28/05/2026
Vertical

La justicia, ¿justicia de qué?

El sistema judicial dominicano como varios estamentos de la sociedad está de capa caída no sólo porque los códigos ya no representan la modernidad del sistema es porque con jueces cansados permeados e involucrados el país no va para ningún lado.

A esto agréguela la decadencia de los edificios donde funcionan los tribunales, espacios hacinados donde los altos cargos políticos o económicos son juzgados lo más rápido posible, pero donde los desheredados de la fortuna son condenados sin ningún miramiento, aunque claro, siempre aplicando la ley.

Toda la mala calidad del sistema judicial se manifiesta día a día en los pasillos de cualquier edificio judicial de tal manera que ir a una audiencia es más bien un castigo igual que una sentencia o estar preso en una cárcel cementerio de las que existen en el territorio nacional.

Como siempre, en estos sistemas políticos, el de arriba disfruta de todo el presupuesto que pueda solventar su alto cargo y sistema de vida, mientras que a los de abajo se los lleva el mismo demonio.

Los jueces, magistrados de las altas cortes, salen pensionados de por vida, pero no con cualquier tipo de salario, además de vehículos de alta gana, guardaespaldas, choferes, incluyendo a sus familiares más cercanos.Los de abajo los que llevan la tanda de audiencias salen del sistema a chepa con lo que han ahorrado.

El desequilibro social del que tanto hablan los candidatos en campaña, la oposición política o cualquier ciudadano que quiera caer en gracias, en poco para lo que en realidad se vive sobre el terreno.

El reciente paro de los jueces donde se denunció que un arbolito de navidad costó once millones de pesos puede dar pista de lo que pasa en el sistema. Eso sucede no sólo en el ámbito judicial, sino en todo el Estado donde el discurso del ahorro se estrella contra una realidad concreta y es que el dinero público es para gastarlo en lo que sea.

Edificios se parqueos para los ciudadanos, incluso en el mismo impuesto internos donde la gente debe pagar sus obligaciones no hay donde dejar el vehículo, casi todas las instituciones oficiales carecen de espacio para sus parqueos, pero tampoco hay interés en invertir en eso a menos que no sea un gran negocio.

Así andamos, así nos quedaremos hasta el que buey decida enderezar su rabo. Entonces de ahí en adelante vendrán los lamentos de por qué no lo hicimos mejor. De dinero parecen no cansarse algunos políticos que ocupan puestos se enriquecen y aunque caigan presos, al final disfrutan esos fondos en sus casas o poniendo negocios, de esos está lleno el país.

Una nueva clase empresarial proveniente de lo que Marx llamó acumulación originaria de capital se ha instalado compitiendo con los empresarios tradicionales que aparentemente se han conformado con evadir impuestos desde las mismas aduanas hasta el despacho más mínimo de una mercancía.

Retomando el sistema judicial daría vergüenza que gente que ha estado en la Suprema Corte de Justicia que no ha hecho nada sino darse la buena vida, tengan tan poca vergüenza de que los dejen repetir.

Ya lo vimos en el proceso del Tribunal Constitucional, o Superior Electoral, también en la Junta Central Electoral.

Tenemos los que siempre quieren estar en la nómina pública participando en todos los concursos hasta que logran quedar un estamento de alto nivel con esos hay que aplicar el sistema de reparto que al final es que se impone para que todo el mundo quede conforme por lo menos en los estamentos más altos del poder.

Sencillo, los de abajo que se jodan.

Comentarios