29/01/2026
Editorial

Cuando el dinero se mueve en segundos

El informe del Banco Central publicado esta semana sobre el sistema de pagos deja una conclusión difícil de ignorar: la República Dominicana avanza, de manera sostenida, hacia una economía donde el dinero circula cada vez menos en efectivo y cada vez más en tiempo real. No se trata de una simple modernización tecnológica, sino de un cambio estructural en la forma en que empresas, hogares y el propio Estado realizan sus transacciones cotidianas.

El sistema de pago y liquidación de valores, columna vertebral de este proceso, ha demostrado en 2025 una capacidad de adaptación acorde con la expansión de la bancarización, la irrupción de nuevos proveedores de servicios financieros y la mayor confianza del público en los canales electrónicos. En el centro de este engranaje se encuentra el sistema de liquidación bruta en tiempo real, que cumple la función crítica de liquidador final de los pagos nacionales y que hoy procesa un volumen de operaciones impensable hace apenas una década.

Que en un solo año se hayan registrado más de 43 millones de transacciones en pesos dominicanos, con un crecimiento superior al 28 %, no es un dato menor. Habla de hábitos que cambian, de consumidores y empresas que prefieren la rapidez y la trazabilidad frente al manejo de efectivo. El hecho de que el valor total crezca a un ritmo menor que el volumen confirma, además, que los pagos electrónicos se han integrado a la vida diaria, no solo a las grandes operaciones financieras.

El comportamiento de las transacciones en dólares y euros añade matices importantes. Mientras el uso operativo del sistema aumenta, el valor de ciertas liquidaciones disminuye, reflejando ajustes en los mercados interbancarios y cambiarios más que una contracción del sistema. Al mismo tiempo, la presencia creciente del euro apunta a una diversificación monetaria gradual, coherente con una economía cada vez más integrada a flujos comerciales y financieros diversos.

Mención especial merece el avance de los pagos transfronterizos regionales. El crecimiento de las transferencias entre los bancos centrales de Centroamérica y la República Dominicana no solo agiliza el comercio y las remesas, sino que fortalece la integración financiera regional, un objetivo largamente postergado en el istmo. Que estas operaciones crezcan a tasas de dos dígitos es una señal de confianza en la infraestructura común.

Sin embargo, el verdadero termómetro del cambio está en los pagos al instante. La preferencia por transferencias inmediatas, disponibles las 24 horas y en múltiples monedas, redefine las expectativas de los usuarios y obliga al sistema financiero a elevar sus estándares. En este terreno, el Banco Central ha jugado un rol clave, tanto como operador como regulador.

El retroceso del cheque y el avance de instrumentos como las tarjetas, los débitos automáticos y los subagentes bancarios completan el cuadro. No es solo una cuestión de eficiencia, sino de inclusión: llevar servicios financieros a zonas donde antes no existían.

El desafío ahora es sostener este ritmo sin sacrificar seguridad ni confianza. La modernización regulatoria va en la dirección correcta, pero exigirá vigilancia constante. Porque cuando el dinero se mueve en segundos, los riesgos también viajan a la misma velocidad.

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