27/02/2026
Notas al Vuelo

No me representa el Conejo

Aquel famoso medio tiempo musical a cargo del «cantante» Bad Bunny dentro del Super Bowl a inicios de febrero llevado a cabo en los Estados Unidos, no me representa. Me resisto a caer en ese manglar de atropellos lingüísticos y a moverme como si estuviera poseída por algo extraño donde solo resalta el movimiento de mis glúteos y caderas dislocadas.

Me da igual la escenografía utilizada de campos de caña de azúcar, casitas de madera y símbolos latinos. Insisto, me resisto a creer y afirmar que los latinoamericanos solo sabemos bailar de esa manera tan horrorosa y dejarme utilizar como objeto. Esa cosificación constante de la mujer que muchos consumen. Los inmigrantes, en su gran mayoría, somos más que un bailoteo vulgar y letras descompuestas. 

No, no es que soy mojigata. Tampoco tengo exceso de mojigatería. Es que para mí Bad Bunny no canta ni hace música real. Balbucea letras, un timbre de voz pesado como si estuviera en el baño y para colmo, reutiliza ciertas canciones clásicas para lucir «renovado». Lírica patética. 

Dicen algunos «sabios» que eso del perreo es la «moda», que llegó para quedarse y todos tenemos que adaptarnos a semejante adefesio. Tanto así, que incluso algunos ignorantes han tenido la  osadía de comparar al inolvidable y super talentoso Rey del Pop, Michael Jackson con Benito, el conejo. Eso es precisamente como reza aquel dicho, la ignorancia es atrevida y más cuando se dice en voz alta. Hasta ahí han llegado los aduladores y fanáticos enardecidos de este hombre que ni canta, ni compone ni hace música. 

Con todo y esto, Bad Bunny, o el conejo malo, que es bien malo, está catalogado como el artista más escuchado a través de la plataforma de Spotify, las revistas internacionales lo colocan en sus portadas y ciertas marcas de lujo, tienen su imagen como su «representante». El tipo también se ha trabajado como actor en películas junto a grandes estrellas del celuloide, y tanto así, que el cantante Residente, se plantea realizar su primera película con Benito, como protagonista junto a otras estrellas del cine internacional.

Y  algunas de esas estrellas disfrutan y se endosan a este tipo. ¡Impresionante! Sí, en realidad, estamos viviendo tiempos complejos, extraños, donde se premia y aúpa la mediocridad artística en todos los renglones, y el talento quedó, en muchos de estos jueces, relegado a un segundo plano. Increíble pero cierto. 

En adición, lo sorprendente fue que luego de la Super Bowl, respetados periodistas, presentadores serios en todo el continente defendieron la participación de este muchacho y sentía «orgullo» por él. Me quedé estupefacta escuchando semejantes alusiones y piropos a este canta malo, que no me inspira en lo más mínimo. No solo él, sino, ninguno de los exponentes de ese ritmo tan feo. El problema no es solo él, sino toda esa banda de chicos y chicas que parecen más delincuentes con sus vestimentas que supuestos «cantantes». 

¿Es esto lo único valioso que exportamos al mundo como latinoamericanos? No. Me resisto a creer eso. Insisto, somos mucho más que ese ritmo tan decadente y denigrante, unido a otros problemas más graves que también nos achacan como latinos en otras latitudes. 

Y como para gustos los colores, elijo no contaminar mis oídos con esos ritmos que no son ritmos, ni melodía ni nada. Existimos millones de personas, lo sé, que no compartimos nada de lo que hace el conejo, no nos representa en lo absoluto. Apuesto y me quedo del lado de la buena música hecha con corazón, letras y talento. 

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