Luego de repetir una y otra vez de que «nunca» comenzaría una guerra, el impredecible presidente Donald Trump, junto al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu metieron al mundo en un nuevo capítulo bélico, como si no hiciera falta más violencia, muertes, y millones de dólares en armamentos. Es otra historia, otro episodio triste y desgarrador no solo contra Irán, enemigo archiconocido, sino contra toda la zona de Oriente Medio, que tiene ya repercusiones en todo el globo.
La guerra no es solo contra Irán, más aún, cuando sabemos que el ejército, la milicia de la República Islámica de Irán, patrocina desde hace largos años a la mayoría de los grupos terroristas de la zona. Se trata de «aniquilar» al enemigo, un asunto que Israel tenía entre ceja y ceja hace mucho tiempo. Desde hace más de una semana, con la muerte del líder supremo el ayatolá Alí Jamenei y sus colaboradores en un ataque aéreo sin piedad, los ataques continúan y el gobierno teocrático de Irán, ya nombró como sucesor de Jamenei, a su hijo, Mojtaba Jamenei, hombre fuerte y rico del régimen iraní que posee una red de multimillonarias inversiones en el extranjero. Sus intereses incluyen hoteles, apartamentos en Londres, negocios vinculados al transporte marítimo y cuentas en bancos suizos. Para eso sí quieren a Europa.
Sin embargo, el régimen iraní, fanático y criminal tiene gobernando el país desde la revolución que dio al traste con el derrocamiento del sha Reza Pahlevi, el sha de Persia, quien en 1978 tuvo que salir corriendo exiliado de su propio país con su familia. Durante estos largos años de represión a la ciudadanía, más aún, a las mujeres, una gran mayoría del país se han levantado en protestas por un cambio de gobierno, pero sin resultados tangibles. De hecho, el pasado mes de enero hubo miles de muertos cuando la población salió a las calles a protestas y pedir cambios a una democracia real.
Ahora, con la decidida intervención de Estados Unidos e Israel, se decapitó la cabeza del régimen, pero aún continúa el régimen luchando y abatiendo los aviones y bombas lanzadas por los enemigos. El asunto es que, esta nueva guerra no se limita solo al territorio de iraní, sino que ya se cuentan los muertos y ataques en Beirut, Turquía y en otras zonas de oriente medio. Mientras las hipócritas monarquías árabes en están en el medio del fuego cruzado permanecen calladas.
Por su parte, la que sí ha pronunciado a través de la Unión Europea, es su presidenta Ursula Von der Leyen, criticada por decir recientemente que el fin del orden mundial basado en reglas que han sido uno de los pilares fundamentales del proyecto europeo, reculó y tuvo que subrayar el «compromiso inquebrantable con el derecho internacional». Todo esto a pesar de que la misma Ursula manifestó, al poco de conocerse la muerte del líder iraní, «no hay que derramar lágrimas por un régimen así».
Mientras todo esto ocurre, las bombas caen en cualquier zona estratégica de oriente medio, los muertos y heridos se cuentan, el precio del petróleo como era de esperar, subió como la espuma, el Brent el barril de referencia en Europa supera ya los 92 dólares. Desde el estrecho de Ormuz, en Irán salía el 20% del consumo mundial del petróleo y es ahí precisamente, donde se intensifican los ataques de esta guerra con ataques a barcos cargueros. El conflicto obliga, por su parte, a los rusos a sacar su petróleo almacenado por las sanciones. Y como si todo esto no fuera poco, la ONU estima que la guerra genera (como sucede siempre) “una grave crisis humanitaria” para 14 millones de personas.
Por cierto, el hijo mayor del antiguo sha de Persia, Reza Pahlavi felicitó en un artículo escrito en el Washington Post, al presidente Trump por la aniquilación del Ayatolá Jamenei, y se puso a la orden para regresar y restablecer el orden en Irán, pero Trump, no confía en él por los largos años que tiene fuera de Irán.





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