02/02/2026
Cine

«Fue solo un accidente», un dilema moral que confronta represión y exilio

Un dilema moral que reta incluso al espectador sobre qué hacer cuando un esbirro y verdugo del represor régimen iraní es raptado por varias de sus víctimas del pasado, las cuales deambulan con él y se confrontan para tomar una decisión. Esto ocupa el centro temático del nuevo filme de uno de los cineastas más destacado de los últimos treinta años.

Es en cierta forma una pieza de cine clandestino o de güerilla; de ligero peso en el tratamiento que pudiéramos esperar en su propósito de venganza. En su lugar nos expone ante una comedia negra, con tintes políticos y psicológicos de un anecdotario de matices carcelario. Pero aun así plantea materia para el debate. La historia que muestra a un sencillo hombre, Eghbal (Ebrahim Azizi), de mediana edad y cierta limitación física; esposo de una dama embarazada y padre de una adolescente); da un giro inesperado cuando es detectado de manera inesperada por una de sus víctimas, Vahid (Vahid Mobasseri), objeto de sus torturas en una prisión.   

El no tomar una acción precipitada de eliminación, conlleva a Vahid -portador de una mezcla de bondad y resentimiento- a buscar otras opiniones de confirmación entre varios de sus excompañeros de cárcel, y es cuando el filme toma su carácter de comedia de enredos, y por momentos nos inquieta esa delgada línea del tono a punto de quebrarse.

Fue solo un accidente, el filme ganador de la Palma de Oro en Cannes (mayo 2025, de 1 hora y 43 minutos), es loable en la labor interpretativa del reparto en su conjunto. La furgoneta de Vahid se convierte en un escenario rodante donde afloran el carácter y temperamento de otros cuatro involucrados en la trama para tomar la macabra decisión despojados de toda duda. Esos, una fotógrafa, una pareja en labor de boda y otro joven de carácter volátil y explosivo; exponen el nivel de erosión psicológica y temple moral en que se encuentran esas víctimas, como reflejo de un segmento de sus conciudadanos que vivieron y viven un sinnúmero de horrores, consecuencias de la Revolución Islámica desde 1979 hasta hoy.

En el trayecto también se expone el nivel de corrupción policial en la calle y en el hospital donde acuden Vahid y sus compañeros en un acto de buena fe para auxiliar a la esposa de su perpetrador raptado, lo cual raya en una dimensión humana que nos inquieta el aliento, enfatizando su humanidad a diferencia del carácter irracional y criminal de sus opresores según sus palabras. La decisión de un final excesivamente abierto nos incomoda en nuestra imperfecta naturaleza, a sabiendas de que ese es uno de los propósitos del arte, o sea, incomodar, cuestionar, denunciar, etc.  

Fue solo un accidente es una coproducción entre Irán, Francia y Luxemburgo; y rumbo al Globo de Oro (11 de enero) llegará convertida en la primera película iraní nominada a Mejor Película Dramática; además, opta por Mejor Director, Mejor Guion y Mejor Película en Lengua no inglesa.

Panahi y la Revolución Islámica de Irán
Proveniente de una familia de clase trabajadora, Jafar Panâhi (nacido el 11 de julio de 1960, en Mianeh, Azerbaiyán Oriental, Irán), es egresado de la Escuela de Cine y Televisión de Teherán, con una filmografía “profundamente arraigada en el neorrealismo y centrada en la vida de las mujeres, los niños y los marginados; constituye un poderoso retrato crítico de las estructuras sociales, políticas y de género del Irán contemporáneo”. 

De una infancia empobrecida; tener a su alcance una cámara 8mm desde sus diez años; reclutado por el servicio militar a sus veinte y sirvió como director de fotografía del ejercito entre 1980-82 en la guerra de Irak e Irán (1980-88); fue capturado y retenido durante 76 días por rebeldes kurdos; esas vivencias puntuales marcaron su carácter. 

Panahi comenzó su carrera haciendo cortometrajes y trabajando como asistente de Abbas Kiarostami. Su primer filme, The White Balloon (1995), ganó la Camera de Oro en Cannes. Panahi es uno de los cuatro directores en la historia, junto con Henri-Georges Clouzot, Michelangelo Antonioni y Robert Altman, en ganar los máximos premios en los tres principales festivales de cine de Europa: la Palma de Oro en Cannes, el Oso de Oro en Berlín y el León de Oro en Venecia, otorgados respectivamente por Fue solo un accidente (2025); Taxi (2015) y The Circle (2000); y vale agregar otros galardones.

La carrera de Panahi ha estado marcada por el conflicto con las autoridades iraníes. A partir de su tercer largometraje, The Circle, que aborda la situación de las mujeres en Irán, sus películas han sido frecuentemente prohibidas o censuradas en el país. En 2010, el cineasta fue sentenciado a seis años de prisión y a 20 años de prohibición de realizar actividades cinematográficas, por cargos de «propaganda contra la República Islámica». Incluso bajo restricciones legales, Panahi continuó haciendo películas sin permiso, muchas de ellas producidas de forma semiclandestina. This Is Not a Film (2011), Closed Curtain (2013), Taxi (2015) y No Bears (2022) son obras que a menudo reflejan, de manera tácita, sus propias limitaciones como artista bajo vigilancia estatal. Sus enfrentamientos legales continúan, con nuevas sentencias como la pena de prisión en ausencia decretada en 2025.

Desde la irrupción de la Revolución Islámica de Irán en 1979, que impuso como su primer Líder Supremo al clérigo y político Ruhollah -Ayatolá- Jomeini hasta su muerte en 1989; se transformó a Irán en una república teocrática; implantando restricciones a la libertad de reunión, expresión y prensa; maltrato a minorías étnicas y a disidentes políticos; eliminando derechos ciudadanos, en especial sobre las mujeres, obligadas a vestir de negro y a llevar el hiyab y el nicab (velos como un símbolo de modestia y privacidad) desde los nueve años de edad (con la pedofilia que casi alcanza niveles de deporte nacional autorizado); se islamizaronlas leyes y las escuelas, y se restringió la influencia occidental. Las repercusiones en la actividad juvenil y universitaria fueron inevitables.

Jomeini (nombrado Hombre del Año por la revista Time en 1979 por su influencia internacional), fue conocido por su apoyo a los secuestradores durante la crisis de los rehenes en Irán (noviembre, ‘79); por su fatwa (decisión legal) que exigía el asesinato del novelista indobritánico Salman Rushdie por la descripción que hizo del profeta islámico Mahoma en su novela Los versos satánicos (1988), que Jomeini consideró blasfema-; además, por su búsqueda del derrocamiento de Saddam Hussein en la guerra entre Irán e Irak (1980-88); y por referirse a Estados Unidos como el «Gran Satán» y a Israel como el » Pequeño Satán».

Bajo ese régimen transcurrieron los años juveniles del guionista y director Jafar Pafani. Un régimen que el más mínimo desliz lo castiga con represión, prisión, latigazos y muerte; que insinúa delitos ideológicos e invasión cultural occidental, conllevando censura de libros, películas y cualquier material que consideren subversivo e inmoral (de eso va el precioso y doloroso filme Leer Lolita en Teherán (2024, de Eran Riklis), que merece ser visto más de una vez.

Si bien el calvario personal y profesional de Panahi es muy similar al de Mohammad Rasoulof (nacido en Irán, 1972, sentenciado y exiliado de su país, y responsable por igual de una sólida filmografía que despega con Crepúsculo (Gagooman, 2002); Los manuscritos no arden (2013); La vida de los demás (o No hay maldad, de 2020); hasta La semilla de la higuera sagrada (2024)); y tal situación pudiera parecer algo único en la época actual, pero, guardando las distancias y consecuencias letales del caso iraní, recordemos que la historia del cine del siglo veinte registra como “cacería de brujas” la persecución liderada por el senador norteamericano Joseph McCarthy (1908-1957), detrás de figuras de diversas áreas y por razones políticas antiamericanas, que incluían reuniones, textos, guiones y filosofías consideradas comunistas en la década de 1950.

Esa sombra represiva en plena industria estadounidense se valió del espionaje, la censura, delaciones y 36 días de audiencias de investigación televisadas en 1954 que afectaron personas que incluso debieron irse al anonimato o laborar bajo seudónimos. “Aunque no logró presentar un caso convincente contra nadie, sus acusaciones (de McCarthy), vívidas y hábilmente presentadas, expulsaron a algunas personas de sus puestos y provocaron la condena popular de otras…”  

El grupo persecutor y delator incluyó al temible Edgar J. Hoover (primer jefe del FBI (1935 a1972)); y a figuras en ascenso como Elia Kazan, Richard Nixon y Ronald Reagan. 

Entre los artistas y científicos perseguidos por el macartismo figuran el propio director Elia Kazan; el cantautor Pete Seeger; los dramaturgos Arthur Miller y Bertolt Brecht; Allen Ginsberg (el poeta más importante de la Generación Beat, no ocultó su admiración por los movimientos obreros y por figuras como Fidel Castro); J. Robert Oppenheimer (físico de la Universidad de California, señalado como «el padre de la bomba atómica»); Linus Pauling (químico muy influyentes de los EE.UU.); además, los legendarios Charlie Chaplin  y Orson Welles; y el prominente científico Albert Einstein, entre otros académicos y líderes laborales; y otros que estuvieron bajo la lupa como Lauren Bacall, Humphrey Bogart, Danny Kaye, Gene Kelly, John Huston e Ira Gershwin.

A estos hay que agregarles a «Los Diez de Hollywood», el grupo de productores, directores y guionistas que, en octubre de 1947, se negaron a responder preguntas sobre posibles afiliaciones comunistas y, tras pasar un tiempo en prisión por desacato al Congreso, fueron incluidos en la lista negra de los estudios de Hollywood. Entre estos estaban Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner Jr., Juan Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott y el notable Dalton Trumbo 

La historia de Trumbo es muy particular, fue guionista de Vacaciones en Roma (1953, de William Wyler), y de El Valiente (The brave one, 1956, de Irving Rapper), que significaron dos premios Óscar, el primero bajo el nombre suplantado de Ian McLellan Hunter, y el segundo como Robert Rich); además, fue también responsable de Éxodo (1960, de Otto Preminger) y Espartaco (1960, de Kubrick).

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