Me cansa la violencia de cada día. Me aterra tantas vidas arrebatadas en guerras, ataques terroristas, violaciones, homicidios, violencia contra las mujeres, niños y sin razón. Abro los periódicos más importantes del mundo y es aterrador, miro los del país y lo mismo. Soy periodista y en mi carrera se vive de sucesos pero llega un punto en que el hastío gana la batalla. Desazón.
Entiendo y soy consciente que desde que el mundo es mundo, nos arropa de una u otra forma la violencia en sus distintas vertientes, y el ser humano es violento por naturaleza en su gran mayoría. La historia de la humanidad está cubierta de hechos atroces, sucesos negros, guerras, religiones y civilizaciones que se forjaron al fragor de la sangre y el cuchillo. También masacres que con el pasar de los años y las décadas en ciertos hemisferios del mundo, hemos podido avanzar de alguna manera en la solución de conflictos y tratar de ser seres supuestamente civilizados pero en otras latitudes, muchos viven aún peor que en la Edad Media.
¿Quién dijo que la maldad no existe? Por supuesto que existe y hoy de manera grotesca. Recientemente, leí en un escrito del director Jordi Juan, del periódico español La Vanguardia, en el que comentaba sobre el escritor italiano Ezio Gavazzeni y su investigación sobre los safaris humanos que se organizaban en Bosnia durante la guerra de ese país a principios de la década de los noventa.
Parecido a esos tours que se organizan cuando vas algún país de la sabana africana, para cazar todo tipo de animales, pues hubo quién en su «locura» montó viajes a Sarajevo para que quien quisiera disparase y matase a los civiles que se encontrara en su camino sin mediar palabra. Ese libro del escritor italiano ya está a la venta en Italia, Los francotiradores del fin de semana (I cecchini del weekend), donde Gavazzeni explica detalladamente cómo era la trama que organizaba estos crueles safaris. Gente de un alto nivel económico que estaba dispuesta a pagar importantes sumas de dinero para poder disparar contra otros seres humanos.
Así las cosas, en el colmo de la locura, las víctimas tenían diferentes tarifas según fuera niños, mujeres, ancianos. El caso ha llevado a que la justicia inicie una investigación aunque está en fase preliminar.
¿Qué no se ve en una guerra? De todas las atrocidades inimaginables. Ya no hace falta que un corresponsal acuda al lugar de esos hechos, todos con el móvil lo graban y cuelgan. Tenemos la violencia en todas sus facetas al alcance de un click. Pero sí, todo se ha visto y se ve bajo esas tremendas situaciones, aunque pocas cosas son comparables por ejemplo al genocidio de Ruanda, donde se intentó exterminar a la población tutsi por parte de la etnia hutu, también en los años noventa.
Lo recuerdo perfectamente. Allí se calcula que entre medio millón y un millón de personas fueron asesinadas. O el genocidio de Gaza, más reciente y descomunal, donde en estos días sucedido la matanza a tiros de una familia que regresaba a Cisjordania, por parte del ejército israelí. Allí se continúa aniquilando personas, y ahora sumado a un nuevo capítulo infernal del desastre que está ocasionando USA e Israel en Irán, Líbano y otros países de Oriente Medio.
La barbarie, la sinrazón y el interés «humano» no descansa. No hay tregua ni ayer ni ahora. Los intereses en juego y los humanos matando y muriendo.




Comentarios