Un presidente se reserva, por conveniencia y de manera estratégica, para responder preguntas de los periodistas. No es lo mismo un mandatario en campaña reeleccionista que uno de salida, cuando el objetivo que se impone es la construcción de un legado que trascienda en el tiempo. En este último escenario se mueve hoy Luis Abinader, principal capital político de un Partido Revolucionario Moderno inmerso en un torbellino interno del que emergen figuras visibles en abierto accionar proselitista.
«LA Semanal», composición mediática estructurada desde el Palacio Nacional en el fragor de la pasada campaña electoral, entra ahora en un proceso de reestructuración que, hasta prueba en contrario, ofrece escaso margen para reinvención. Con una agenda preestablecida y un tema dominante, en ocasiones resultó cuesta arriba preservar la figura presidencial, evitando que los comunicadores soslayaran asuntos espinosos. Inevitablemente, el mandatario tuvo que transitar por ellos y responder a preguntas ineludibles y altamente incómodas.
Con una dinámica distinta se presentaba «Una vez a la semana», espacio en el que el presidente Hipólito Mejía se exponía a entrevistas conducidas por Juan T.H. y Ramón Colombo, periodistas que formaban parte de la estructura comunicacional del Gobierno. Dada la personalidad frontal, repentista y personalista de Mejía, resultaba difícil que se apegara al guion previsto en este programa producido por ambos veteranos periodistas y transmitido por el canal 4, Corporación Estatal de Radi y Televisión (CERTV).
Tanto «LA Semanal» como «Una vez a la semana» estuvieron estrechamente vinculados a la agenda oficial de la administración pública, y se ejecutaban conforme a la conveniencia que impone el rigor de la estrategia política a estos niveles. El ambiente al que se exponía Hipólito Mejía era más controlado en cada edición, favorecido además por el formato y por el hecho de que el programa se grababa previamente. Luis Abinader dispone de menos margen: abre las puertas del Palacio para recibir a una nutrida batería de periodistas, comunicadores e influencers, y enfrentar preguntas que no siempre guardan relación con el tema central de la agenda.
La oposición criticó que Luis Abinader utilizara la casa presidencial como plataforma para transmitir un mensaje preconcebido a la ciudadanía, especialmente porque esta dinámica surgió en la antesala de la campaña política de 2024. No pudo evitarse la sobreexposición del presidente, un tema latente en los círculos políticos, donde se instalaron tesis razonables sobre la necesidad de resguardar al mandatario para ocasiones excepcionales, propias de la investidura del cargo. Con el paso del tiempo, el embate opositor será más intenso y, tras ocho años en el poder, el PRM y la estructura comunicacional del Palacio enfrentarán el desafío de ejecutar una gestión efectiva y creativa, tarea compleja ante el alto nivel de exposición de la figura presidencial.


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