08/08/2026
Distopía

La renovación que la política no puede seguir aplazando

A propósito de que este año todos los partidos políticos deben renovar sus estructuras, sería oportuno que aprovecharan ese proceso para realizar una revisión profunda que los conduzca a analizar su esencia y, con ello, su futuro inmediato. Es el momento de preguntarse qué tan lejos están de los principios que dieron origen a cada una de esas organizaciones. Y no se trata de una recomendación dirigida a una organización en particular, sino a todo el sistema político.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ya cuenta con un documento que promete servir de hoja de ruta para los cambios que aspira a impulsar en los próximos meses. Sin embargo, Hablemos PRM, más que un simple material de consulta, podría convertirse en un verdadero instrumento de transformación.

Ese documento es el resultado de varios meses de recorridos, asambleas y encuentros ciudadanos celebrados en distintas provincias del país, donde dirigentes y militantes plantearon inquietudes y necesidades que, de ser atendidas, contribuirían a fortalecer la estructura de una organización que, pese a su juventud, carga sobre sus hombros la responsabilidad de dos períodos consecutivos de gobierno, con los retos y desafíos que ello implica.

Entre las principales demandas figuran la ampliación de los espacios para jóvenes y mujeres, así como el fortalecimiento de la comunicación con las estructuras de base, que con frecuencia quedan relegadas una vez concluyen los procesos electorales. También sobresale la necesidad de que las decisiones partidarias respondan a las nuevas realidades sociales, económicas y tecnológicas de la República Dominicana.

Uno de los puntos de mayor coincidencia entre los consultados es la importancia de preservar la cohesión interna de la organización. No es un tema menor. Muchos de sus adversarios observan con atención cualquier señal de fractura, conscientes de que el PRM sigue siendo el partido a vencer. La gran interrogante es si existirá la voluntad política para convertir esas conclusiones en acciones concretas o si, como ha ocurrido tantas veces, todo quedará reducido a un documento más.

El lema de estas jornadas fue “Escuchando a la gente es que se aprende”. Y, en efecto, escuchar sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la política. No solo de un partido, sino de casi todos. Con demasiada frecuencia, el ciudadano ocupa un lugar central durante la campaña electoral y pasa al olvido tan pronto concluyen las elecciones, hasta que el calendario vuelve a recordar que hay nuevos comicios cuatro años después.

Este también es el momento para que las demás fuerzas políticas hagan su propia reflexión. La renovación no puede limitarse a un cambio de autoridades o a una modificación estatutaria; debe implicar una revisión sincera de sus liderazgos, de sus métodos y de su conexión con la sociedad.

En la Fuerza del Pueblo, por ejemplo, es ampliamente conocido que el liderazgo presidencial sigue concentrado en el expresidente Leonel Fernández. Aunque en distintos momentos se ha manejado con prudencia la posibilidad de proyectar a Omar Fernández como una figura de relevo, la organización aún enfrenta el desafío de construir una transición política sin depender exclusivamente de un solo liderazgo.

Y están también los partidos tradicionales que alguna vez ocuparon la primera posición en la preferencia del electorado y que hoy han descendido de manera estrepitosa. Quizá su mayor error fue no interpretar a tiempo las transformaciones de la sociedad ni tomar las decisiones que exigía cada momento para preservar su liderazgo.

La renovación partidaria no debería verse como una obligación legal, sino como una oportunidad para reconectar con la ciudadanía y recuperar la confianza. Porque, al final, los partidos que dejan de escuchar terminan perdiendo relevancia.

Este es el momento. No hay tiempo que perder.

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