31/03/2026
Cine

«¡La novia!» extravagante, caótica y poco imaginativa

A estas alturas supongo que la población cinéfila ya vio la reciente versión de Frankenstein, de Guillermo del Toro, estrenada en Netflix el pasado siete de noviembre de 2025, y, por tanto, debe recordar cuáles eran los anhelos de la criatura interpretada por Jacob Elordi al separarse de la tripulación del barco en el entorno del polo norte.

¡La novia! estrenada el cinco de marzo,  del emporio Warner Bros y Domain Entertainment, ambientada en los Estados Unidos de los años 30, y cargada de referencias previas, desde los escenarios de Metrópolis (1927); la violencia de Bonnie and Clyde (1968) y Asesinos por  naturaleza (1994), la anarquía sarcástica del Joker y Harley Quinn, además de guiños a varios musicales de la época, desde su arranque exhibe, en un ilógico salto de tiempo, una conexión implícita con el Frankenstein de Del Toro (de las productoras Double Dare You (DDY), Demilo Films y Bluegrass Films). Tal conexión no existe entre las productoras, pero en pocas palabras este nuevo filme no logra entusiasmarnos.

La película original de James Whale, La novia de Frankenstein, de 1935 (con Elsa Lanchester (apenas cinco potentes minutos en pantalla), Boris Karloff y Colin Clive), tiene como punto de partida el incendio y destrucción del molino, en donde la criatura fue dada por muerta (en el Frankenstein de 1931), pero sobrevive, creando más destrucción, buscando comprensión y deseando una compañera (en cuyo último anhelo interviene el doctor Pretorius (Ernest Thesiger) dispuesto a recorrer los pasos de su homólogo Víctor Frankenstein), pero el nuevo producto termina rechazando a la criatura, que continuará siendo objeto de violencia y buscando compasión. 

El filme de Whale estuvo a punto de no sobrevivir a la censura mundial por su transgresión moral, trasfondo religioso, ambigüedad moral y extraña sensualidad. Varios países exigieron múltiples recortes de escenas, pero los intentos por silenciarla aumentaron su fama. En su apertura, Whale asigna a Lanchester tanto el personaje de la novia como el de la escritora Mary Shelley al esta última explicar a Lord Byron y a su esposo, que tiene una idea para la continuidad de su obra; esto fue una inusual premisa introductoria para la época.

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Por su parte, en la nueva versión, ¡La novia!, de Maggie Gyllenhall, se opta por asignar tres personajes a la actriz Jessie Buckley, con elementos distintos, la interpelación en primer plano de la escritora explicando su frustración por lo que escribió, su decadente estado de salud y vida, y aportando deducciones que el espectador puede descubrir por sí solo, así pasamos al personaje de Ida, con trastorno de personalidad e involucrada en un ambiente gansteril de graves consecuencias, y en donde sus personajes se alternan por trastorno o condición psicológica.

En reconocimiento del filme de Whale, vale destacar la breve e icónica interpretación de Lanchester con gestos y pelo natural con tono electrificado –peinado inspirado en el busto de la reina egipcia Nefertiti– que continúa siendo un referente constante de moda retro.

La actriz Maggie Gyllenhall (El caballero oscuro, Crazy Heart, La caída de la Casa Blanca), luego de su tolerable esfuerzo de escritura y dirección con el drama psicológico The Lost Daughter (la hija oscura, 2021), donde «abordó con seguridad ese término tan complejo llamado experiencia femenina, con sus matices poco atractivos y nada glamurosos, sin temor a tratar temas tabúes como la maternidad, el matrimonio y las dificultades de las relaciones entre mujeres» (cita del crítico Roger Ebert), afronta el nuevo proyecto recargado de planteamientos que no funcionan, no impresionan o quedan a mitad de camino.

Por tanto, vale reiterar que las novedades y giros dados por Guillermo del Toro en su abordaje del 2025 son más funcionales y mantienen despierto a los conocedores del material original, aunque mucho se comente del proceso regenerativo y de hermosura que va adquiriendo el protagonista, algo que whale también hizo en su novia, pero de manera más moderada, conservando rasgos que aportaban vulnerabilidad y rechazo.    

Gyllenhall vuelve a ponerse tras las cámaras y a convocar otra vez a la recién ganadora del Óscar, Jessie Buckley, para esta Novia, que podemos resumir como un desperdicio de buena ambientación y reparto; y que el mismo Ebert define como «una película para sentir más que para explicar. Una película para cinéfilos que rinden culto al cine de forma cautivadora, una cacofonía de ideas (algunas estimulantes, otras a medio desarrollar».

El elenco incluye, además, al camaleónico Christian Bale (como Frank Frankenstein, quien, desfigurado y en busca de ayuda, llega a Chicago, más de cien años después de los eventos previos, indagando por la doctora Euphronious (Annette Bening); quien, en insulsos diálogos que explican todo una y otra vez, se dispone a satisfacer los requerimientos del recién llegado y a recorrer las mismas sendas de búsqueda de cuerpos y reanimaciones; esto coincide con las graves consecuencias del ambiente en que se encuentra Ida y así se da el encuentro de esta y Frank en el laboratorio de la doctora.

En lo adelante, arrebatos de violencia, rechazos, la efervescencia de la ciudad, la vida social, el ambiente musical y cinematográfico que fascinan a Frank, son un amplio campo de exploración de esta pareja desequilibrada; en un relato que apela a múltiples reiteraciones a filmes y personajes de la época, lo que recarga demasiado la narrativa que deriva en un rollo de policías y persecuciones que luego se ubica en New York, con un guion que en esencia es un batido muy malo y flojo, cargado de pretensiones que más bien son reinvenciones difícil de tragar.

Todo aquello de parodiar a Ginger Rogers y a Fred Astare; de jugar con el nombre de Penélope; de visualizar a la criatura en el elenco de baile de las películas que ve Frank; la pareja involucrada en la coreografía del clásico Puttin’ on the Ritz, con la natural repulsa por su conducta y apariencia; e incluso, persecución en plena ciudad con antorchitas de periódicos encendidas; va minando la tolerancia del espectador que llega a un punto insostenible.

El reparto también incluye a Penélope Cruz (detective Myrna Malloy); a Peter Sarsgaard (esposo real de la directora-guionista, como el detective Jake Wiles); igualmente participa el hermano Jake Gyllenhaal (como el actor de los años 30, Ronnie Reed) A la directora-guionista le deseamos mejor suerte para la próxima, y usted, lector, ya está advertido.

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