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	<title>Moda Archivos | LaCronica.do</title>
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	<title>Moda Archivos | LaCronica.do</title>
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		<title>El uniforme ya no basta: vestir también es saber cuándo romper las reglas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Oct 2026 11:14:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Alta Costura]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas nos enseñaron que vestir bien consistía, en buena medida, en conocer las reglas. Había códigos para cada lugar, colores que correspondían a determinadas horas, prendas destinadas a determinadas ocasiones y una serie de pequeños mandamientos que convertían al guardarropa en una especie de manual de comportamiento social. El tenis, quizá más que ningún otro deporte, hizo de esa lógica una estética reconocible: blanco, líneas limpias, polos, shorts, prendas ligeras y una elegancia deportiva que parecía existir precisamente porque nadie se atrevía a cuestionarla. Pero quizá la moda contemporánea ha llegado a un punto interesante: ya no quiere preguntarnos solamente qué debemos vestir, sino qué podríamos hacer con aquello que aprendimos a vestir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es, en esencia, lo que propone Lacoste para Primavera-Verano 2027 con «Dress Code: No White Required», una colección presentada en Roland-Garros que toma uno de los escenarios más reconocibles del tenis para hacer algo que, a primera vista, parece contradictorio: romper sus códigos desde dentro. Bajo la dirección creativa de Pelagia Kolotouros, la maison francesa conserva la memoria deportiva de René Lacoste, pero la desplaza hacia un territorio más libre, relajado y contemporáneo. La arcilla, los tonos minerales, el azul cobalto, los amarillos ácidos, los acabados plateados y las texturas con movimiento sustituyen la obediencia cromática por una idea mucho más interesante: la del uniforme como punto de partida, no como destino.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70908" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/4-1.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde la moda empieza a ponerse verdaderamente interesante. Porque romper una regla solamente por romperla no es necesariamente creatividad. A veces es, sencillamente, ruido. La verdadera sofisticación aparece cuando conocemos suficientemente bien un código como para modificarlo sin destruir aquello que lo hacía reconocible. Es la diferencia entre disfrazarse de algo y comprenderlo. Entre copiar una estética y apropiarse de ella. Entre ponerse una prenda y construir una imagen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lacoste lleva décadas viviendo precisamente de esa tensión. Su historia pertenece al deporte, pero su permanencia cultural ocurre fuera de la cancha. La polo dejó de ser únicamente una prenda para jugar tenis y terminó convertida en una pieza transversal del guardarropa contemporáneo. Lo interesante ahora es que la marca parece preguntarse qué sucede cuando esa misma operación se lleva un paso más lejos: ¿qué pasa si el lenguaje deportivo ya no necesita parecer deportivo? ¿Qué ocurre cuando la comodidad deja de ser la concesión que hacemos a la elegancia y se convierte en una de sus nuevas formas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta parece estar en las siluetas relajadas, los materiales transformados y la ligereza de la propuesta. Pero, sobre todo, está en una idea que resulta mucho más grande que cualquier tendencia: la ropa debe acompañar el movimiento de quien la lleva. La moda deja de imponer una postura y comienza a adaptarse a ella. En ese sentido, la colección no habla únicamente de tenis. Habla de una generación que sospecha cada vez más de los uniformes, incluso de aquellos que alguna vez deseó llevar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70907" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/3-2.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso resulta tan significativo que el desfile ocurriera precisamente en Roland-Garros. La elección del escenario no funciona como simple decorado. Es una conversación con la memoria. Allí donde durante décadas el blanco representó disciplina, tradición y pertenencia, Lacoste introduce color, fluidez y cierta irreverencia. No se trata de negar la historia, sino de demostrar que una tradición solamente permanece viva cuando es capaz de ser reinterpretada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esta es una de las grandes contradicciones de la moda actual: queremos autenticidad, pero también queremos códigos. Queremos diferenciarnos, pero necesitamos referencias. Queremos vestirnos de manera individual, aunque buena parte de nuestra imaginación estética provenga de imágenes que ya vimos cientos de veces en Instagram, TikTok, películas, campañas o pasarelas. La individualidad contemporánea no nace de la ausencia de referencias, sino de nuestra capacidad para mezclarlas hasta convertirlas en algo propio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carrie Bradshaw probablemente habría convertido esta discusión en una pregunta frente al espejo: ¿seguimos vistiéndonos para pertenecer o empezamos a vestirnos para narrarnos?. Hay algo de arquitectura en la manera en que construimos nuestra apariencia, aunque después queramos hacerla pasar por effortless.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70906" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/10/2-2.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí aparece uno de los conceptos más atractivos de la nueva elegancia: parecer que no estamos intentando demasiado, cuando en realidad hemos aprendido exactamente cuánto esfuerzo merece cada detalle. Una camisa que cae correctamente. Un pantalón cuya proporción modifica por completo la silueta. Una combinación de colores inesperada que funciona porque existe una lógica detrás. Un accesorio que no compite con el resto, sino que termina de explicarlo. El lujo contemporáneo, quizá, tenga menos que ver con acumular y mucho más con editar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la colección de Lacoste resulta pertinente más allá de sus prendas. Nos habla de una transformación mayor en la manera en que entendemos el vestir. El hombre contemporáneo ya no necesariamente quiere parecer impecable en el sentido tradicional; quiere parecer cómodo dentro de su propia imagen. Quiere poder caminar, viajar, trabajar, salir a cenar y vivir sin sentir que su ropa pertenece a una versión demasiado rígida de sí mismo. La elegancia empieza entonces a parecerse menos a una postura y más a una actitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diego Klein, como embajador mexicano de la maison, aparece dentro de ese relato como parte de una estrategia que conecta la herencia deportiva de Lacoste con nuevas generaciones y mercados. Pero lo verdaderamente relevante no está en quién ocupa la primera fila, sino en la conversación que una marca consigue abrir alrededor de sus códigos. Porque una firma histórica no demuestra que está viva repitiendo eternamente aquello que la hizo famosa. Lo demuestra cuando puede mirar su propio archivo y preguntarse qué todavía significa algo y qué necesita ser transformado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez esa sea la lección más elegante que nos deja esta colección: las reglas importan, pero no porque debamos obedecerlas para siempre. Importan porque conocerlas nos permite romperlas con inteligencia. Y en una época en la que todos tenemos acceso a las mismas referencias, las mismas tendencias y los mismos algoritmos, quizá el verdadero acto de estilo consista precisamente en dejar de parecer una respuesta automática a lo que se supone que debemos llevar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de todo, vestir bien nunca fue solamente cuestión de llevar la ropa correcta. Siempre fue una cuestión de entender quién queremos ser cuando salimos al mundo. Y si alguna vez el uniforme sirvió para decirnos dónde pertenecíamos, hoy la moda parece estar interesada en algo mucho más complejo: descubrir qué podemos decir cuando finalmente nos atrevemos a salir de él.</p>
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		<title>Gucci vuelve a mirarse al espejo: el archivo ya no es suficiente</title>
		<link>https://lacronica.do/gucci-vuelve-a-mirarse-al-espejo-el-archivo-ya-no-es-suficiente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Oct 2026 11:16:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Alta Costura]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay algo particularmente interesante en mirar una casa como Gucci cuando atraviesa un cambio de dirección creativa: no basta con preguntarse qué prendas aparecen sobre la pasarela. La verdadera pregunta es qué parte de su historia decide conservar, cuál está dispuesta a transformar y, sobre todo, qué quiere decir cuando vuelve a pronunciar su propio nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Spring/Summer 2027, Demna parece haber llegado a ese punto. Después de distintos acercamientos a la identidad de Gucci desde su llegada a la maison, el diseñador presenta una colección que funciona casi como una visita guiada por la memoria de la casa. Pero no una visita ordenada. Más bien, una en la que las décadas se encuentran, se contradicen y terminan compartiendo el mismo guardarropa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El escenario ya daba una pista.&nbsp;<em>The Store Show</em>&nbsp;convirtió el espacio del desfile en una representación de una tienda Gucci, con sofás, estanterías y objetos que evocaban el universo histórico de la firma. La decisión no es menor: Demna no quiso construir únicamente una pasarela, sino una especie de habitación dentro de la identidad de Gucci. Un lugar donde el pasado pudiera ser observado, manipulado y finalmente convertido en presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Guccio Gucci trabajó como botones en The Savoy de Londres antes de fundar su propia casa en Florencia. Allí observó durante años cómo vestía la aristocracia y cómo se comportaban quienes llegaban al hotel. Décadas después, aquellos códigos continúan formando parte del ADN de la firma. El bambú, el Horsebit, el bolso Jackie, la sastrería, el cuero y aquella particular relación entre lujo y sensualidad no son simples elementos decorativos: son fragmentos de una historia que Gucci lleva décadas reescribiendo. Demna entiende que no puede ignorarlos. Pero tampoco parece interesado en venerarlos, ese matiz es fundamental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lugar de presentar el archivo como una reliquia, lo desmonta y vuelve a ensamblarlo. El Horsebit aparece en mocasines de puntera más afilada, en cinturones y como detalle de distintas prendas. El monograma GG y las franjas verde y roja reaparecen en bolsos y accesorios. La sastrería recupera proporciones amplias que recuerdan al Gucci de los años ochenta, mientras algunas siluetas masculinas evocan aquel momento entre finales de los ochenta y principios de los noventa en el que la casa encontró una nueva dimensión de sofisticación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y después está Tom Ford. El cuero ceñido al cuerpo, la sastrería más sensual y cierta actitud deliberadamente provocadora recuperan el Gucci de los noventa. Pero esta vez no aparecen como una reconstrucción arqueológica. Demna los coloca junto a hoodies, denim lavado, prendas oversized, tartán y referencias punk. El resultado es menos una línea temporal que un armario construido por memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea una de las claves de esta colección: Gucci deja de comportarse como una historia con capítulos y empieza a funcionar como una conversación entre ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay un Gucci aristocrático y ecuestre. Hay un Gucci burgués y milanés. Hay un Gucci sexual y nocturno. Hay un Gucci rebelde. Hay un Gucci de aeropuerto, de hotel, de fiesta y de ciudad. Todos parecen existir simultáneamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la ropa masculina esta convivencia resulta particularmente evidente. Los mocasines y la sastrería conviven con jeans, chaquetas de cuero y prendas deportivas superpuestas. Un polo de rugby puede aparecer sobre un cuello alto; una camisa puede convivir con un jersey y una sudadera; encima de todo, una chaqueta ligera termina de construir una silueta deliberadamente compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata simplemente de ponerse más ropa. Se trata de entender la ropa como acumulación de identidades. Y aquí Demna introduce una de sus obsesiones más interesantes: la proporción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de años en los que su nombre quedó asociado a siluetas enormes y a una redefinición radical del volumen, en Gucci parece interesado en algo más difícil: encontrar una forma propia para la casa. Hombros marcados, prendas más ajustadas al cuerpo, pantalones con diferentes caídas y una tensión constante entre lo entallado y lo oversized construyen un lenguaje que todavía está buscando su definición definitiva. Quizás por eso la colección no pretende ofrecer una respuesta cerrada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Demna llegó a Gucci con una identidad creativa perfectamente reconocible. Ahora el desafío consiste en conseguir que esa identidad pueda convivir con una marca que ya tiene demasiadas identidades propias. Gucci no necesita convertirse en Demna; necesita encontrar qué parte de Demna puede convertirse en Gucci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque dirigir una casa histórica no consiste únicamente en saber mirar hacia adelante. También exige saber qué hacer con todo aquello que ya existe detrás de uno. Y en una industria obsesionada con la novedad, volver al archivo puede parecer una decisión conservadora. En realidad, puede ser una de las operaciones más arriesgadas cuando se hace con suficiente libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Spring/Summer 2027 no presenta un Gucci que haya olvidado su pasado. Tampoco uno que viva atrapado en él. Presenta una casa que parece estar intentando averiguar cuánto de su historia todavía puede sentirse contemporáneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez ese sea el verdadero lujo de esta colección: no tener que escoger entre pasado y futuro. Porque el Gucci que propone Demna no parece querer ser una versión actualizada de lo que alguna vez fue. Quiere ser el resultado de todo lo que ha sido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá una maison no encuentra su futuro cuando deja de mirar al pasado, sino cuando consigue mirarlo sin miedo, tomar aquello que todavía tiene algo que decir y hacerlo hablar nuevamente.</p>
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		<title>Los Emmy y el regreso de la moda con algo que decir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 08:50:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy, como era de esperar, toca hablar de los Emmy. Pero no exactamente de los Emmy. Toca hablar de ese territorio paralelo que se instala delante de cualquier gran ceremonia y que, durante unas horas, consigue que la televisión deje de ser únicamente televisión para convertirse en escaparate, laboratorio, archivo y, por qué no decirlo, [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hoy, como era de esperar, toca hablar de los Emmy. Pero no exactamente de los Emmy. Toca hablar de ese territorio paralelo que se instala delante de cualquier gran ceremonia y que, durante unas horas, consigue que la televisión deje de ser únicamente televisión para convertirse en escaparate, laboratorio, archivo y, por qué no decirlo, campo de batalla. Porque mientras dentro del Peacock Theater de Los Ángeles se premiaba lo mejor de la pequeña pantalla, fuera se disputaba otra competición bastante menos oficial: quién tenía algo que decir con la ropa. Y este año la respuesta ha sido interesante. No necesariamente porque todos hayan acertado, sino porque la alfombra de 2026 parece confirmar algo que la moda llevaba tiempo anunciando: hemos vuelto a querer vestirnos con intención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera lectura es casi contradictoria. Por un lado, continúa el espectáculo: cristales, lentejuelas, volúmenes, transparencias y vestidos capaces de sobrevivir a cualquier zoom de Instagram. Por otro, aparece una contención inesperada. Negro, blanco, marfil, lavanda, verde menta, azul profundo. Siluetas conocidas, referencias reconocibles, una elegancia que no necesita explicar constantemente que está intentando ser elegante. Es como si Hollywood hubiera decidido que el exceso sigue teniendo permiso para entrar, pero ahora debe presentar credenciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zendaya, naturalmente, entendió el encargo. Su vestido Prada, diseñado a medida y cubierto de cristales y perlas, llevaba escote profundo y una cola casi operística. Law Roach volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir una aparición pública en un acontecimiento de moda. Pero lo verdaderamente interesante no era solamente el brillo. Era la construcción de una imagen. Zendaya no parecía simplemente una actriz vestida de Prada; parecía una mujer interpretando deliberadamente el papel de estrella de Hollywood. Y esa diferencia importa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Selena Gomez tomó otro camino y, paradójicamente, llegó al mismo destino. Su Louis Vuitton dorado parecía construido para dialogar con el propio Emmy: una columna de metal y luz que convertía a la actriz en una especie de estatuilla viviente. Pero había un detalle mucho más sofisticado escondido detrás del impacto inicial. Sus joyas de Tiffany &amp; Co. incluían el Sixteen Stone de Jean Schlumberger, una pieza asociada históricamente a Carolyn Bessette-Kennedy y que conecta directamente con la conversación estética que ha generado Love Story. Es decir, el look funcionaba incluso antes de conocer la referencia, pero mejoraba cuando se conocía. Eso es styling.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y precisamente ahí aparece una de las grandes tendencias de la noche: la moda que recompensa mirar dos veces. Sarah Pidgeon llevó un delicado Chanel lila con detalles de perlas que evocaba el minimalismo de los noventa y, especialmente, el imaginario de Carolyn Bessette-Kennedy. Elle Fanning hizo algo parecido desde la sencillez con un Ralph Lauren verde menta. Carey Mulligan apareció en The Row, demostrando que un vestido puede tener presencia sin necesidad de competir con las cámaras. Michelle Pfeiffer, de Saint Laurent, recordó que el negro sigue siendo una de las herramientas más poderosas cuando quien lo lleva entiende perfectamente sus proporciones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70828" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/2-1.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">La nostalgia, por tanto, no parece desaparecer. Solo cambia de forma. Hay una recuperación evidente de códigos noventeros, pero también de siluetas de los años veinte, del glamour de Hollywood y de piezas de archivo. La moda no está copiando el pasado tanto como está utilizándolo como biblioteca. Y eso resulta mucho más interesante. La diferencia entre nostalgia y referencia está precisamente ahí: una mira hacia atrás porque no sabe qué hacer hacia delante; la otra mira hacia atrás para construir algo nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ayo Edebiri fue probablemente una de las mejores demostraciones de que el maximalismo también puede tener inteligencia. Su Chanel jugó con dos colores, volúmenes y enormes lazos, creando un vestido prácticamente reversible en términos visuales: delante una lectura y detrás otra completamente distinta. Danielle Goldberg completó la propuesta con joyería de Mikimoto. Aquí no había voluntad de parecer discreta. Había voluntad de jugar. Y jugar, cuando existe una dirección estética detrás, también es una forma de sofisticación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego está Meg Stalter, que decidió convertirse literalmente en un Emmy. Dorado, alas, pintura corporal, esfera y todo lo necesario para parecer la estatuilla que esperaba ganar. Podríamos considerarlo una extravagancia innecesaria. Yo prefiero leerlo como una de las pocas ocasiones en las que alguien comprendió que una alfombra roja también puede permitirse humor. La moda no tiene por qué ser solemne para ser inteligente. Stalter entendió el espectáculo y decidió formar parte de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el terreno masculino, Colman Domingo volvió a demostrar por qué se ha convertido en una referencia. Su Valentino, con chaqueta de inspiración bata y pantalón acampanado, no buscaba competir con la fantasía femenina, sino recordarnos que la sastrería masculina puede tener teatralidad sin perder autoridad. A su lado, nombres como Riz Ahmed, vestido de Loewe, y Alan Cumming, con un esmoquin bordado en blanco y negro, reforzaron una idea que ya no debería sorprendernos: el hombre de alfombra roja ha dejado definitivamente de necesitar permiso para experimentar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70829" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/09/3-1.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto último quizá sea lo más relevante de toda la noche. La moda masculina empieza a entender que el traje no tiene que desaparecer para evolucionar. Puede conservar la estructura y cambiar la actitud. Puede incorporar joyas, volumen, pantalones más amplios, broches, texturas o una chaqueta inesperada. Domingo lleva tiempo trabajando precisamente sobre esa frontera entre sastrería, espectáculo y personalidad, acompañado por Wayman y Micah.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo mismo ocurre con las mujeres. No parece existir una única tendencia ganadora. Y eso, sinceramente, es una buena noticia. El dorado de Selena, el cristal de Zendaya, el minimalismo de Pidgeon, la teatralidad de Edebiri, el negro de Pfeiffer, el romanticismo de Florence Pugh, los tonos pastel y las siluetas inspiradas en otras décadas conviven sin necesidad de declararse enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la verdadera tendencia que dejan estos Emmy no sea un color, una silueta o un diseñador. Es otra cosa: la intención. Después de años en los que muchas alfombras rojas parecían diseñadas para producir únicamente una fotografía viral, esta empieza a recuperar algo más difícil de conseguir: una identidad. Un vestido puede ser espectacular, pero si no comunica nada, se agota en el primer scroll. En cambio, cuando existe una referencia, una proporción, una historia, una decisión o incluso una provocación detrás, la imagen permanece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa es la parte que más me interesa. La moda nunca ha sido solamente ponerse algo bonito. Tampoco debería convertirse en un examen de conocimiento ni en una competición de marcas. Es interpretación, contexto y deseo. Exactamente como ocurre con una buena columna, una buena película o una buena casa: puede llamar la atención, pero necesita tener algo detrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Emmy 2026 no han inventado nada. Han hecho algo mejor: han demostrado que todas esas conversaciones que llevamos meses teniendo sobre nostalgia, archivo, sastrería, maximalismo, feminidad, masculinidad y lujo siguen vivas. Solo necesitaban una alfombra suficientemente grande para aparecer todas a la vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entre tanto cristal, tanta lentejuela y tanta fotografía perfecta, quizá ese sea el verdadero lujo de la noche: que todavía haya personas capaces de conseguir que queramos mirar una segunda vez.</p>
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		<title>Harry Styles y el arte de vestir el pasado</title>
		<link>https://lacronica.do/harry-styles-y-el-arte-de-vestir-el-pasado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 10:05:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[moda]]></category>
		<category><![CDATA[NYC]]></category>
		<category><![CDATA[tendencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay hombres que se visten para salir de casa. Harry Styles, en cambio, parece vestirse para que algo de su casa salga con él. Una canción, una película, una fotografía, una idea que encontró en alguna parte y que decidió convertir en ropa. Su último paseo por Nueva York vuelve a demostrarlo: una camiseta vintage, [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay hombres que se visten para salir de casa. Harry Styles, en cambio, parece vestirse para que algo de su casa salga con él. Una canción, una película, una fotografía, una idea que encontró en alguna parte y que decidió convertir en ropa. Su último paseo por Nueva York vuelve a demostrarlo: una camiseta vintage, unos shorts deportivos verdes, mocasines de piel, calcetines blancos, gafas de sol negras y un bolso de ratán. Nada que, visto por separado, parezca especialmente extraordinario. Junto a él, sin embargo, adquiere otra temperatura. Como si el pasado hubiera decidido tomarse un café en Manhattan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La camiseta es la protagonista silenciosa. Pertenece a una colección de merchandising que la Filarmónica de Nueva York lanzó en 1994 para conmemorar los treinta años de sus conciertos gratuitos al aire libre en los parques de la ciudad. Una pequeña pieza de historia musical que, décadas después, termina sobre los hombros de uno de los artistas más observados de su generación. La coincidencia resulta especialmente apropiada: Styles llevaba la prenda antes de comenzar su residencia Together, Together en el Madison Square Garden, aunque nadie puede asegurar que esa fuera la razón de su elección. Y quizá ahí esté parte de su encanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el estilo de Harry Styles no funciona únicamente cuando conocemos la historia detrás de una prenda. Funciona incluso cuando no la conocemos. La camiseta podría ser simplemente una camiseta. Pero tiene algo que las prendas nuevas, por muy bien diseñadas que estén, tardan en conseguir: una vida anterior. Un desgaste que no se puede fabricar del todo. Una suavidad que no depende de una etiqueta. Una sensación de que alguien la llevó antes, de que estuvo en otro lugar, de que ya forma parte de una conversación que comenzó mucho antes de que nosotros llegáramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su estilista, Harry Lambert, ha hablado precisamente de ese atractivo. Las camisetas vintage tienen una textura distinta, están estiradas, muestran marcas y señales de uso que les aportan autenticidad. No parecen recién salidas de una tienda. Parecen encontradas. Y esa diferencia, que podría parecer mínima, cambia por completo la manera en que una prenda se relaciona con quien la lleva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde Styles se distancia de tantos hombres que intentan vestir vintage como si el objetivo fuera reproducir una fotografía antigua. Él no parece interesado en reconstruir una década. Le interesa rescatar algo de ella. Una silueta, una textura, una actitud. Lo suficiente para que la referencia exista, pero no tanto como para que el conjunto parezca un disfraz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La camiseta de Nueva York no está acompañada de unos pantalones de campana ni de una chaqueta de terciopelo. Está con unos shorts deportivos, unos mocasines y un bolso de ratán. La mezcla es lo que hace que funcione. Una prenda con memoria se encuentra con otras que pertenecen al presente, y ninguna intenta imponerse sobre las demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es, quizá, el verdadero secreto del estilo vintage contemporáneo: no consiste en vestir como antes, sino en permitir que antes participe en lo que llevamos hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Harry Styles lleva años haciendo exactamente eso. Su armario ha construido una relación muy particular con las décadas pasadas, especialmente con los años setenta, pero nunca desde la nostalgia pura. Sus trajes de pantalones acampanados, sus camisas estampadas, sus prendas de punto y sus mocasines con tacón pequeño no parecen pertenecer a una época concreta porque están constantemente siendo reinterpretados. En él, el pasado no es una jaula estética. Es una caja de herramientas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia es importante. La nostalgia quiere recuperar algo que ya no existe. El estilo quiere descubrir qué puede hacer con ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta tan interesante que, en una época donde la moda masculina parece debatirse entre la discreción absoluta y la necesidad de llamar la atención, Styles siga apostando por prendas que tienen personalidad sin depender necesariamente de un logotipo. Su relación con Gucci, por ejemplo, estuvo marcada por una sastrería inspirada en los años setenta, estampados, chaquetas de cuero, prendas de punto y accesorios que ampliaban las posibilidades del armario masculino. Pero incluso allí, la idea no era convertirlo en una caricatura de sí mismo. Era darle espacio para ser más libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa libertad también aparece en sus looks más sencillos. Una camiseta amplia. Un pantalón gris. Unas gafas de sol. Un bolso. La ropa deja de funcionar como una demostración de poder y empieza a funcionar como una extensión de la personalidad. No necesita que cada elemento sea extraordinario. Necesita que todos parezcan pertenecer a la misma persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo especialmente interesante en esa manera de vestir para quienes vivimos en países tropicales como República Dominicana. Porque el estilo de Styles no depende exclusivamente de abrigos, capas o prendas pesadas. Su lenguaje también puede traducirse a una camiseta vintage, unos shorts bien cortados, unos mocasines, una camisa de lino o un pantalón ligero. Lo importante no es copiar el look exacto, sino entender la lógica que lo sostiene: mezclar lo relajado con lo cuidado, lo antiguo con lo actual, lo cómodo con lo inesperado. Y, sobre todo, no confundir sencillez con falta de intención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La camiseta de Nueva York no necesita competir con el bolso. Los mocasines no necesitan demostrar que son elegantes. Los shorts no necesitan justificar su presencia. Cada pieza tiene una función, y el conjunto funciona porque ninguna intenta hacer el trabajo de las demás. Esa es una lección que el armario masculino puede aprender de Styles: a veces, vestir mejor no consiste en añadir algo más, sino en permitir que una prenda tenga el espacio suficiente para decir lo que tiene que decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso su estilo resulta tan reconocible. No porque siempre lleve algo llamativo, sino porque incluso cuando viste de manera casual parece haber una historia detrás. Una referencia que no necesariamente conocemos, pero que sentimos. Una elección que no parece hecha para agradar a todo el mundo, sino para tener sentido dentro de su propio universo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí está la diferencia entre llevar ropa vintage y tener una relación con ella. Lo primero es una tendencia. Lo segundo es una forma de mirar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Harry Styles no nos está diciendo que debamos vestir como él. Nos está recordando que la ropa puede ser mucho más interesante cuando dejamos de preguntarnos si está de moda y empezamos a preguntarnos qué significa para nosotros. Porque una camiseta puede ser una camiseta, sí. Pero también puede ser una canción, un parque, una ciudad, una época o una pequeña parte de la historia que decidimos llevar encima.</p>
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		<title>Vestirse como si ya hubieras llegado</title>
		<link>https://lacronica.do/vestirse-como-si-ya-hubieras-llegado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2026 10:16:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Asesoría]]></category>
		<category><![CDATA[Estilo]]></category>
		<category><![CDATA[Lujo]]></category>
		<category><![CDATA[moda]]></category>
		<category><![CDATA[Vestir bien]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay algo profundamente revelador en la manera en que elegimos vestirnos. Antes incluso de hablar, nuestra ropa ya ha dicho qué queremos mostrar, cuánto queremos llamar la atención y, en ocasiones, cuánto necesitamos que los demás sepan de nosotros. Durante años, la moda convirtió el logotipo visible en una especie de tarjeta de presentación: cuanto [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay algo profundamente revelador en la manera en que elegimos vestirnos. Antes incluso de hablar, nuestra ropa ya ha dicho qué queremos mostrar, cuánto queremos llamar la atención y, en ocasiones, cuánto necesitamos que los demás sepan de nosotros. Durante años, la moda convirtió el logotipo visible en una especie de tarjeta de presentación: cuanto más reconocible fuera la marca, más inmediato parecía el mensaje. Pero el lujo contemporáneo está empezando a plantear una pregunta bastante más interesante: ¿qué ocurre cuando ya no necesitas que tu ropa explique cuánto vale?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación alrededor del llamado lujo silencioso, el estilo Old Money y la preferencia de algunas personas con gran poder adquisitivo por prendas sin logos visibles parte precisamente de ahí. Planteamos y entendemos que estos códigos privilegian la calidad, la construcción, los materiales, el ajuste y las piezas atemporales por encima de la exhibición evidente de una marca. Pero reducirlo todo a que “los millonarios no usan logos” sería quedarse en la superficie. La cuestión realmente fascinante está en lo que la ropa comunica cuando deja de intentar demostrarlo todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque vestir caro y vestir bien nunca han sido exactamente lo mismo. Una prenda puede costar una fortuna y seguir siendo una mala elección. Puede tener el nombre de una casa de lujo estampado por todas partes y, sin embargo, desaparecer por completo dentro de un look mal construido. Del mismo modo, una camisa sin ninguna identificación visible puede tener una caída extraordinaria, un tejido magnífico y una presencia capaz de elevar todo lo que la rodea. La moda, cuando se observa con atención, siempre ha sabido que el precio es apenas una parte de la ecuación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70700" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/1-3.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde aparece algo que me interesa mucho más que la etiqueta de “lujo silencioso”: la seguridad de estatus. Hay una diferencia considerable entre vestir para que los demás sepan quién eres y vestir desde la certeza de quién eres. En el primer caso, la ropa necesita testigos. En el segundo, necesita criterio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de declarar la guerra al logotipo, y conviene decirlo antes de que alguien confunda esto con otra defensa automática del beige, el cachemir y los mocasines. Un logo puede ser extraordinariamente bello y formar parte esencial del lenguaje de una casa. Hay monogramas que pertenecen a la historia de la moda y piezas cuya identidad depende precisamente de ellos. El problema aparece cuando la marca deja de ser un elemento del diseño para convertirse en el argumento completo de la prenda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si lo único que hace reconocible un look es el nombre que lleva estampado, quizá no estamos hablando de estilo, sino de identificación de producto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero trabajo de vestirse bien ocurre en otro lugar. Está en el corte de una chaqueta, en la longitud de un pantalón, en la proporción entre una camisa y un abrigo, en la calidad de un tejido, en cómo una prenda acompaña el cuerpo y, sobre todo, en cómo todas esas decisiones construyen una imagen coherente. El lujo más interesante no necesariamente entra primero por los ojos. A veces se descubre cuando te acercas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también explica por qué determinadas personas parecen impecablemente vestidas incluso cuando no llevan ninguna pieza que grite su procedencia. David Beckham, Jacob Elordi o incluso figuras históricas como John F. Kennedy Jr. han demostrado, cada uno desde códigos diferentes, que una imagen poderosa puede construirse a partir de la composición y no de la acumulación de marcas. Estos sin duda son nombres que ilustran cómo el ajuste, la calidad y la elección de las piezas pueden comunicar lujo sin recurrir a una exposición constante del logotipo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70702" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-3.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una paradoja deliciosa de la moda: cuanto más sabes de ella, menos necesitas que te la expliquen. Una persona familiarizada con la construcción de una buena prenda puede reconocer un tejido extraordinario, una confección precisa o un corte impecable sin necesitar que alguien le señale el nombre de la casa. El conocimiento modifica la mirada. Dejas de buscar la etiqueta y empiezas a observar la pieza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso la verdadera sofisticación no consiste en esconder las marcas, sino en saber cuándo no las necesitas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo particularmente poderoso en repetir una buena chaqueta durante años, en encontrar unos pantalones que parecen hechos para tu cuerpo o en elegir una camisa porque sabes exactamente cómo quieres que caiga sobre ti. También hay lujo en no comprar una tendencia simplemente porque todo el mundo la está usando. El armario empieza a convertirse entonces en una extensión del criterio personal y deja de funcionar como una vitrina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso, para mí, es mucho más interesante que el discurso de “parecer millonario”. Porque no necesitamos vestirnos como millonarios. Necesitamos vestirnos como personas que no tienen nada que demostrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la relación con la moda. Si compro una prenda para que los demás reconozcan inmediatamente cuánto cuesta, estoy permitiendo que la marca hable por mí. Si la compro porque el corte, el tejido, el color y la construcción funcionan conmigo, la conversación cambia. Ya no estoy llevando únicamente una marca. Estoy tomando una decisión estética. Y decidir bien es una forma de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez el mayor error del lujo contemporáneo haya sido hacernos creer que el estatus siempre tenía que ser visible. Durante años hemos asociado el éxito con aquello que puede reconocerse a varios metros de distancia: el bolso, el cinturón, el estampado, la zapatilla, el reloj. Pero existe otra manera de comunicar abundancia: no necesitar hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No porque haya algo malo en mostrar lo que tienes. La moda también puede ser exuberante, maximalista, descarada y absolutamente orgullosa de sus códigos. El problema no es llevar un logo. El problema es cuando el logo lleva al individuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdadera evolución del lujo está, quizá, en recuperar la posibilidad de elegir sin sentir que debemos justificar nuestra elección. Llevar una prenda discreta porque nos gusta. Una pieza llamativa porque nos divierte. Una marca reconocible porque su diseño nos representa. Comprar caro cuando tiene sentido y barato cuando también lo tiene. Repetir. Mezclar. Equivocarnos. Cambiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, el estilo no debería funcionar como una prueba de solvencia económica. Debería funcionar como una prueba de identidad. Ahí encontramos la definición más honesta de lujo: vestirse como si ya hubieras llegado, no porque quieras que todos sepan dónde estás, sino porque ya sabes perfectamente quién eres.</p>
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		<title>Calvin Klein: cuando el deseo se convirtió en una forma de vestir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 11:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Años 90]]></category>
		<category><![CDATA[Brooke Shields]]></category>
		<category><![CDATA[Calvin Klein]]></category>
		<category><![CDATA[clásico]]></category>
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		<category><![CDATA[Lujo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay marcas que venden ropa y hay marcas que venden una idea de nosotros mismos. Calvin Klein pertenece, sin demasiada discusión, a la segunda categoría. Antes de que el minimalismo se convirtiera en un uniforme global y mucho antes de que una pretina con un logotipo pudiera funcionar como declaración de identidad, Calvin Klein entendió [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay marcas que venden ropa y hay marcas que venden una idea de nosotros mismos. Calvin Klein pertenece, sin demasiada discusión, a la segunda categoría. Antes de que el minimalismo se convirtiera en un uniforme global y mucho antes de que una pretina con un logotipo pudiera funcionar como declaración de identidad, Calvin Klein entendió algo que la moda tardaría décadas en asumir: el cuerpo también podía ser un producto de lujo. No necesariamente por estar vestido de manera extraordinaria, sino precisamente por lo contrario. Una camiseta blanca, unos jeans, un bóxer de algodón podían adquirir una carga de deseo capaz de convertir lo cotidiano en aspiracional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia erótica de Calvin Klein no comienza realmente con los famosos cuerpos de los años noventa. Comienza con una provocación mucho más sofisticada: conseguir que el espectador mirara una prenda básica de una manera completamente distinta. En 1980, la campaña de los jeans protagonizada por una adolescente Brooke Shields y fotografiada por Richard Avedon convirtió una frase aparentemente inocente en un acontecimiento publicitario. El célebre juego de palabras sobre lo que se interponía entre Shields y sus Calvins provocó controversia y hasta la retirada de algunos anuncios televisivos. La propia Shields ha explicado posteriormente que no comprendía entonces la dimensión sexual que otros atribuían a la campaña.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70644" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese episodio revela una de las grandes armas de Calvin Klein: la capacidad de trabajar en el territorio incómodo que existe entre lo que se muestra y lo que imaginamos. El erotismo rara vez necesita explicarse; necesita insinuarse. Y Klein hizo de esa insinuación una estrategia comercial. Mientras buena parte de la publicidad de moda todavía construía fantasías alrededor de vestidos, escenarios exuberantes o mujeres convertidas en musas inalcanzables, Calvin Klein empezó a desvestir el escenario. El fondo podía ser casi inexistente. La ropa podía ser mínima. Lo importante era la persona que la llevaba y la tensión que producía verla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con&nbsp;<em>Obsession</em>, esa lógica adquirió una dimensión todavía mayor. Las campañas de mediados de los ochenta jugaron abiertamente con la pasión, la desnudez y la ambigüedad, hasta el punto de que la prensa de la época debatía si las imágenes se encontraban en el terreno del arte, la publicidad o la pornografía. Una campaña de&nbsp;<em>Obsession</em>&nbsp;llegó a ser considerada una de las más memorables de la publicidad impresa durante varios años. Calvin Klein no estaba simplemente vendiendo una fragancia: estaba construyendo un universo mental alrededor de la palabra obsesión. El perfume era apenas el objeto físico de una fantasía mucho más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces llegaron los noventa, probablemente el momento en que Calvin Klein consiguió convertir el erotismo en identidad cultural. Mark Wahlberg y Kate Moss aparecieron juntos en 1992 en una campaña de underwear fotografiada por Herb Ritts, y aquella combinación terminó redefiniendo la relación entre moda y cuerpo. Wahlberg representaba una masculinidad física, desafiante y deliberadamente exhibida; Moss, una belleza más frágil, andrógina y aparentemente despreocupada. No parecían estar interpretando una fantasía tradicional. Parecían pertenecer a ella. La campaña contribuyó además a un crecimiento extraordinario del negocio de ropa interior masculina de la marca.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70645" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí ocurrió algo particularmente importante para la moda masculina: el cuerpo del hombre dejó de ser un elemento secundario de la imagen para convertirse en protagonista. El bóxer dejó de ser simplemente una prenda funcional y pasó a ser una pieza visible de identidad. La famosa pretina de Calvin Klein se transformó en una especie de firma corporal: quien la llevaba estaba diciendo algo incluso antes de ponerse el resto de la ropa. El mensaje no era únicamente “llevo Calvin Klein”. Era “este es el cuerpo que quiero tener, esta es la seguridad que quiero proyectar y esta es la manera en que quiero ser percibido”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La marca también comprendió que el erotismo podía ser democrático. Esa quizá sea su operación más brillante. Calvin Klein no necesitaba convertir sus productos en objetos inaccesibles de alta costura. Podía vender jeans, camisetas, ropa interior y perfumes. El lujo estaba en otra parte: en la fantasía de pertenecer a ese universo. Era una aspiración mucho más íntima que comprar un vestido de pasarela. No se trataba de parecer rico; se trataba de parecer deseable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la influencia de Calvin Klein excede ampliamente sus campañas. Su estética ayudó a instalar una nueva gramática visual: cuerpos reales o aparentemente naturales, fotografía directa, minimalismo, piel, blanco y negro, juventud y una sensualidad que parecía accidental aunque estuviera meticulosamente construida. El erotismo dejó de necesitar exceso. Podía vivir en una mirada, en un hombro descubierto, en unos jeans que caían de determinada manera o en una pretina blanca apareciendo por encima del pantalón.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1920" height="1080" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70648" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/6.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la historia también tiene un reverso que sería ingenuo ignorar. La estrategia de provocar constantemente produjo controversias cada vez mayores. En 1995, una campaña de Calvin Klein Jeans protagonizada por modelos muy jóvenes fue retirada después de una fuerte reacción pública y acusaciones de que las imágenes cruzaban límites inaceptables. La historia obliga a distinguir entre erotismo y explotación, entre provocación y transgresión irresponsable. Precisamente porque Calvin Klein hizo del límite una herramienta creativa, también terminó enfrentándose a las consecuencias de empujarlo demasiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sin embargo, décadas después, el ADN permanece. La reciente reinterpretación de la marca bajo la dirección creativa de Veronica Leoni vuelve a explorar sensualidad, estructura y minimalismo, demostrando que el archivo de Calvin Klein continúa siendo una fuente de inspiración para pensar qué significa ser deseable en la moda contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso Calvin Klein sigue siendo más interesante cuando hablamos de deseo que cuando hablamos simplemente de ropa. Su verdadera revolución no consistió en desnudar a sus modelos. Consistió en enseñarnos a mirar de otra manera. Tomó prendas ordinarias y las convirtió en símbolos de intimidad, seguridad, juventud y sexualidad. Hizo que vestirse pudiera parecer una forma de seducción y que desvestirse pudiera convertirse, paradójicamente, en una declaración de estilo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, Calvin Klein nunca vendió únicamente lo que había dentro de los Calvins. Vendió la fantasía de quién podíamos ser cuando nadie estaba mirando. Y esa, quizá, sea la forma más sofisticada de erotismo que la moda haya aprendido a comercializar.</p>
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		<title>El hombre que la moda nunca pudo olvidar: John Galliano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Aug 2026 09:06:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay nombres que pertenecen a la historia de la moda y otros que pertenecen al imaginario colectivo. John Galliano habita ambos lugares. Su legado no se limita a las colecciones que revolucionaron la alta costura ni a los desfiles que redefinieron el espectáculo contemporáneo. También está atravesado por una de las caídas más estrepitosas que [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay nombres que pertenecen a la historia de la moda y otros que pertenecen al imaginario colectivo. John Galliano habita ambos lugares. Su legado no se limita a las colecciones que revolucionaron la alta costura ni a los desfiles que redefinieron el espectáculo contemporáneo. También está atravesado por una de las caídas más estrepitosas que ha vivido la industria del lujo y por un regreso que continúa generando preguntas más que respuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, que la próxima Met Gala gire en torno a su figura no es una simple celebración a una carrera brillante. Es, sobre todo, la decisión de colocar en el centro del debate a uno de los personajes más complejos que ha conocido la moda. Porque hablar de Galliano obliga a la industria a enfrentarse a un ejercicio incómodo: reconocer el talento sin borrar el error, admirar la obra sin ignorar la biografía y preguntarse hasta dónde puede llegar una segunda oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una época donde la cultura parece debatirse constantemente entre la cancelación y la reivindicación, pocos nombres representan esa tensión con tanta claridad como el suyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">John Galliano nunca diseñó únicamente ropa. Diseñó mundos. Mientras otros creaban colecciones, él construía relatos completos donde convivían la historia, el cine, la literatura, el teatro y la fantasía. Antes de que la palabra&nbsp;<em>storytelling</em>&nbsp;se convirtiera en una estrategia de marketing, Galliano ya entendía que una prenda necesitaba una narrativa para permanecer en la memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su llegada a Givenchy en 1995 marcó un punto de inflexión para la maison francesa, pero fue en Dior donde alcanzó una dimensión casi mitológica. Durante quince años convirtió la casa fundada por Christian Dior en un laboratorio creativo donde el siglo XVIII podía dialogar con el Japón imperial, el cabaret parisino, la Belle Époque o la estética punk londinense sin perder coherencia. Sus desfiles dejaron de ser simples presentaciones comerciales para convertirse en espectáculos teatrales donde cada modelo interpretaba un personaje y cada salida respondía a un guion visual cuidadosamente construido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy resulta habitual que una pasarela incorpore elementos cinematográficos, narrativas inmersivas o referencias culturales cruzadas. En buena medida, esa manera de entender el desfile como una experiencia total tiene mucho de Galliano. Su influencia puede rastrearse en buena parte de los grandes diseñadores contemporáneos, incluso en aquellos que nunca han reconocido abiertamente esa deuda. Pero los genios también pueden protagonizar sus propias tragedias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2011, un video grabado en un café parisino mostró al diseñador pronunciando comentarios antisemitas y racistas mientras se encontraba bajo los efectos del alcohol y otras sustancias. La reacción fue inmediata. Dior anunció su despido casi de forma instantánea y Galliano pasó, en cuestión de días, de ser uno de los creadores más admirados del planeta a convertirse en un símbolo del descrédito público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo ocurrido trascendía cualquier escándalo mediático. No se trataba de una declaración desafortunada ni de una polémica pasajera. Eran palabras profundamente ofensivas que contradecían los valores de una industria construida precisamente sobre la diversidad de culturas, identidades y comunidades. La justicia francesa lo condenó y la moda, que hasta entonces parecía capaz de perdonar casi cualquier excentricidad creativa, decidió apartarlo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70566" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/4.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante varios años desapareció prácticamente de la escena pública. Inició un proceso de rehabilitación para tratar sus adicciones, ofreció disculpas, buscó acercamientos con representantes de la comunidad judía y comenzó un largo camino de reconstrucción personal. No fue un regreso inmediato ni una estrategia de relaciones públicas cuidadosamente diseñada. Fue un proceso lento, observado con escepticismo por unos y con cautela por otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando en 2014 asumió la dirección creativa de Maison Margiela, muchos interpretaron el nombramiento como un acto de riesgo. Sin embargo, el tiempo terminó demostrando que aquel regreso no pretendía replicar el Galliano de Dior, sino presentar a un diseñador más contenido, más introspectivo y aparentemente más consciente del peso de su propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es precisamente ahí donde nace la idea de la «redención» que tantas veces acompaña su nombre. Pero quizá esa palabra resulta demasiado sencilla para explicar un fenómeno mucho más complejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de Galliano como un diseñador redimido supone asumir que la conversación ha terminado, cuando en realidad apenas ha evolucionado. La industria no ha olvidado lo ocurrido en 2011. Tampoco parece interesada en hacerlo. Lo que ha decidido es convivir con esa contradicción. Reconocer que una trayectoria excepcional puede coexistir con un episodio moralmente inaceptable y que comprender esa tensión resulta mucho más enriquecedor que fingir que nunca existió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa, probablemente, sea la verdadera razón por la que el Costume Institute ha decidido dedicarle la próxima exposición que acompañará a la Met Gala. No porque Galliano represente únicamente la excelencia creativa, sino porque encarna uno de los debates culturales más relevantes de nuestro tiempo: la relación entre el artista y su obra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La moda, históricamente acusada de superficial, demuestra con decisiones como esta que también puede convertirse en un espacio para discutir memoria, responsabilidad, talento y reparación. No se trata de absolver a Galliano ni de reescribir su historia. Se trata de estudiarla completa.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70564" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/2.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá ese sea el mayor reconocimiento que puede recibir un creador: no ser reducido ni a sus aciertos ni a sus errores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras muchas retrospectivas celebran únicamente el éxito, la de Galliano promete incorporar también la fractura. Eso convierte la exposición en un ejercicio poco habitual dentro de una industria acostumbrada a construir relatos impecables. La perfección vende, pero la complejidad permanece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La influencia del diseñador, además, continúa siendo sorprendentemente vigente. Basta observar las colecciones actuales para descubrir que el regreso del maximalismo, la teatralidad, la construcción de personajes o la recuperación de referencias históricas siguen dialogando con un lenguaje visual que Galliano ayudó a consolidar hace más de dos décadas. Incluso quienes nunca vivieron la época dorada de Dior consumen hoy una estética profundamente marcada por su imaginación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso resulte imposible hablar del presente de la moda sin mencionar su nombre. No porque haya sido perfecto, precisamente porque nunca lo fue.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70565" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/08/3.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">La próxima Met Gala no rendirá homenaje únicamente a un diseñador extraordinario. También pondrá frente al espejo a toda una industria que deberá responder si es capaz de admirar una obra sin borrar el contexto que la rodea. Esa conversación, mucho más que los vestidos que desfilarán por la alfombra, será el verdadero acontecimiento de la noche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque John Galliano nunca fue solamente un creador de moda. Fue, y sigue siendo, una pregunta abierta. Y las preguntas que sobreviven al paso del tiempo suelen ser mucho más valiosas que las respuestas que alguna vez parecieron definitivas.</p>
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		<title>Cuando el tiempo se convirtió en el mayor lujo</title>
		<link>https://lacronica.do/cuando-el-tiempo-se-convirtio-en-el-mayor-lujo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 12:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[celebridades]]></category>
		<category><![CDATA[Lujo]]></category>
		<category><![CDATA[moda]]></category>
		<category><![CDATA[Valor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Madrid, España &#8211;&#160;Hubo un tiempo en que el lujo se medía por el brillo. Cuanto más raro era un diamante, más fina una seda o más puro el oro, mayor era el prestigio de quien los poseía. Durante siglos, la industria construyó su imaginario alrededor de la escasez material, convencida de que el verdadero valor [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Madrid, España &#8211;</strong>&nbsp;Hubo un tiempo en que el lujo se medía por el brillo. Cuanto más raro era un diamante, más fina una seda o más puro el oro, mayor era el prestigio de quien los poseía. Durante siglos, la industria construyó su imaginario alrededor de la escasez material, convencida de que el verdadero valor residía en aquello que pocos podían comprar. Sin embargo, el siglo XXI ha comenzado a desmontar esa lógica. En una época donde la tecnología reproduce con una precisión casi perfecta cualquier textura, cualquier gema e incluso cualquier diseño, el lujo ha tenido que buscar un nuevo territorio donde seguir siendo excepcional. Lo ha encontrado en el único elemento que ninguna innovación es capaz de fabricar: el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta tan revelador que una reliquia arqueológica vuelva a convertirse en protagonista de una conversación sobre moda. No porque una celebridad haya decidido llevar una pieza con tres mil años de historia, sino porque ese gesto evidencia un cambio mucho más profundo. La moda ya no se conforma con reinterpretar el pasado. Empieza a incorporar el pasado mismo como parte de su lenguaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia parece sutil, pero transforma completamente la relación entre la moda y la historia. Durante décadas, las grandes casas recurrieron a las civilizaciones antiguas como una fuente inagotable de inspiración. Egipto aparecía en los collares monumentales de alta joyería; Grecia regresaba convertida en vestidos de líneas fluidas; Roma reaparecía en sandalias, túnicas y coronas de laurel reinterpretadas desde una sensibilidad contemporánea. El diseñador observaba el pasado, lo traducía y lo adaptaba a su tiempo. Existía una distancia evidente entre el referente histórico y el objeto final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy esa distancia comienza a desaparecer. Cuando una pieza creada hace tres mil años vuelve a cumplir la función para la que fue concebida, deja de ser únicamente un testimonio arqueológico para convertirse otra vez en un objeto vivo. Ya no inspira una colección; forma parte de ella. Ya no representa la historia; la transporta consigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta transformación también explica cómo ha evolucionado la propia idea de exclusividad. Durante buena parte del siglo pasado, el lujo encontraba legitimidad en la dificultad de acceso. La artesanía, las producciones limitadas y los materiales extraordinarios construían una narrativa basada en la escasez. Más tarde llegó el auge del vintage, donde el deseo ya no consistía únicamente en adquirir una prenda bella, sino una pieza imposible de volver a producir exactamente igual. Sin embargo, incluso ese mercado ha comenzado a quedarse corto frente a un nuevo paradigma. Si una chaqueta de los años ochenta puede aparecer mañana en otra subasta, una reliquia arqueológica pertenece a una categoría completamente distinta. No es simplemente antigua. Es irrepetible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese punto, el lujo deja de vender objetos para empezar a comercializar tiempo. No el tiempo entendido como tendencia o actualidad, sino como permanencia. Cada marca, cada desgaste y cada imperfección dejan de percibirse como defectos para convertirse en pruebas materiales de supervivencia. Ningún taller contemporáneo, por virtuoso que sea, puede reproducir tres mil años de existencia. Esa imposibilidad convierte al tiempo en el último gran artesano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso las narrativas del lujo han comenzado a desplazarse. Durante décadas, las firmas construyeron su prestigio alrededor del concepto de&nbsp;<em>heritage</em>. Su historia era suficiente para justificar su relevancia. Chanel hablaba de Gabrielle Chanel; Dior de Christian Dior; Hermès de generaciones de artesanos. El pasado de la marca constituía parte esencial del producto. Sin embargo, el movimiento actual parece responder a una ambición diferente. Ya no basta con exhibir un legado propio. El verdadero capital simbólico consiste en dialogar con el legado de la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un fenómeno que va mucho más allá de la joyería. Las grandes exposiciones de moda conviven cada vez con instituciones culturales; las subastas alcanzan cifras récord; las colaboraciones con archivos históricos se multiplican y los museos se han convertido en escenarios habituales para presentar colecciones. La frontera entre patrimonio y moda nunca había sido tan permeable. Lejos de ser ámbitos separados, ambos comienzan a compartir un mismo lenguaje: el de la autenticidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y no es casualidad que esto ocurra precisamente ahora. Vivimos inmersos en una realidad donde la inteligencia artificial genera imágenes capaces de engañar al ojo humano, donde las falsificaciones alcanzan niveles de precisión impensables hace apenas una década y donde la producción masiva ha democratizado códigos estéticos que antes pertenecían exclusivamente al lujo. En un contexto así, la autenticidad deja de medirse únicamente por el diseño para apoyarse en algo mucho más difícil de replicar: la procedencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El origen importa más que nunca porque garantiza aquello que ninguna copia puede ofrecer. Una reliquia no vale únicamente por su belleza ni por el material con el que fue elaborada. Vale porque atravesó imperios, sobrevivió a guerras, resistió cambios de civilización y llegó hasta nuestros días conservando la capacidad de seguir comunicando. Cada siglo añadido a su existencia incrementa un valor que no depende del mercado, sino de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, este cambio también plantea preguntas inevitables. ¿Dónde termina el patrimonio y dónde comienza el objeto de uso? Durante generaciones asumimos que las piezas arqueológicas debían permanecer protegidas tras una vitrina, convertidas en documentos silenciosos del pasado. La moda, en cambio, entiende los objetos desde una lógica distinta. Una joya existe para ser llevada. Un vestido existe para ser vestido. Desde esa perspectiva, devolver una reliquia a su función original puede interpretarse no como una falta de respeto hacia la historia, sino como una forma de mantenerla viva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa tensión entre conservación y resignificación probablemente acompañará al lujo durante los próximos años. Porque el verdadero debate no consiste en decidir si una pieza histórica puede aparecer en una alfombra roja. La cuestión de fondo es mucho más amplia: qué papel queremos que desempeñe el pasado dentro de la cultura contemporánea. Si las reliquias únicamente pueden observarse a distancia o si todavía son capaces de dialogar con el presente sin perder su significado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ahí resida la mayor enseñanza de este episodio. No en la espectacularidad de una joya milenaria ni en la conversación que generó, sino en la manera en que redefine nuestra percepción del valor. Durante siglos pensamos que el lujo consistía en poseer aquello que nadie más podía permitirse. Hoy empieza a parecer que el verdadero privilegio consiste en acercarse a aquello que el tiempo decidió conservar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La moda siempre ha vivido obsesionada con el futuro. Cada temporada prometía la próxima tendencia, el siguiente color, la nueva silueta. Resulta paradójico que, en plena aceleración tecnológica, descubra que su recurso más poderoso no está delante, sino detrás. Tal vez porque ha comprendido que, cuando todo puede fabricarse, reproducirse y distribuirse a una velocidad inédita, la única materia prima verdaderamente inalcanzable sigue siendo la misma que ha gobernado el mundo desde el principio: el tiempo. Y cuando el tiempo se convierte en el mayor símbolo de exclusividad, la moda deja de vestir únicamente cuerpos para empezar, también, a vestir la historia.</p>
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		<title>Cuando el contexto pesa más que la tendencia</title>
		<link>https://lacronica.do/cuando-el-contexto-pesa-mas-que-la-tendencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2026 10:38:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Invitada]]></category>
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		<category><![CDATA[moda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay aprendizajes que llegan de la forma más inesperada. A veces no aparecen en un museo, ni en un desfile de moda, ni siquiera en una conversación especialmente profunda. En ocasiones basta con escuchar una frase repetirse varias veces para comprender que detrás de ella existe toda una manera de entender el mundo. Eso fue [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hay aprendizajes que llegan de la forma más inesperada. A veces no aparecen en un museo, ni en un desfile de moda, ni siquiera en una conversación especialmente profunda. En ocasiones basta con escuchar una frase repetirse varias veces para comprender que detrás de ella existe toda una manera de entender el mundo. Eso fue lo que me ocurrió cuando, estando en Europa, empecé a escuchar que alguien necesitaba un «vestido de invitada». No un vestido para una boda, para una cena o para una celebración. Un vestido de invitada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio pensé que era simplemente una forma más específica de referirse a una prenda. Sin embargo, con el paso de los meses entendí que esa expresión escondía una filosofía de la moda profundamente arraigada en la cultura mediterránea. La palabra «invitada» no describe únicamente a una persona que asiste a un evento; describe un rol, una actitud y una forma de entender el vestir. Fue entonces cuando una vez más confirmé que la moda, además de responder a las tendencias, también responde a la geografía y a las costumbres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe la creencia de que vivimos en una época donde la moda se ha vuelto completamente global. Las mismas colecciones se presentan en París, Nueva York o Milán; las redes sociales democratizan las tendencias y cualquier lanzamiento puede recorrer el planeta en cuestión de horas. Sin embargo, esa aparente uniformidad comienza a desdibujarse cuando uno observa cómo cada sociedad interpreta la ropa en su vida cotidiana. Las prendas pueden ser las mismas, pero los códigos cambian. Y son esos códigos los que terminan construyendo una identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Mediterráneo, la moda mantiene una estrecha relación con el contexto. No basta con que un estilismo sea bonito o esté en tendencia; también debe responder al momento, al lugar y al papel que cada persona desempeña dentro de una determinada ocasión. Esa manera de vestir no nace de una obsesión por el protocolo ni de un ejercicio de rigidez estética. Surge, más bien, de una comprensión casi intuitiva de que la ropa también comunica respeto por el escenario en el que nos encontramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso resulta tan habitual encontrar editoriales, colecciones y secciones enteras de revistas dedicadas no solo a las tendencias de temporada, sino a los distintos tipos de ocasiones. La industria no habla únicamente de vestidos o trajes. Habla de looks de invitada, de oficina, de cóctel, de graduación, de bautizo, de gala o de festival. Cada uno responde a un lenguaje propio y demuestra que la elegancia no consiste únicamente en vestir bien, sino en comprender el contexto antes de abrir el armario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La figura de la invitada es, probablemente, el mejor ejemplo de esta forma de entender la moda. Sin embargo, limitarla al universo de las bodas sería simplificar un concepto mucho más amplio. En realidad, la invitada representa a cualquier persona que entiende que asistir a un evento también implica asumir una responsabilidad estética. No para competir por protagonismo, sino para contribuir a la atmósfera que hace especial ese momento. Es una visión donde la ropa deja de ser un acto exclusivamente individual para convertirse en parte de una experiencia compartida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más interesante es que este principio no pertenece únicamente a la moda cotidiana. La alta costura lleva décadas funcionando bajo esa misma lógica. Basta observar a la realeza europea para comprender cómo cada aparición pública responde a un código específico. Un banquete de Estado exige una lectura distinta a la de un acto benéfico; una ceremonia militar no comparte el mismo lenguaje visual que una recepción diplomática. Del mismo modo, las celebridades entienden que una alfombra roja en Cannes no admite las mismas decisiones estilísticas que un partido en Wimbledon o una jornada en Royal Ascot. En todos esos escenarios, la ropa no solo representa el gusto personal; también comunica conocimiento del entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa capacidad para interpretar el contexto es, probablemente, una de las mayores expresiones de estilo. Durante mucho tiempo asociamos la elegancia con el precio de una prenda o con la exclusividad de una firma. Sin embargo, Europa me ha hecho pensar que la verdadera sofisticación reside en algo mucho más sutil: saber cuándo una prenda tiene sentido. El vestido más espectacular puede resultar completamente fuera de lugar si ignora el escenario en el que aparece, mientras que un conjunto mucho más sencillo puede alcanzar una enorme fuerza precisamente porque entiende el momento que está viviendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No deja de ser curioso que, en una época marcada por la inmediatez y por la constante búsqueda de la diferenciación, sobrevivan códigos que reivindican el valor del contexto. Vivimos rodeados de mensajes que nos animan a «ser nosotros mismos», pero pocas veces se recuerda que la identidad también se construye a partir de nuestra capacidad para dialogar con quienes nos rodean. La moda mediterránea parece haber encontrado un equilibrio entre ambas ideas: permite la expresión individual, pero nunca pierde de vista que toda celebración, ceremonia o encuentro tiene un significado colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la razón por la que tantas firmas españolas han construido parte de su prestigio alrededor de este universo. No venden únicamente vestidos, trajes o accesorios; ofrecen respuestas para momentos concretos de la vida social. Entienden que una persona no busca simplemente una prenda bonita, sino una herramienta para sentirse parte de un acontecimiento. La moda deja de ser consumo para convertirse en interpretación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de vivir esta experiencia, he empezado a observar mi propio armario de otra manera. Ya no pienso únicamente en qué me gusta o qué me favorece, sino también en qué quiero comunicar según el lugar al que voy y las personas con las que voy a compartir ese espacio. Es un cambio de perspectiva aparentemente pequeño, pero que transforma por completo la relación con la ropa. Uno deja de vestir únicamente para sí mismo y comienza a entender que cada elección establece un diálogo silencioso con el entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La moda no consiste solo en seguir tendencias ni en acumular prendas nuevas cada temporada. Tampoco es un ejercicio de ostentación o una carrera por destacar. Es, ante todo, un lenguaje. Y como ocurre con cualquier idioma, hablarlo bien implica comprender el contexto, conocer sus matices y saber cuándo cada palabra encuentra su lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, cuando vuelvo a escuchar a alguien decir que está buscando un look de invitada, ya no pienso en una etiqueta comercial ni en una categoría creada por las revistas. Pienso en una cultura que ha convertido el vestir en una forma de participar activamente de los momentos importantes. Pienso en una sociedad que entiende que la elegancia comienza mucho antes de elegir una prenda: empieza cuando somos capaces de reconocer el papel que ocupamos dentro de cada historia. Porque, al final, la moda no solo habla de quiénes somos. También habla de cuánto entendemos el mundo en el que nos movemos.</p>
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		<title>El nuevo dandismo no está en la playa, sino en la funcionalidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanri Herrera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jul 2026 17:30:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[Dandismo]]></category>
		<category><![CDATA[Firma de lujo]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Vuitton]]></category>
		<category><![CDATA[Lujo]]></category>
		<category><![CDATA[moda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Madrid, España &#8211; Hace un tiempo la moda masculina se dividía con absoluta claridad para los escenarios de la vida. Existía la ropa para trabajar, la ropa para viajar, la ropa para las vacaciones y la ropa para las ocasiones especiales. Cada espacio exigía un uniforme distinto y cambiar de contexto implicaba, casi inevitablemente, cambiar de [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Madrid, España</strong> &#8211; Hace un tiempo la moda masculina se dividía con absoluta claridad para los escenarios de la vida. Existía la ropa para trabajar, la ropa para viajar, la ropa para las vacaciones y la ropa para las ocasiones especiales. Cada espacio exigía un uniforme distinto y cambiar de contexto implicaba, casi inevitablemente, cambiar de guardarropa. Sin embargo, la vida contemporánea ha desdibujado esas fronteras. Hoy una misma jornada puede comenzar con una reunión de negocios, continuar en un aeropuerto, terminar frente al mar o prolongarse en una cena informal. La moda, como reflejo de los cambios sociales, ha comenzado a responder a esa nueva realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto, la colección Primavera-Verano 2027 de Louis Vuitton, diseñada por Pharrell Williams, resulta especialmente reveladora. A primera vista podría interpretarse como una propuesta inspirada en el surf, las playas y el imaginario costero. Sin embargo, quedarse únicamente con esa lectura sería reducir una colección que, en realidad, plantea una reflexión mucho más profunda sobre la manera en que los hombres viven, trabajan y se desplazan en la actualidad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70370" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/11.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La gran aportación de esta propuesta no reside en introducir neoprenos o referencias marinas dentro del universo del lujo, sino en demostrar que la elegancia contemporánea ya no consiste en vestir para un único contexto, sino en construir un guardarropa capaz de adaptarse a todos ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, el lujo masculino estuvo asociado a la rigidez. El traje impecable representaba disciplina, autoridad y éxito. Incluso cuando la comodidad comenzaba a ganar terreno, existía la idea de que la verdadera elegancia exigía cierto sacrificio físico: tejidos pesados, estructuras inflexibles y códigos estéticos que privilegiaban la apariencia sobre la funcionalidad. Más tarde llegó el auge del&nbsp;<em>streetwear</em>, que democratizó el lujo mediante sudaderas, zapatillas y prendas deportivas, pero que también terminó convirtiéndose en otro uniforme con reglas igualmente definidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La propuesta de Louis Vuitton parece situarse deliberadamente entre ambos extremos. La sastrería convive con prendas técnicas, los tejidos ligeros dialogan con estructuras perfectamente construidas y los elementos propios del universo deportivo dejan de ser una ruptura para convertirse en parte natural del lenguaje del lujo. No se trata de una simple mezcla de estilos, sino del reconocimiento de que las categorías tradicionales han dejado de responder a la forma en que vivimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso resulte tan significativo que Pharrell Williams eligiera el surf como hilo conductor de la colección. Más allá del atractivo visual de las olas y del paisaje costero, el surf representa una disciplina basada en la adaptación. Ningún surfista pretende dominar el mar; aprende a interpretar sus movimientos y a encontrar equilibrio en medio del cambio constante. Esa misma lógica parece trasladarse al vestir. El hombre contemporáneo ya no busca proyectar una imagen inmutable, sino desarrollar una identidad estética suficientemente flexible para responder a escenarios diversos sin perder coherencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70369" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/10.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esta idea conecta con una transformación mucho más amplia dentro de la industria. En los últimos años, la funcionalidad ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la ropa deportiva para convertirse en uno de los principales argumentos del lujo. Ya no basta con que una prenda sea bella; también debe ser ligera, resistente, cómoda y capaz de acompañar el ritmo cotidiano de quien la utiliza. La innovación textil, la ingeniería del patronaje y la versatilidad de las siluetas han adquirido un protagonismo que hace apenas una década parecía reservado a las marcas especializadas en rendimiento deportivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En consecuencia, la elegancia comienza a medirse desde parámetros diferentes. Hoy resulta mucho más sofisticado un blazer que permite libertad de movimiento durante todo un viaje internacional que una prenda impecable cuya única virtud consiste en mantener una silueta rígida. El lujo deja de definirse por la dificultad para vestir una pieza y empieza a hacerlo por la inteligencia con la que esta resuelve las necesidades de la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, el dandismo que propone Louis Vuitton tampoco responde a la concepción clásica del término. El dandi histórico encontraba en la perfección estética una forma de distinción social, incluso cuando ello implicaba incomodidad o artificio. El nuevo dandi, en cambio, parece entender que el refinamiento puede convivir con la naturalidad. La sofisticación ya no necesita imponerse mediante excesos visuales ni mediante una construcción teatral del cuerpo; puede surgir de materiales nobles, proporciones bien resueltas y prendas capaces de transitar con facilidad entre distintos escenarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro aspecto especialmente interesante es la manera en que la colección aborda la noción del tiempo. Muchas superficies parecen haber sido transformadas por el sol, la sal o el uso constante. Los colores recuerdan tejidos desgastados de manera natural y algunas texturas evocan prendas que ya han acompañado múltiples experiencias. Lejos de transmitir descuido, estos recursos proyectan autenticidad. En una época dominada por la perfección digital y las imágenes excesivamente pulidas, el lujo encuentra cada vez más valor en aquello que parece haber construido una historia antes de llegar al consumidor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta búsqueda de autenticidad responde también a un cambio generacional. Las nuevas generaciones de compradores ya no aspiran únicamente a poseer objetos costosos; buscan piezas capaces de integrarse en su estilo de vida y de expresar una relación más honesta con el entorno. El lujo contemporáneo parece menos interesado en impresionar y mucho más comprometido con acompañar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No resulta casual que esta conversación ocurra precisamente en un momento marcado por el trabajo híbrido, el incremento de la movilidad internacional y la transformación de los hábitos de consumo. La moda ha comprendido que las personas ya no organizan su vida en compartimentos estancos. Las fronteras entre trabajo, ocio, descanso y viaje se difuminan constantemente, y el guardarropa necesita responder a esa nueva realidad sin renunciar a la elegancia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-70368" srcset="https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-1024x576.jpg 1024w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-300x169.jpg 300w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-768x432.jpg 768w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-1536x864.jpg 1536w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-960x540.jpg 960w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9-320x179.jpg 320w, https://cdn.lacronica.do/wp-content/uploads/2026/07/9.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, la colección Primavera-Verano 2027 trasciende el imaginario playero que inicialmente podría sugerir. Las referencias al surf funcionan como una metáfora de un fenómeno mucho más amplio: la necesidad de construir una moda capaz de moverse con la misma naturalidad con la que se mueve la vida contemporánea. La playa deja de ser un destino específico para convertirse en un símbolo de libertad, adaptación y equilibrio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja esta propuesta de Louis Vuitton. El futuro del lujo masculino no dependerá de la espectacularidad de las pasarelas ni de la acumulación de tendencias pasajeras, sino de su capacidad para ofrecer soluciones inteligentes a las nuevas formas de habitar el mundo. La verdadera elegancia ya no consiste en demostrar que una prenda pertenece a un universo exclusivo, sino en comprobar que puede acompañar con naturalidad todos los escenarios de una misma vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa transición, el dandismo también ha cambiado de significado. Ya no se define por la rigidez del traje ni por la extravagancia calculada, sino por la capacidad de vestir con intención, conocimiento y funcionalidad. En un mundo donde la movilidad se ha convertido en la norma, quizá el mayor lujo ya no sea llamar la atención, sino sentirse preparado para cualquier destino.</p>
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