Treinta y cinco años después de haberla escrito, “Derroche” sigue siendo para Manuel Jiménez algo más que una canción: es una puerta abierta al mundo, una pieza que trascendió fronteras y generaciones hasta convertirse en uno de los grandes clásicos del cancionero romántico latinoamericano. Con ese espíritu de celebración, el cantautor dominicano anunció dos conciertos especiales para conmemorar el aniversario de su obra más emblemática, una composición que marcó su carrera y que, con el paso del tiempo, también se transformó en una carta de presentación para los compositores dominicanos en el escenario internacional.
La celebración tendrá lugar en dos funciones programadas para el viernes 13 y el viernes 20 de marzo, ambas a las 8:00 de la noche, en el Lungomare Bar & Lounge, en Santo Domingo. Allí, en un formato íntimo y cercano al público, Jiménez propone un encuentro musical cargado de nostalgia, historias y complicidades artísticas.
El anuncio se produjo durante una rueda de prensa celebrada este lunes en el bar del Teatro Nacional Juan Lockward, un espacio que por momentos se transformó en una especie de sala de estar musical donde el artista, guitarra en mano, fue hilando recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre el camino recorrido por esa canción que ha acompañado su vida durante más de tres décadas.
La actividad contó con el respaldo de la Sociedad General de Autores, Compositores y Editores Dominicanos de Música (SGACEDOM) y fue conducida por la comunicadora Wanda Sánchez, quien guió la conversación entre periodistas, músicos y amigos del cantautor.

Entre notas musicales y evocaciones del pasado, Jiménez dejó claro que el aniversario no solo responde a un gesto conmemorativo personal, sino también a una especie de compromiso con la historia de la música dominicana.
“Era casi una obligación celebrar los 35 años de ‘Derroche’”, expresó con serenidad, mientras acariciaba las cuerdas de su guitarra. “Es una canción que me ha dado tanto y que, de alguna manera, se convirtió en la ventana de mi carrera hacia el mundo”.
Pero su reflexión fue más allá de lo individual. Jiménez insistió en que el recorrido internacional de la canción también representa una victoria colectiva para los compositores del país. “Siempre he dicho que cuando un cantante internacional graba un tema de un compositor dominicano, o cuando uno de nosotros recibe un reconocimiento fuera del país, ganamos todos. Porque ese trabajo ayuda a que el talento dominicano se haga visible ante el mundo”, subrayó.
La historia de “Derroche”, sin embargo, guarda una anécdota poco común en el oficio de la composición. El propio Jiménez recordó con humor que el tema nació en una noche particularmente intensa y extraña en su vida creativa. “Derroche nació en una noche muy compleja… tanto así que esa misma noche compuse dos canciones”, contó entre risas. “Una fue el cierre de la otra”.
Para cualquier compositor, crear una canción memorable ya es una hazaña; escribir dos en la misma noche, con la profundidad emocional que caracteriza la obra de Jiménez, resulta casi una rareza. Aquella jornada creativa quedó grabada en su memoria como un momento de inspiración excepcional, aunque durante años pocos supieran que el nacimiento de su obra más famosa estuvo acompañado por otra canción que también encontró su propio camino entre el público.
Aunque no alcanzó el mismo nivel de popularidad internacional que “Derroche”, esa segunda composición fue recibida con entusiasmo por los seguidores del cantautor y forma parte del repertorio que muchos asocian con la sensibilidad poética que ha definido su carrera. En la rueda de prensa, Jiménez recordó ese episodio con una mezcla de ironía y gratitud, consciente de que las canciones, como los destinos, muchas veces toman rutas inesperadas.

La historia posterior de “Derroche” es bien conocida por los amantes de la música romántica. Escrita en 1991, la canción encontró una nueva dimensión cuando fue grabada en 1993 por la cantante española Ana Belén, cuya interpretación contribuyó a catapultar la obra a una audiencia internacional. Desde entonces, el tema ha sido reinterpretado por más de veinte artistas en distintos países, lo que confirma su capacidad para atravesar culturas y estilos sin perder su esencia emocional.
A lo largo de los años, figuras de la música iberoamericana han sumado sus voces a la historia de la canción, desde Julio Iglesias hasta Lupita D’Alessio, pasando por intérpretes de diversos géneros y nacionalidades que han encontrado en su letra y melodía un espacio para la expresión de la nostalgia, el amor y la memoria.
Ese recorrido es, en parte, el que Jiménez desea celebrar en los conciertos de marzo. No se trata únicamente de revisitar una canción célebre, sino de reconstruir el universo emocional que la rodea y compartirlo con el público que la ha acompañado durante décadas. “Será un concierto de complicidad y de entrega total”, adelantó el cantautor. “Una noche de Derroche, de canciones y de momentos para recordar”.
Para esa ocasión especial, el artista ha convocado a un grupo de invitados que refleja la diversidad del panorama musical dominicano. La lista incluye a Ramón Orlando, Jacqueline Estévez, Pochy Familia, Peña Suazo, Félix D’ Oleo, Kinito Méndez, Nayrobi Duarte, Silvio Mora, Pavel Núñez y Diomary La Mala, entre otros. La presencia de estos artistas promete convertir cada concierto en una especie de celebración coral donde distintos estilos —desde el merengue hasta la canción de autor— dialogarán alrededor de la obra de Jiménez.

Más que simples participaciones especiales, el cantautor describió estos encuentros como momentos de fraternidad artística. “Muchos de ellos son amigos de toda la vida y otros son artistas a quienes admiro profundamente. Queremos que cada intervención sea un regalo para el público”, explicó.
El concepto escénico del espectáculo ha sido diseñado por el productor Alexis Casado, quien apuesta por una puesta en escena íntima que privilegia la cercanía con el público y la fuerza interpretativa del artista. La idea, según adelantó el equipo de producción, es recrear una atmósfera casi confidencial donde las canciones puedan respirarse con la calma que exige la obra de Jiménez.
En lugar de un montaje espectacular o grandilocuente, el formato apuesta por la emoción directa: guitarra, voz, recuerdos y un repertorio que recorre algunas de las piezas más significativas de su trayectoria. En ese recorrido no faltarán, por supuesto, los temas que han acompañado al cantautor a lo largo de su carrera, piezas que forman parte del imaginario sentimental de varias generaciones de oyentes dominicanos.
Durante la rueda de prensa, Jiménez alternó palabras con fragmentos musicales, como si cada recuerdo necesitara su propia banda sonora. En más de una ocasión el salón se quedó en silencio mientras el artista dejaba escapar algunos acordes de “Derroche”, un gesto que bastó para despertar sonrisas cómplices entre los asistentes.
Esa escena resumía, en cierta forma, el espíritu de la celebración: un encuentro entre memoria y música donde las canciones funcionan como puentes entre el pasado y el presente. A lo largo de los años, “Derroche” ha logrado algo que pocas composiciones consiguen: instalarse en el repertorio emocional de un público amplio y diverso. Su letra —una reflexión íntima sobre el amor, la generosidad y la nostalgia— continúa resonando con la misma intensidad que en los primeros años de su existencia.
Para Jiménez, esa permanencia es quizá el mayor reconocimiento que puede recibir un compositor. “Las canciones tienen su propia vida”, dijo en un momento de la conversación. “Uno las escribe, pero luego ellas encuentran su camino en la gente”.
Esa vida propia es la que el artista se propone celebrar en marzo, cuando el escenario del Lungomare Bar & Lounge se convierta en el punto de encuentro entre una canción legendaria y el público que la ha mantenido viva durante treinta y cinco años. Será, en palabras del propio Jiménez, una celebración de la música como memoria compartida. Y también, inevitablemente, un pequeño derroche de emoción.





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