03/09/2026
Editorial

Contra el terrorismo ecológico

El decreto 615-26 marca un elemento significativo al tipificar la destrucción deliberada de los parques nacionales como terrorismo medioambiental, cerrando el paso a la impunidad sistémica que ha asfixiado la biodiversidad del país.

La República Dominicana, en el tiempo, ha contemplado con pasividad institucional cómo el fuego intencional, la tala indiscriminada y la usurpación de tierras públicas devoraban sus santuarios ecológicos más preciados. Parques nacionales emblemáticos como Bahoruco y otras reservas vitales para el ciclo hídrico nacional se convirtieron en tierra de nadie, rehenes de redes criminales que operaban bajo el manto de la negligencia legal y la falta de títulos de propiedad estatales. Hoy, esa peligrosa complacencia llega a su fin.

La emisión del decreto que declara prioridad estratégica el combate al terrorismo ecológico no es un formulismo jurídico; representa un cambio de paradigma postergado durante mucho tiempo. Al equiparar el ecocidio sistemático con actos terroristas, el Estado no solo otorga un respaldo firme a las Fuerzas Armadas, al Ministerio de Medio Ambiente y a los organismos de inteligencia, sino que dota a la justicia de herramientas punitivas ejemplares. Las penas de hasta 30 años de cárcel contempladas bajo el nuevo marco legal envían un mensaje inequívoco: destruir los bosques que garantizan el agua y la seguridad alimentaria de las futuras generaciones ya no saldrá gratis.

El reto monumental que ahora se abre consiste en transformar esta declaratoria política en una persecución implacable y transversal, que alcance tanto al eslabón más vulnerable de la cadena, dígase los ejecutores materiales, como a los verdaderos artífices intelectuales y financieros, nacionales o extranjeros, que lucran con la catástrofe ambiental. 

El decreto presidencial otorga especial protección a los sistemas de áreas protegidas, cuencas hidrográficas prioritarias, presas, embalses, manglares, humedales y nacimientos de ríos. Proteger los recursos naturales de la nación no es una opción diplomática, sino una cuestión de supervivencia soberana. La patria se defiende tanto en sus fronteras como en sus manantiales y montañas.

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