23/08/2026
Opinión

Conciencia ambiental

VÍA CONTRARIA

El sábado, una señora pueblerina que atiende una cafetería me preguntó: ¿Es verdad que van a derrumbar la loma Miranda?

Objetables o no, las manifestaciones que últimamente se realizan en el país a favor de la preservación del ambiente son importantes porque ponen en la agenda nacional un tópico al que, como isla con muchas fragilidades y grande pasivos ambientales, siempre le dimos de lado.

Los temas del ambiente nunca fascinaron a los políticos dominicanos adheridos a enfoques cortoplacistas y clientelares. Es ahora cuando el empresariado empieza a dar ciertas señales de interés en programas de responsabilidad social que aun carecen de madurez y que son –en algunos casos- pasarelas de relaciones públicas.

Si creen que exagero, hurgen en los planes de gobierno de los partidos –y verán que el tema es sólo relleno conceptual con pompas linguísticas, sentimentaloides e ideologizadas, que son resultado del “copy and paste” sin creatividad ni adaptación del pensamiento ajeno.

Analicen los presupuestos –con honrosas excepciones- de empresas que se proclaman ambientalmente amigables y se darán cuenta que, frente a sus grandes dividendos e inversiones, el compromiso con la preservación del ecosistema raya en lo ridículo y en la ofensa a la inteligencia.

Deterioro ecológico equivale a baja calidad de la vida presente, surgimiento de virus, enfermedades, crisis en la producción alimentaria, inviabilidad de los negocios e hipoteca sobre las generaciones futuras, a quienes dejaríamos como heredad un “forêt abattu” y el riesgo de grandes cataclismos naturales.

El problema de la puesta en escena del tema ambiental, contemplado entre los derechos de tercera generación, es que, en sí mismo, nace contaminado y con un sesgo impresionante que le imprimen el “izquierdismo” fracasado, el activismo social chantajista y la proclividad de políticos empotrados en poderes del Estado a convertir todos los procesos sociales en negocio.

La creación de conciencia ambiental se distorsiona cuando no hay amplitud de miras y se vende la idea de que la industria minera es el apocalipsis o que fuera de ella este país sería un paraíso adánico. Con esta distracción, otros males ambientales de grandes dimensiones nos arropan y nos pueden ahogar sin darnos cuenta, al tiempo que nos convertimos en “espanta capitales.”

Artículo escrito por Víctor Bautista

Máster en Dirección de Comunicación OBS/Universidad de Barcelona. Proyect manager del plan de comunicación de crisis de la Asociación de Bancos de la RD a raíz de la caída de tres bancos en 2003. Director de comunicación de la ABA. Editor económico, jefe de redacción, director de medios impresos, de TV e internet. Diplomado en economía por Empírica y Universidad Católica Santo Domingo. Productor del segmento Contante & Sonante (economía y finanzas) en el programa Cuentas Claras.

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