14/05/2026
Moda

Las cangrejeras: el calzado “feo” que la moda convirtió en símbolo de estilo este verano

Madrid, España – Durante mucho tiempo, las cangrejeras ocuparon un lugar bastante específico dentro del armario masculino: el de lo práctico. Eran las sandalias para ir a la playa, para caminar sobre piedras sin lastimarse, para unas vacaciones familiares o para resolver el calor sin demasiadas pretensiones estéticas. Difícilmente alguien las asociaba con lujo, sofisticación o estilo. Mucho menos con las pasarelas internacionales. Pero la moda, como casi todo fenómeno cultural, tiene la capacidad de resignificar aquello que parecía condenado a quedarse en la periferia estética. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con las cangrejeras este 2026.

Las colecciones masculinas de primavera/verano han dejado claro que este calzado ya no pertenece únicamente al universo funcional. Firmas como Hermès, Dior o Lemaire han comenzado a reinterpretarlas desde un lenguaje mucho más refinado, transformándolas en una pieza que dialoga directamente con la nueva masculinidad estética: una menos rígida, menos obsesionada con la formalidad clásica y mucho más abierta a la comodidad, la textura y la naturalidad visual.

Pero antes de entender por qué están de moda, hay algo importante: entender qué son realmente las cangrejeras.

Se trata de un tipo de sandalia cerrada o semiabierta, tradicionalmente fabricada en goma o plástico, diseñada originalmente para caminar cerca del agua gracias a su estructura entretejida que protege el pie mientras permite ventilación. Su nombre proviene precisamente de ese contexto marítimo. Durante décadas fueron vistas como un accesorio puramente utilitario, lejísimo de cualquier conversación relacionada con estilo. Y quizás por eso su regreso resulta tan interesante.

Porque las nuevas cangrejeras no están intentando verse «bonitas» bajo los códigos tradicionales de la moda masculina. De hecho, forman parte de un fenómeno mucho más amplio: la reivindicación de lo imperfecto, de lo extraño y de lo que antes se consideraba antiestético. Lo vimos primero con los chunky sneakers, luego con las sandalias ortopédicas, después con ciertos modelos de zuecos y ahora con las cangrejeras. La industria entendió hace tiempo que el estilo contemporáneo ya no depende exclusivamente de verse impecable, sino de proyectar autenticidad, intención y personalidad.

Y ahí es donde probablemente muchas personas en República Dominicana podrían sentirse confundidas frente a esta tendencia.

Porque en el Caribe, el clima naturalmente permite un armario más relajado, pero aun así existe una línea bastante clara entre lo que entendemos como «arreglado» y lo que percibimos como demasiado casual. Culturalmente, el hombre dominicano sigue relacionando el buen vestir con piezas bastante específicas: mocasines, tenis limpios, sandalias discretas o zapatos clásicos. Las cangrejeras entran en un terreno ambiguo que rompe con esa lógica. No son chancletas, pero tampoco son zapatos formales. Y justamente esa indefinición es lo que las convierte en un objeto interesante para la moda actual. La diferencia está en cómo se usan y, sobre todo, en cuáles versiones se usan.

Porque no, las cangrejeras que aparecen hoy en editoriales y pasarelas no son necesariamente las mismas de plástico translúcido que muchos recuerdan de su infancia. Las versiones que dominan el verano 2026 están confeccionadas en cuero, tienen acabados minimalistas, estructuras mucho más limpias y colores neutros que van desde el negro hasta los tonos tierra. Algunas incluso se acercan más visualmente a un mocasín abierto que a una sandalia convencional. Ese detalle cambia absolutamente todo.

La moda masculina lleva varios años moviéndose hacia una estética más relajada, donde el lujo silencioso reemplaza el exceso visual. Ya no se trata de demostrar estatus mediante logos gigantes o prendas incómodas, sino de construir una imagen aparentemente sencilla, pero muy pensada. Y en ese contexto, las cangrejeras funcionan casi como un símbolo de esa sofisticación despreocupada que hoy domina muchas capitales de la moda.

Por eso comenzaron a aparecer combinadas con pantalones de lino, bermudas amplias, polos tejidos e incluso conjuntos de sastrería relajada. El objetivo no es que el calzado robe protagonismo, sino que aporte una sensación de frescura visual. Una especie de elegancia sin esfuerzo.

Aunque claro, como ocurre con casi todas las tendencias que nacen en pasarela, existe una distancia importante entre el concepto editorial y la vida cotidiana. No todo lo que funciona en Milán, París o Copenhague necesariamente aterriza de la misma forma en Santo Domingo. Y eso también es válido entenderlo. La moda no funciona como una copia exacta de contextos internacionales; siempre termina adaptándose a la cultura local, al clima social y a la percepción colectiva del estilo.

Probablemente por eso las cangrejeras sigan generando resistencia en algunos hombres. Porque obligan a salir de una zona estética bastante segura. Requieren cierta intención al vestir y, sobre todo, seguridad para llevar algo que todavía muchas personas perciben como raro. Pero quizás ahí está precisamente el punto más interesante de esta tendencia: no busca agradar a todo el mundo.

Las cangrejeras no regresaron para convertirse en un básico universal como unos tenis blancos. Regresaron como una conversación. Como una pieza que evidencia hacia dónde se mueve la moda masculina contemporánea. Hacia una estética más híbrida, más libre y menos preocupada por encajar dentro de categorías rígidas. Y eso dice mucho del momento actual.

Durante años, el armario masculino estuvo limitado por códigos extremadamente estrictos. Existía una presión constante por verse «correcto», especialmente en culturas latinoamericanas donde el estilo masculino suele estar profundamente ligado a la idea de pulcritud tradicional. Pero las nuevas generaciones consumen moda de una forma distinta. Las referencias ya no vienen únicamente de revistas o escaparates; vienen de internet, de artistas, de directores creativos, de TikTok, de las semanas de la moda y de una conversación global que mezcla lujo, streetwear, nostalgia y funcionalidad al mismo tiempo. Las cangrejeras aparecen justamente en medio de ese cruce cultural.

Son cómodas, sí. Son prácticas, también. Pero sobre todo representan cómo la moda actual tiene la capacidad de transformar piezas ordinarias en símbolos de identidad estética. Y aunque quizás muchos hombres todavía no estén listos para incorporarlas a su armario, entender por qué están de regreso permite comprender algo mucho más importante que una simple tendencia de verano.

Permite entender cómo está cambiando la manera en que los hombres se relacionan con el estilo.

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