20/02/2026
Espectaculos

Grupo Niche, la agrupación colombiana que el dominicano hizo suya

La conexión entre República Dominicana y el Grupo Niche, nació en el segundo lustro de los 80, cordón afectivo donde la orquesta colombiana encontró un público ferviente, apegado al gozo. La afinidad englobada en ese Caribe musical ha sido un factor esencial, a lo que se suman elementos de esa mirada al Pacífico que distingue a la agrupación fundada por Jairo Varela, cargada de cadencia y un discurso distinto, con historias románticas, descriptivas y anecdóticas. Esa combinación resultó en un vínculo sostenido que, a través del tiempo se fortaleció con presentaciones memorables, y una difusión radial constante. A la vez, creó un público fiel que ha cantado y bailado temas dedicados al amor, al barrio y a la resistencia.

¿A qué amor le canta? Al mismo que el dominicano ha gritado a viva voz entre boleros, baladas y géneros tropicales, esta vez revestido de una mirada más poética y evocadora, herencia sensible que Varela recibió de su madre y transformó en narrativa musical. Es un amor intenso, cotidiano, que se confiesa sin temor a mostrarse vulnerable, que acentúa la pasión, desde la dicha o la tragedia. Escucha Algo que se quedeSe pareció tanto a ti y Busca por dentro

También está el barrio, pero no aquel que durante décadas escuchábamos desde la perspectiva neoyorquina de la salsa dura. En la obra de Grupo Niche, el barrio adquiere los matices de su natal Quibdó o de Cali; incluso se expande hasta convertirse en un territorio simbólico más amplio cuando dibuja paisajes de todo el Chocó y del Valle del Cauca, así como de otros departamentos y ciudades de Colombia. Es un barrio atravesado por la lluvia del Pacífico, por la memoria afro y por la vida comunitaria que se cuenta entre esquinas y tambores, musicalmente acentuado por ese golpe de currulao que al bailador dominicano le acomoda. ¿Te atreverías a bailar «Buena Ventura y Caney», «Cali pachanguero» o «Cali ají»?

La resistencia, por su parte, también palpita en su salsa. Se manifiesta en un orgullo afrodescendiente que levanta vuelo con talante y arraigo, y que convierte cada canción en afirmación cultural. No es solo música para bailar, es identidad que se proclama, memoria y herencia que se defienden al compás de la clave. Canta y baila “Ruperto Mena”. 

Un poco de historia
Grupo Niche se dio a conocer con fuerza en la República Dominicana hacia 1988, en una etapa en la que el cantante principal era el boricua Tito Gómez. Eran tiempos en que la salsa vivía un tránsito generacional en el país, y la llegada del repertorio nichista coincidió con un público ávido de nuevas sonoridades que mantuvieran la esencia bailable, pero con un discurso propio.

En la maleta de los llamados dominican-yorks, arribó ese mismo año el álbum Tapando el hueco, del cual se desprendieron temas como Nuestro sueño y Cómo podré disimular. Aquellas canciones comenzaron a circular en fiestas y centros nocturnos, convirtiéndose rápidamente en el sonido de nuevos amantes de la salsa. Paralelamente, en medio de ese fervor underground, también llegaron éxitos anteriores del grupo, ahora en nuevas versiones interpretadas por Tito Gómez.

Esa circunstancia marcó profundamente la percepción del público dominicano. Para muchos salseros del país, la voz más emblemática de la orquesta terminó siendo la de Tito Gómez, pues fue a través de su timbre que conocieron buena parte de su cancionero histórico. Temas como Cali pachangueroAna Milé—este último en la voz de Jairo Varela— y Del puente para allá, entre muchos otros, animaron centros cerveceros, discotecas y colmadones, insertándose en la cotidianidad festiva del capitaleño. Así, casi sin proponérselo, el público comenzó a mirar hacia atrás, a explorar la discografía previa de la agrupación, cuyo recorrido se remontaba a 1979, descubriendo una historia musical que ya tenía raíces firmes en Colombia, otros puntos de Suramérica y posteriormente Nueva York. 

Poco después llegaría el álbum Sutil y Contundente, respaldado por la representación formal de la casa discográfica CBS Records —hoy conocida como Sony Music Entertainment—, lo que facilitó una entrada más estructurada en la radio dominicana. Con ese impulso empresarial y mediático, Grupo Niche dejó de ser un fenómeno de nicho para convertirse en una propuesta establecida en la programación de la radio salsera nacional.

A partir de entonces comenzó el camino hacia la definitiva consolidación en suelo dominicano, con éxitos como “Atrevida”, “Mi hijo y yo” y “Miserable”, que reforzaron su presencia. La conexión ya no era circunstancial, aquella propuesta se había transformado en un vínculo orgánico, sostenido por la identificación del público fiel que hoy acumula más de una generación.  

Abriendo camino 
Si bien la salsa colombiana contaba con antecedentes firmes en la República Dominicana —gracias a la presencia temprana de propuestas como Fruko y sus Tesos, The Latin Brothers y la proyección internacional de Joe Arroyo— fue Grupo Niche quien terminó de abrir la compuerta definitiva. Con su irrupción, la salsa hecha en Colombia dejó de ser una referencia aislada para convertirse en una corriente.

La popularidad de Grupo Niche provocó una exploración casi desbordada que permitió descubrir decenas de propuestas salseras provenientes de Cali, Barranquilla, Medellín, Bogotá y otras ciudades. De pronto, el oído y pulso local comenzó a mirar con mayor atención hacia el suroccidente colombiano y su particular manera de asumir la clave y el tumbao.

Sin embargo, el tiempo actuó como un colador natural. No todas las propuestas lograron arraigarse en la escena salsera del patio. Solo permanecieron aquellas que realmente empatizaron con el temperamento musical del dominicano. En ese proceso, Grupo Niche no solo conservó su sitial: lo amplió. Terminó posicionándose no simplemente como la agrupación colombiana más querida, sino como la agrupación extranjera más querida por el público salsero dominicano.

Hitos de la consolidación
Los siguientes hitos del decenio de los 90, explican la construcción de lo mencionado.

  1. El impacto del álbum “Cielo de tambores” (1990) reafirmó su vigencia en la radio dominicana, ampliando el público más allá del circuito salsero tradicional. 
  2. La canción “Una aventura”, se convirtió en uno de los temas más solicitados en emisoras y centros de diversión, fortaleciendo el lado romántico del grupo.
  3. Su repertorio pasó a formar parte estable de la programación diaria en estaciones especializadas en salsa y programas independientes, convirtiéndose en apuesta segura.
  4. Tras la salida de Tito Gómez, la renovación constante de sus cantantes no debilitó la popularidad del grupo, sino que por el contrario lo fue fortaleciendo frente a un público que veía el hecho como una agradable expectativa. En ese sentido, las voces de Charlie Cardona, Willy García, Javier Vásquez y Osvaldo Román, figuran entre las más recordadas. 
  5. Sus presentaciones en diversos escenarios del Gran Santo Domingo, así como en la televisión nacional, le puso cara a los toques y cantos, detalle determinante para convertirla en la propuesta salsera extranjera de mayor trascendencia. 

En el imaginario salsero dominicano 
Hoy, su sonido y performance son leyenda. Ya no se perciben como visitante frecuente, sino como parte habitual de las grandes carteleras salseras del país, con un público fiel que asume como suyo a todo integrante que ha pasado por sus filas y que tiene presente la importancia de su líder fundador, Jairo Varela Martínez. Es una apropiación afectiva —pocas veces concedida a orquestas de salsa extranjeras— que convierte a Grupo Niche en un nombre imprescindible, cuyo nivel de aceptación puede igualarse al de las más importantes agrupaciones bailables del país.  Cada presentación es una reafirmación de ese laso que se ha tejido entre canciones, barrios, amores y memorias compartidas.

Su próxima cita, el sábado 21 de febrero en el Teatro La Fiesta del Hotel Jaragua, no será simplemente otro concierto en agenda. Será la confirmación de una relación madura, sostenida por generaciones que han hecho suyos himnos como “Cali Pachanguero” o “Una aventura”. Más que un espectáculo, será un reencuentro: la celebración de una historia compartida entre Colombia y República Dominicana al compás de una orquesta que, sin perder su acento, encontró un hogar en suelo dominicano. 

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