La vida tiene una forma curiosa de ponernos en el camino correcto, aunque muchas veces ese camino parezca incierto o incluso imposible de recorrer. Hay llamados que se sienten como un susurro en el alma, una inquietud que no nos deja en paz. Puede ser la necesidad de crear, de cambiar, de explorar o de impactar la vida de otros. Y aunque la duda se presente con preguntas como «¿seré capaz?», «¿tendré lo necesario?», la verdad es simple: si no fueras capaz, no sentirías el llamado.
Cada persona tiene una voz interna que le impulsa a perseguir aquello que, de alguna manera, le pertenece. No es casualidad que ciertas metas se instalen en el pensamiento y que ciertas pasiones despierten con más fuerza que otras. Hay quienes encuentran ese llamado en el arte, otros en la ciencia, en la enseñanza, en el liderazgo o en la ayuda a los demás. Sin embargo, muchas veces, el miedo a fallar hace que se silencie esa voz, que se archive ese sueño antes de siquiera intentarlo.
La historia está llena de ejemplos de personas que enfrentaron sus temores, porque comprendieron que el mayor riesgo no era fracasar, sino ignorar aquello que su corazón les pedía. Grandes creadores, innovadores y líderes han atravesado momentos de duda. Lo que los distingue no es la ausencia de miedo, sino su capacidad de avanzar a pesar de él.
Si algo te inquieta, si hay un sueño que no se apaga, si sientes el peso de un propósito en tu interior, escúchalo. Ese llamado no es casualidad. Es un reflejo de tu potencial, una señal de que tienes las herramientas, aunque aún no las veas con claridad. No significa que el camino será fácil, pero sí que vale la pena recorrerlo.
No esperes a sentirte «listo» para empezar. La preparación llega en el proceso, en los errores que enseñan, en los pequeños avances que construyen grandes cambios. Confía en que, si la vida te ha puesto un deseo en el corazón, también te ha dado la capacidad de hacerlo realidad.
Porque al final, el mayor desafío no es si puedes lograrlo, sino si te atreves a intentarlo.
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