05/02/2026
Moda

Cardi B En SNLl: Moda, Identidad Y Merengue Dominicano

La aparición de Cardi B en Saturday Night Live junto a El Prodigio no fue únicamente una presentación musical pensada para el impacto televisivo inmediato, sino un gesto cuidadosamente articulado donde moda, identidad y cultura popular dialogaron en un mismo plano. En uno de los escenarios más influyentes de la televisión estadounidense, la artista decidió rendir homenaje a sus raíces dominicanas no solo a través del sonido del merengue típico, sino también mediante un vestido que funcionó como manifiesto visual: una reinterpretación contemporánea de la pollera folklórica dominicana, diseñada a la medida por Candice Cuoco. Lejos de tratarse de un simple guiño estético, el vestuario se convirtió en una pieza clave del discurso cultural que Cardi B llevó al escenario.

El diseño de Cuoco parte de una comprensión clara del poder simbólico de la vestimenta tradicional. La pollera dominicana, históricamente asociada al baile, la celebración popular y la identidad colectiva, es una prenda cargada de movimiento, volumen y color, pensada para acompañar el ritmo del merengue y la expresividad corporal. En manos de la diseñadora, este referente no fue reproducido de manera literal ni convertido en disfraz, sino transformado con inteligencia y respeto. La propia Cuoco explicó que se inspiró tanto en el amor de Cardi B por su cultura como en la belleza de la pollera folklórica, construyendo un corsé de cuero repujado y pintado a mano con motivos florales, integrado a una falda compleja compuesta por capas de seda plisada, encajes con volantes, cintas de satén y niveles de cuero cortado en vuelo, rematados con rosas de cuero hechas a medida.

Esta mezcla de materiales tradicionales y técnicas propias de la alta moda contemporánea permitió que el vestido funcionara en varios niveles a la vez. Por un lado, evocaba de manera clara la silueta y el dramatismo de la vestimenta folklórica dominicana; por otro, respondía a la estética escénica y performativa que caracteriza a Cardi B, una artista que entiende la moda como una extensión de su personalidad y de su mensaje. El resultado fue una prenda que no se limitó a adornar el cuerpo, sino que amplificó el movimiento, acompañó la música y dialogó con la coreografía, convirtiéndose en parte activa de la narrativa visual del performance.

El color también jugó un rol fundamental. El predominio del blanco, acompañado de acentos en rojo y azul, remitió de forma directa a la bandera dominicana, reforzando el carácter identitario del conjunto sin caer en obviedades. Esta paleta cromática, aplicada sobre texturas ricas y volúmenes exuberantes, logró traducir símbolos nacionales a un lenguaje de moda global, entendible para una audiencia internacional pero profundamente significativo para la diáspora dominicana. En ese sentido, el vestido operó como un código compartido: para algunos, una pieza impactante de moda escénica; para otros, una afirmación clara de pertenencia cultural.

El contexto de la presentación amplificó aún más el significado del vestuario. Cardi B compartió escenario con El Prodigio, figura esencial del merengue típico, llevando instrumentos y sonidos tradicionalmente asociados a lo local y lo popular a una plataforma mediática históricamente reservada a narrativas culturales dominantes. En ese escenario, la moda no actuó como un elemento decorativo aislado, sino como un vehículo de legitimación cultural. El vestido dialogó con la música de la misma forma en que la pollera original dialoga con el merengue: a través del movimiento, del exceso controlado y de una energía que celebra lo colectivo.

Desde una mirada crítica, uno de los mayores aciertos del diseño de Candice Cuoco es haber evitado la exotización de lo folklórico. En un contexto global donde las referencias culturales del Caribe suelen ser simplificadas o convertidas en clichés, este vestido se posicionó desde el respeto y la sofisticación. No redujo la pollera a un símbolo pintoresco, sino que la elevó a un plano contemporáneo, demostrando que la tradición puede evolucionar sin perder su esencia. La elección de cuero pintado a mano, la complejidad de la construcción y la atención al detalle hablan de una intención clara de dignificar la referencia cultural, no de utilizarla como mero recurso visual.

La recepción del look confirmó su impacto más allá del momento televisivo. En redes sociales y espacios de conversación sobre moda y cultura, la aparición de Cardi B vestida con una reinterpretación de la pollera dominicana fue celebrada como un momento de orgullo para la comunidad dominicana y caribeña en general. No solo por la visibilidad, sino por la forma en que esa visibilidad fue construida: desde la colaboración, el conocimiento y la conciencia cultural. En una industria donde la apropiación suele ser un tema recurrente, este caso se percibió como un ejemplo de representación auténtica.

En definitiva, el vestido que Cardi B lució en Saturday Night Live no puede analizarse únicamente desde la estética. Es una pieza que habla de identidad, de herencia y de poder cultural. A través del diseño de Candice Cuoco, la pollera dominicana encontró una nueva vida en un escenario global, adaptada a la esencia de una artista que ha hecho de su origen una bandera. Al unir moda, música y memoria colectiva, Cardi B demostró que un vestido puede ser mucho más que una prenda: puede ser una declaración, un puente entre generaciones y una afirmación contundente de que la cultura dominicana tiene un lugar legítimo en los espacios más influyentes del entretenimiento mundial.

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