Abel Martínez, ex candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en las elecciones de 2024, se encuentra en una encrucijada política que lo coloca en una posición de relativa independencia en la dinámica interna de su partido.
Su reciente acercamiento a la comisión de arbitraje y unidad, encargada de mediar y organizar el proceso de selección de los aspirantes a la candidatura presidencial para las próximas elecciones, es un signo claro de que, aunque se encuentra en un terreno de oposición, mantiene un espacio dentro de la organización, sin estar completamente subordinado a las fuerzas hegemónicas.
Este escenario plantea interrogantes sobre su futuro en el peledeísmo, sobre todo si tomamos en cuenta que el exalcalde de Santiago ha mostrado actitudes de independencia, lo que podría redefinir su relación con el PLD y su proyecto presidencial.
Contexto actual del PLD
El PLD atraviesa un proceso de reconfiguración desde la derrota electoral sufrida en 2020, cuando perdió la presidencia después de 16 años consecutivos en el poder. En las elecciones presidenciales de 2024, Martínez se presentó como el candidato, pero no logró consolidarse como una opción ganadora frente a la figura de Luis Abinader del Partido Revolucionario Moderno y Leonel Fernández, de la Fuerza del Pueblo. La derrota no solo dejó una sensación de fracaso, sino también un vacío de liderazgo dentro del PLD, que ha estado luchando por encontrar una ruta hacia la unidad y la recuperación de su influencia política en el país.

La fragmentación interna y las disputas entre las diversas corrientes en sus filas han sido una característica clave de los últimos años.
La figura de Fernández, expresidente de la República, y la de Danilo Medina, expresidente y líder de la facción más poderosa dentro del partido, siguen siendo determinantes en la lucha por el control de una fuerza opositora consolidada, liderazgo que desde el proceso electoral pasado recayó en el primero.
Abel Martínez, aunque ha sido apoyado por sectores importantes del PLD, nunca ha logrado posicionarse como un líder indiscutido en la organización, lo que le ha colocado en una especie de terreno ambiguo, a medio camino entre las facciones internas, pero con un perfil de relativa independencia.
Un proyecto de independencia
Uno de los rasgos más notables de la trayectoria política del ex alcalde de Santiago de los Caballeros ha sido su capacidad de proyectarse como un político pragmático, dispuesto a dialogar con distintas fuerzas, pero también con un énfasis en la construcción de una imagen personal autónoma. Su reciente encuentro con la comisión de arbitraje y unidad del PLD tiene un simbolismo claro. Si bien el ex candidato presidencial fue recibido en el contexto de la discusión sobre las aspiraciones a la nominación presidencial, su actitud parece sugerir que no está dispuesto a someterse sin reservas a las decisiones de las cúpulas más tradicionales del PLD.
Este encuentro, que se produjo el pasado domingo, no solo refleja la importancia que Martínez aún tiene en el PLD, sino también su voluntad de seguir operando dentro de la estructura, pero en términos que resguarden su independencia. El ex candidato ha venido promoviendo una línea de discurso que apunta a una renovación en las estructuras de la organización, de una renovación que implique un replanteamiento tanto de las estrategias internas como del enfoque ideológico y programático.

Este enfoque ha sido interpretado por algunos observadores como una estrategia para posicionarse como un referente de cambio en el PLD, en oposición a la continuidad de las políticas y el predominio de la corriente danilista, que en muchos sentidos sigue marcando la pauta en el partido. Abel no ha escondido su deseo de que el PLD recupere su identidad y su capacidad de ser una alternativa real de poder, pero esto, según él, solo será posible si se asume una renovación profunda que contemple nuevos liderazgos y un programa más cercano a las demandas actuales de la sociedad.
Los desafíos para alcanzar la candidatura
El futuro de Abel Martínez en el PLD está vinculado a su capacidad para consolidarse como una alternativa viable dentro del partido. Todo apunta a que la competencia por la candidatura presidencial interna será feroz, y él deberá superar varios desafíos si pretende ser el candidato en las elecciones de 2028.
Uno de esos desafíos es la necesidad de renovar su discurso y su propuesta política. La situación actual del país exige un enfoque más cercano a los problemas de la juventud, la clase media y la creciente demanda de transparencia en la gestión pública. Los votantes, especialmente aquellos que se sintieron decepcionados por la falta de renovación dentro del PLD en las elecciones de 2024, estarán buscando un candidato que represente un cambio real, pero que también tenga la capacidad de presentar soluciones claras a los problemas del país.
Su independencia no debe interpretarse simplemente como una oposición sistemática a las figuras más poderosas dentro del PLD. Más bien, este espíritu puede entenderse como un intento por posicionarse como un líder alternativo dentro del partido, pero sin caer en los mismos vicios que han llevado al PLD a la crisis interna reciente y a su derrota electoral. En un contexto de polarización política, donde el PRM de Luis Abinader ha consolidado su dominio, es probable que muchos electores busquen una opción dentro del PLD que se distinga por su capacidad de negociar y hacer acuerdos, pero sin caer en las dinámicas tradicionales que se perciben como responsables de la corrupción y el desencanto popular.

Además, la independencia de Martínez puede ser interpretada también como una estrategia para atraer a sectores de la sociedad que se sienten distantes de los partidos tradicionales, pero que aún reconocen la importancia del PLD en la historia política del país. Su mensaje de cambio, aunque aún no plenamente articulado, tiene un potencial de atraer a un amplio espectro de votantes que anhelan un liderazgo renovador, pero que a su vez reconozcan la importancia de la institucionalidad democrática y la unidad nacional.
El futuro de Abel Martínez en el Partido de la Liberación Dominicana dependerá de su capacidad para gestionar su independencia política de manera efectiva, sin alienarse por completo de las dinámicas internas del partido. Su presencia en la reunión con la comisión de arbitraje y unidad muestra que, aunque se encuentra en una posición de oposición, todavía posee un espacio significativo en la estructura partidaria. Si Martínez logra posicionarse como un líder de renovación y cambio, puede convertirse en una figura clave en el futuro del PLD, incluso si eso implica enfrentarse a las viejas estructuras de poder que dominan el partido.
En última instancia, su desafío será construir una propuesta que no solo le permita ganar la candidatura presidencial del PLD, sino también consolidarse como una opción viable frente al dominio del PRM y de Leonel Fernández en la Fuerza del Pueblo. Si logra articular una plataforma política que responda a las expectativas de cambio de la ciudadanía, y si su independencia se convierte en una ventaja estratégica, Abel Martínez podría jugar un papel crucial que incline los resultados hacia un determinado candidato en las próximas elecciones presidenciales del 2028.
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