reiteradas tonalidades intensas de las ambientaciones de Pedro Almodóvar y la ambientación pastel de Wes Anderson. 

Igualmente vale citar la parquedad y economía de apariciones de Jimmy Jea-Louis (nacido en Pétion-Ville, Haiti, 1968), un veterano modelo, actor y productor, desarrollado en Europa y Estados Unidos, compartiendo roles con Bruce Willis (Lagrimas del sol); con Sebastián Stan (Pam & Tommy); con Mo’Nique (en Chica XXL) y otros más de cien títulos; y a quien, con su imponente presencia, y consciente de quien es la figura central en Melodrama, el relato lo reserva para puntuales momentos.  

Como propuesta de República Dominicana rumbo al premio Oscar de 2027 para Mejor Película Internacional, Melodrama, estrenada a mediados de julio pasado, enfrenta grandes competidoras, como Rumania (Fjord), Austria (Rose); España (La bola negra); Alemania (Everytime) y Corea del Sur (Amor posible), entre otras. Las 15 finalistas serán anunciadas el 15 de diciembre. Las cinco nominadas al Oscar se darán a conocer, junto al resto de categorías, el 21 de enero de 2027.

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