La creciente frecuencia de apagones en República Dominicana ha vuelto a colocar sobre la mesa una de las asignaturas pendientes del país: la necesidad urgente de fortalecer su sistema eléctrico. En este contexto, las recientes declaraciones del ministro de Energía y Minas, Joel Santos, ofrecen una visión clara del desafío que enfrentamos y de las acciones en curso para mitigarlo.
Según Santos, el Gobierno trabaja en una serie de proyectos estratégicos que agregarán 612 megavatios (MW) al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) en los próximos cinco meses. Esta expansión representa un paso importante frente a una realidad insoslayable: la demanda energética nacional ha escalado de 2,750 MW en 2020 a 4,000 MW en la actualidad. Un crecimiento que refleja el dinamismo económico del país, el aumento poblacional y, sobre todo, las condiciones climáticas extremas que exigen mayor uso de refrigeración.
Este incremento sostenido en la demanda energética no es un fenómeno pasajero. Por el contrario, todo apunta a que continuará su ascenso en los años por venir. Por eso, el verdadero reto no es solo incrementar la generación, sino hacerlo de forma sostenible, diversificada y con una visión a largo plazo. La ampliación de la capacidad de transmisión y almacenamiento debe ir de la mano con inversiones en energías renovables, eficiencia energética y una gestión más moderna del sistema eléctrico.
Los ciudadanos merecen un servicio eléctrico confiable y continuo. Las interrupciones afectan la productividad, el bienestar y la calidad de vida, especialmente de los sectores más vulnerables. Si bien los proyectos anunciados son un avance positivo, urge mayor transparencia en su ejecución, así como un compromiso firme con la planificación estratégica del sector energético.
El momento de actuar es ahora. La seguridad energética no puede seguir siendo una promesa aplazada. República Dominicana tiene ante sí la oportunidad —y la responsabilidad— de construir un sistema eléctrico robusto, resiliente y capaz de sostener el crecimiento económico sin poner en jaque el bienestar colectivo. Que los 612 MW prometidos no sean solo un alivio temporal, sino el comienzo de un verdadero salto hacia el futuro.
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